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ALEJANDRO NOGUEIRA
Algunos velos se caen rápidamente. Con distancia de pocos días dos referentes de la izquierda tupamara -Eleuterio Fernández Huidobro y José Mujica- se colocaron a la derecha de la derecha tradicional levantando la bandera de la mano dura, de la justicia por mano propia y de "la letra con sangre entra". ¿Táctica política o ideología?
Fernández Huidobro prácticamente instó a la gente a armarse para sentirse segura y bendijo la legítima defensa como una respuesta a la inseguridad que proviene de una nueva camada de delincuentes sin códigos y sin respeto a las tradiciones de los asesinos en el fondo buenos porque matan por amor o a los ladrones justicieros que roban al que tiene más, pero nunca en una iglesia o en una escuela. Implícitamente estaba diciendo que la Policía que dirige su "querida compañera" Daisy Tourné no es garantía de nada. Pero fue más lejos que cualquier opositor ultramontano y apuntó su mensaje político a los miles de asustados que se derechizan sin hesitar y en segundos cuando su seguridad personal está en juego; algo muy humano.
Mujica, en tanto, también preocupado por los drogadictos que desvelan a la gente sana y común -no como enfermos, sino como violentos potenciales, también sin códigos ni límites-, propuso segregarlos en granjas de trabajo y sacarles el vicio "a prepo", a pico y pala.
No fue un intento de hacer gala de sus conocimientos médicos, a todas luces inexistentes. Fue, como mínimo, un mensaje para ganar votos entre las viejitas asustadas que suplantaron a las viejitas ya muertas que se aterrorizaban en los años 70 con los guerrilleros urbanos hasta que, finalmente, los militares los pusieron a resguardo en cárceles y aljibes más seguros que las granjas.
La pregunta a esta altura es si esto se trata solamente de vuelcos electoreros para ganar en los sectores en los que avanza la oposición, aprovechando los cachones que dejan otros discursos tradicionales de la izquierda sobre la delincuencia (multicausalidad, problemas sociales) tan verdaderos como inasibles e inútiles ante el acto de violencia individual sobre el ciudadano concreto al que le tocó entrar en la estadística del delito.
Si fueran éstos meros comentarios oportunistas, no habría más que sumarlos a otros similares que profieren a diario la mayoría de los políticos. Pero no. Esto es realmente lo que piensan Huidobro y Mujica. Es su ideología que abrevó en múltiples corrientes de pensamiento para sintetizarse en un movimiento vertical, militarista y ajeno a cualquier aroma democrático-liberal-republicano. Se trata de un pensamiento que no es de izquierda ni de derecha, aunque adopta confusos ropajes que lo asimilan con lo que, en otro mundo que no éste, era la izquierda. Es popular, entrador, facilongo y va al golpe del balde.
Este pensamiento dúctil, carente de principios y valores que lo sustenten, tiene una extraordinaria carrera por delante en los tiempos actuales y puede llegar a ser gobierno.
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