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El plantel de Danubio visitó el Borro para apoyar a los niños y a su compañero, Jorge García
SILVIA PÉREZ
El plantel de Danubio vivió días pasados una tarde diferente y muy especial. Visitó la escuelita de fútbol "Jorge García" ubicada en pleno barrio Borro. Jugadores técnicos y dirigentes danubianos, incluido el presidente Arturo Del Campo y su hermano Héctor, llevaron regalos y meriendas para los niños que allí juegan. Fue una forma de apoyar no sólo a los pequeños, sino también a su propio compañero, Jorge García, que está intentando una vida nueva y para quién ser espejo de esos niños es muy importante. García apadrina la escuelita de fútbol del barrio junto a otros dos futbolistas criados en el lugar: Jonathan Larrosa de Villa Española y Juan Alvez de Liverpool.
Los danubianos salieron de la sede en un ómnibus cargados con bolsas llenas de pelotas, chalecos confeccionados especialmente para la escuela y comestibles. Recorrieron la corta distancia que separa la Curva de Maroñas y llegaron al barrio donde los esperaba una fiesta. Jorge García, rodeado de niños y niñas le daba la bienvenida a sus compañeros sin dejar de sonreír. "¡Arriba Danubio!", se oyó cuando los futbolistas comenzaban a bajar del rodado.
"Este es un día de alegría, de sana alegría. Totalmente diferente a las cosas que hemos vivido en los últimos tiempos", dijo Arturo Del Campo. "Danubio todo vino a dar un compromiso de apoyo a una obra que nos parece fantástica. Ojalá prospere y con el tiempo el Borro pueda dar grandes jugadores y también grandes ciudadanos. Sobre todo esto último pero para eso hay que ayudar, hay que dar un empujoncito. Si sabremos de eso en Danubio donde tenemos una cantidad de ejemplos al respecto", agregó el presidente.
Del Campo hizo hincapié a su vez, en el esfuerzo de García por cambiar su conducta. "Esta es una obra de Jorge, y a veces cuando uno en la vida se encarrila y entiende algunas cosas Dios ayuda. Y el gol frente a Nacional a Jorge le vino en un momento muy especial. Él hoy se siente necesario, se siente punto de referencia para muchísima gente y eso es un comienzo importantísimo para lo que va a ser un gran jugador y también una muy buena persona. Voy a contar una cosa muy linda que pasó en los peores momentos de Jorge. Hablando con él, le pregunté qué haría si le iba muy bien mañana, si hacía mucho dinero. `Ayudar a mi gente, Arturo`, me contestó. Puede que algún día se vaya del Borro a vivir a otro lado, pero nunca se va a olvidar de su gente y de sus raíces y eso es muy importante. El que no olvida, el que quiere a los amigos de la infancia, es una buena persona. Él dice que cambió, pero creo que se trata del mismo Jorge García, pero con otra escenografía. Él hoy se siente necesario porque para muchos de estos niños Jorge significa mucho. Y esa responsabilidad lo va a llevar a luchar", dijo Del Campo.
Una cuerda de tambores esperaba a los visitantes en el medio de la cancha. A los jugadores les costó llegar hasta allí porque a cada paso los niños les pedían un autógrafo, una foto o simplemente un abrazo.
Llegó el momento más esperado: se abrieron las cajas y aparecieron los chalecos con la leyenda "Escuela de Fútbol Jorge García" en la espalda. El capitán Esteban Conde y varios de sus compañeros dieron vuelta las enormes bolsas llenas de pelotas y los pequeños enloquecieron. "Esta es una gran alegría por todo lo que involucra. Estamos acá para apoyar al compañero y para que la gente sepa que ha cambiado mucho y está luchando por superarse. Se está poniendo las pilas hace ya tiempo y nosotros estamos junto a él", afirmó Conde.
"Es una iniciativa de Jorge, que salió de este barrio y que sigue aquí. Él sabe de las necesidades de estos niños para quienes una pelota o un chaleco significan mucho y lo valoran en gran forma. La alegría que trasmiten los niños paga todo esto. Estamos felices, estas son cosas que te da el fútbol, que no te las saca nadie y que no tienen precio", agregó el arquero.
Luego llegó la hora de la merienda y los alfajores y la leche achocolatada desaparecieron rápidamente.
"Ver las caritas de estos chiquilines y comprobar lo contentos que se quedan con un alfajor, con un chaleco o con una pelota nueva con la que de repente van a jugar entre cien, es impresionante", dijo por su parte Martín Lasarte, que con su habitual perfil bajo permanecía a un costado junto a su compañero Juan Carlos De Lima.
"Hace falta venir a un lugar como este para darse cuenta cuál es la realidad de las cosas. A veces nos preocupamos por tonterías y acá la problemática es mucho más importante", afirmó. "El verdadero sentido de esto es apoyar a Jorge. Hoy no es el que hizo el gol el otro día, hoy es el vecino que es conocido y juega al fútbol, y comparte todos los días tareas con estos chiquilines. Es ser importante por otro motivo", finalizó el DT.
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