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GERARDO SOTELO
La sequía que afecta a buena parte del territorio nacional refuerza la idea de que 2009 será un año muy difícil y amenaza con transformarse en un tema electoral. Una bomba que puede estallarle en la cara al oficialismo, pero cuyas esquirlas afectarán a toda la sociedad.
A la ya complicada realidad de la economía y las finanzas internacionales, que redujeron a la mitad los precios de los productos de exportación de la agropecuaria uruguaya, se suman ahora las magras expectativas para el 2009. De no mediar una lluvia imprevista, el año electoral tendrá como telón de fondo algo más que las candidaturas y los desempeños de unos y otros.
La economía mundial, que apalancaba el crecimiento uruguayo hasta llevarlo a niveles históricos, perderá su vigor y esto en la mejor de las hipótesis. En Estados Unidos, los pronósticos son más que sombríos. Si todo anda más o menos bien, la primera economía mundial se volverá más cerrada, para concentrarse en el salvataje de su mercado laboral. Si no, la mayor economía del mundo nos arrastrará a una recesión "a la japonesa", que puede prolongarse por más de una década.
Otro tanto ocurrirá con la Unión Europea (Alemania, Italia y España ya están en recesión), China y Japón. En la región, Brasil tendrá exceso de alimentos y productos industrializados como para inundar el Mercosur, mientras Argentina sigue empeñada en asombrar al mundo, haciendo lo que el mundo dice que no se debe hacer. Eso sin contar la enemistad creciente entre los gobiernos de Montevideo y Buenos Aires.
El retroceso en la producción lechera, cárnica y granelera como consecuencia de la sequía, sumado a la caída a la mitad de los precios de los principales rubros de exportación y la suba del dólar, alcanza para pintar un panorama desolador. Si bien sus efectos sobre la tributación podrán disimularse durante un tiempo, no ocurrirá lo mismo con el comercio y el mercado laboral. Tal como advertíamos desde estas páginas hace un mes y medio, el cuadro es para alarmarse.
Aunque resulte difícil estimar cuánto puede incidir en el ánimo de los uruguayos, es seguro que el nuevo escenario no va a beneficiar al Frente Amplio, independientemente de las candidaturas y del uso que haga la oposición de esta difícil coyuntura. El precandidato nacionalista Luis Alberto Lacalle lo entendió rápidamente. En lugar de acorralarlo, se comprometió con el presidente Vázquez a no hacer campaña electoral con las dificultades derivadas de una crisis global.
El dilema del gobierno es cómo monitorear la situación y operar sobre ella sin causar alarma. Busca que la crisis no afecte su buena imagen, pero corre el riesgo de reaccionar tarde y mal. Para algunas cosas ya es tarde (debió ser advertido antes sobre una sequía que comenzó a configurarse hace nueve meses), pero todavía está a tiempo de liderar, más que disimular, un tiempo que será difícil.
Si el oficialismo no actúa con rapidez y decisión, le puede esperar la suerte del Coyote, el rival eterno del Correcaminos: que la bomba le estalle en la cara en el peor momento. Todavía está a tiempo.
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