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Martes 25.11.2008, 12:24 hs l Montevideo, Uruguay
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Editorial


[EDITORIAL]

Todo cambia...

Según una reciente investigación realizada por el semanario Búsqueda, la mayoría de los legisladores de todos los partidos políticos del Uruguay han preferido la enseñanza privada para formar, total o parcialmente, a sus hijos. Esta conclusión resulta sorprendente si se tiene en cuenta que, en nuestro país, la enseñanza pública se ocupa del 85% de nuestros escolares y algo menos en las áreas secundaria y universitaria.

Pero se vuelve más que significativa cuando incluye a los legisladores y ministros del Frente Amplio, porque este partido considera que la educación privada es elitista y excluyente. Y porque, además, es tradicional la aversión que siente hacia la educación privada en todos sus niveles, quizá porque ésta es un reducto que se resiste a su penetración ideológica.

Llama, entonces, la atención que, según el cuidadoso reelevamiento de Búsqueda, de los trece ministros existentes, ocho cursaron la enseñanza pública pero han mandado a sus hijos a instituciones de enseñanza privada y solo tres a establecimientos públicos.

Esta constatación es más categórica aún que la que surge de las respuestas escritas hecha por 49 de los 69 legisladores del Frente Amplio: el 55.3% envía o envió a sus hijos, en algún momento de sus estudios, a instituciones privadas de enseñanza.

De todos modos ambos grupos -legisladores y ministros frenteamplistas- parecen adherir al irónico consejo popular de "Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago".

Esta conducta comulga, a su vez, con la que el FA, como oposición o como gobierno, ha tenido históricamente respecto a ciertos objetivos que siempre consideró fundamentales en su concepción de izquierda. A saber: expropiación de los latifundios, nacionalización de la banca, de la industria y del comercio mayorista, moratoria de la deuda externa, lucha de clases, autonomía universitaria, estatización y centralización, etc.

Pero, poco a poco, importantes sectores del FA se fueron dando cuenta que con la retórica no funciona el mundo y no se puede gobernar un país. Quedaron esas frases rimbombantes en la boca de los extremistas anclados en propuestas anacrónicas y, los restantes, se concentraron en encarar los mandatos de la realidad, aunque no pudieron evitar una trayectoria errática. Hubo avances y retrocesos, aciertos y errores, maniobras demagógicas y planes hechos con buena fe. De todo hay en la viña del Señor...

Lo cierto es que se está produciendo una verdadera revolución mental en algunos planos de la dirigencia frenteamplista que los inclinan a adoptar una actitud confrontativa ante los restantes grupos radicalizados chapados a la antigua. Es decir, frente a sectores que aún siguen apegados a objetivos y a metodologías propias de medio siglo atrás.

Todo esto hace pensar que existe una creciente crisis ideológica en el seno del Frente Amplio, cosa previsible dada la evidente fragmentación de su composición inicial, que no sólo perdura sino que se acentúa. La verdad es que nadie sabe a qué atenerse: unos, porque no quisiera traicionar sus antiguas convicciones; otros, porque se encuentran shockeados por los datos de la realidad, que niegan sus principios básicos, y, todos ellos, porque no en balde se produjo el colapso del socialismo real.

Así, el FA de hoy tiene muy escasos puntos en común con el de 1971. Una prueba banal, si se quiere, es la forma a la que acudió el senador Astori para recaudar fondos destinados a satisfacer sus aspiraciones presidenciales; un almuerzo, a 250 dólares por comensal, en el balneario más sofisticado del país, Punta del Este, y nada menos que en el Conrad, un hotel vip. No se puede negar que fue una excelente idea al estilo del mejor y más eficiente "imperialismo yanqui", aunque muy poco obrera y muy alejada de los rencores que siempre alimentaron el sonsonete de la lucha de clases.

Mujica, por su parte, acudió al mismo expediente: $ 1.000 para una cena, no para una mateada ranchera, en Carrasco. Uno en dólares y el otro en humildes pesos uruguayos... Uno se abraza con la elite económica empresarial y el otro acude a cualquiera que pudiera disponer de esa suma a esta altura del mes.

¡Todo un símbolo! ¿Adónde habrán dejado los tamboriles? ¿Seguirán cantando que hay que desalambrar...?

El País Digital

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