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EDWARD PIÑÓN
El poder que se genera a través del compromiso colectivo quedó refrendado, una vez más, con lo que hizo España en Mar del Plata.
Sin la imponente figura de Rafael Nadal en sus filas, perdiendo con ello muchísimo del peso psicológico que el número uno del mundo genera sobre compañeros y adversarios, España cimentó la base de su gesta deportiva en el convencimiento de que la fuerza de todo el equipo le iba a permitir salir adelante.
Lo logró. Y eso que para obtener el resultado colectivo se precisó del valor individual de cada uno de los tenistas. Pero la unión, el fortalecimiento del espíritu, el compromiso total con la búsqueda de un objetivo, tiró por tierra las supuestas diferencias que podían existir en su contra.
Está bien. Es cierto que los tenistas españoles no son de madera y que compiten muchas veces a la par de los argentinos, pero nadie en este planeta (salvo los propios integrantes del equipo español) pensaba que, tras la baja de Nadal, la historia podía terminar así.
Es un ejemplo más. Uno interesante para imitar. Para terminar de aceptar que en el mundo del deporte el éxito comienza a cimentarse a partir del compromiso global. En esa línea, a no dudarlo, se consiguieron las grandes gestas deportivas uruguayas.
¿No habrá que recuperar ese estilo?
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