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CLAUDIO FANTINI
En "Acerca de la electrodinámica de los cuerpos en movimiento", de 1905, Einstein afirma algo tan inverosímil como que, en ciertas condiciones, las líneas parecen contraerse y los relojes aminorar su marcha. La relatividad en la política indica que, en ciertas condiciones, alguien puede al mismo tiempo ganar y perder una elección. Eso se comprueba en las elecciones que acaba de vivir Venezuela.
En rigor, si no hubiera dicho lo que dijo, el domingo habría obtenido un triunfo contundente. Pero el propio Hugo Chávez había sentenciado con tono marcial que "perder tres gobernaciones equivaldría a una derrota" para el oficialismo. Pues bien, ha perdido cinco estados que suman el 45 por ciento de la población, y muchas alcaldías, entre ellas las dos más importantes: Caracas y Maracaibo.
Los opositores se impusieron en Zulia y Miranda, los dos estados más poblados y económicamente más importantes. Sumaron a esto la conquista de Caracas, la urbe más populosa, con los votos del Petare, la barriada más pobre. Pero lo que más duele en el oficialismo fue el resultado en Maracaibo. Allí ganó Manuel Rosales, el archienemigo al que Chávez dedicó insultos y una reiterada afirmación: "en este comicio te voy a borrar del mapa político venezolano".
En una situación normal, haber ganado en 17 estados implica una victoria significativa. Pero a la anormalidad la impuso el propio Chávez, y en sus términos el triunfo se vuelve derrota.
Por cierto, la oposición no puede festejar que Chávez haya auto-derrotado su victoria. Para los opositores, es un fracaso que al gobierno lo siga apoyando la mayoría de los ciudadanos.
Al otro fenómeno verificado en la política venezolana lo constituyen modalidades de fraude anterior y posterior a las urnas. Chávez procuró conjurar derrotas en algunos estados clave, usando sus discursos como fuerzas de choque. Amenazó con sacar los tanques allá donde se impongan los candidatos opositores. Amenaza que no cumplió, pero que gravitó sobre los votantes. Otra fue convertir al Contralor General en una instancia similar a los Guardianes de la Revolución Islámica, el cuerpo del régimen iraní que proscribe candidaturas, eliminando siempre a los mejores de las listas reformistas. Fueron 270 los inhabilitados, entre ellos prestigiosos opositores.
Eso no debiera sorprender viniendo de un líder que actúa en forma fraudulenta a posteriori de un resultado al que había aceptado. Así ocurre cuando Chávez intenta imponer políticas rechazadas en el referéndum del 2007; por caso una ley de educación que impone el adoctrinamiento y otra de seguridad que convierte al ciudadano en delator. En el mismo sentido apunta la "Nueva Geopolítica", que reduce decenas de estados provinciales a cinco regiones con autoridades impuestas por el presidente.
Tanto apresuramiento en la acumulación de poder responde a la incertidumbre por la caída de los precios internacionales del crudo. El poder bolivariano se construyó sobre siderales excedentes petroleros y no contar con ese instrumento genera un vértigo inquietante en el líder caribeño.
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