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HUGO GARCIA ROBLES
En recientes declaraciones, Sergio Saccomani, Director de Radiodifusión Nacional, reconoce el bajo nivel de audiencia que logran las emisoras oficiales. Al margen del comentario irónico que hizo a propósito de difundir "cumbia villera" para mejorar la cantidad de oyentes, es justo reconocer el hecho y examinarlo en el marco de la situación cultural del país.
El complejo Sodre, que en su pasado glorioso fue el responsable del alto promedio de música exigente que colmaba no sólo la sala del destruido Estudio Auditorio, también las radios comerciales.
Emisoras como Sarandí y Ariel difundían espacios de música sinfónica semanalmente. Helmut Freund quien tenía a su cargo los domingos un programa en la última de las radios citadas, cerraba el año con la Novena sinfonía de Beethoven.
No es preciso ser muy lúcido ni muy crítico para advertir que el país de esos felices años ha cambiado, no para mejorar precisamente. La ironía sobre la cumbia villera no debe sorprender cuando se piensa que hubo, en efecto, un taller de esta expresión musical, de algún modo hay que llamarla, en las instalaciones del Ministerio de Cultura en la calle San José y Paraguay, bajo los oficios del señor Mardones, Director de Cultura con el ministro Brovetto. Es preciso agregar que la presencia de la ingeniera Simon ha traído un aire renovador bienvenido.
Dicho lo que antecede, las programaciones de las emisoras oficiales bajo la dirección de Saccomani han acertado en diferentes aspectos. Por lo pronto, la programación de Clásica, durante las veinticuatro horas, es un mérito indudable. Pone al alcance del oyente buena música de la llamada clásica, mientras que Babel cumple a cabalidad con su propio perfil.
Hemos señalado errores en programas que se identifican como pertenecientes a una determinada corriente o escuela, sin que la música difundida se ajuste a esa definición. Se ha insistido, por ejemplo, en ilustrar con composiciones de Johann Christian Bach, el menor de los hijos del Cantor de Santo Tomás, el período barroco. El Bach de Londres, como se le llamó por su instalación en la capital británica donde fundó los "Bach-Abel Concerts", es un preclásico, modelo de Mozart, en absoluto un barroco.
Pero dejando de lado estos detalles, las programaciones de las emisoras oficiales merecen mejor audiencia. Bastaría señalar que es el nivel reinante, con la "carnavalización" de la cultura, la causa de esa baja audiencia.
No son defectos de la programación sino años de cumbia villera, murga y lo que se ha dado en llamar candombe, ignorando el tango, los estilos y milongas criollas, las que han deformado la identidad cultural sonora del país. Si el país mejorase, los oyentes de la emisoras oficiales crecerían.
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