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Por ahora, solo ee.uu. cruzó la barrera
Integración. En casi todo el planeta se saludó el triunfo de Obama; pero en el mundo, el triunfo del integrante de una minoría está lejos de ser una tendencia
NEWSWEEK
Esta semana en Galilea, se matarán ovejas en homenaje a Abdul Rahman Sheikh Abdullah. El jeque de un pequeño pueblo asegura, con pruebas débilmente sustentables, que es primo del presidente electo de Estados Unidos. ¿La argumentación? Sus desaparecidos primos gesticulaban, sonreían y eran muy parecidos a Barack Obama.
Si bien muy pocos van tan lejos como para proclamar vínculos de sangre con Obama sobre la base de su sonrisa, en las últimas semanas una vasta diversidad de personas, algunas oprimidas, algunas poderosas, algunas simplemente oportunistas, han abrazado la mística de Obama como se la imaginan. En ese proceso, revelan mucho más sobre sus propias sociedades, sus frustraciones y especialmente sus problemas con el racismo y las tensiones étnicas, que sobre el presidente electo de Estados Unidos.
En Alemania, un político de descendencia turca se ha convertido en el líder del Partido Verde. En Nueva Zelanda, la minoría maorí creía que habían encontrado un momento similar al de Obama en elecciones realizadas a comienzos de este mes, cuando terminaron siendo protagonistas decisivos en el Parlamento. El presidente de Bolivia, Evo Morales, que simboliza la ira, así como las aspiraciones de los campesinos indígenas de su país, ahora es proclamado por sus seguidores como el Obama de Sudamérica. Y así en varias partes del mundo.
Más allá de la euforia y los excesos, resulta cada vez más claro que Obama es, en los hechos, un producto único de un momento singular en la historia de Estados Unidos, una figura casi imposible de duplicar o siquiera emular en cualquier otro país. En Estados Unidos, se requirió de la peor crisis y quizás de la campaña electoral mejor organizada en un siglo para quebrar la barrera racial. Pueden pasar muchos años antes de que los votantes estadounidenses elijan a otro negro, a un latino, un asiático o un judío, para ser Presidente.
El ejemplo de Obama es un espejo que muestra a otros países el largo camino que deben recorrer para abordar sus propias divisiones raciales y étnicas. Los políticos y militantes de las minorías desean explotar la intensa atención que prestan los medios de comunicación para impulsar sus propias causas y candidaturas al señalar el contraste con las elites esclerosadas de sus países. Pero, los militantes son, en su mayoría, realistas. Saben que la vieja guardia política no solo debe escuchar; debe ser reemplazada. Si bien la victoria de Obama es alentadora porque muestra que "el camino es posible. Estamos en lo correcto al batallar en esa dirección, pero igual va a ser largo", dijo Dominique Sopo, presidente de la organización SOS Racisme de Francia.
DISCRIMINAN. En efecto, en casi todos los países de Europa -los mismos donde el triunfo de Obama fue muy festejado- cunde el racismo. En Gran Bretaña, las políticas aplicadas por gobiernos bien intencionados en la década del `60 para alentar el multiculturalismo derivaron en creciente aislamiento de las comunidades étnicas y en terrible introspección, después que algunos jóvenes de esos barrios llevaron a cabo ataques suicidas en el subterráneo y ómnibus de Londres, en 2005.
En Francia, el año pasado se rechazó una propuesta del Ministerio de Inmigración para permitir llevar registros sobre los antecedentes étnicos, religiosos y raciales. En términos prácticos, la discriminación es común contra personas de nombres con pronunciación árabe y hasta contra quienes tienen códigos postales que identifican a grandes comunidades de inmigrantes.
En Alemania, los trabajadores turcos y sus descendientes fueron, hasta la década de los `90, impedidos de acceder a la ciudadanía y mucho menos desempeñar cargos públicos. Hasta en la actualidad, muchos alemanes tienen dificultades para pensar en las personas de descendencia turca como sus compatriotas.
El brusco comentario que hizo el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, acerca de que Obama es joven, lindo y bien bronceado, hubiera pasado como una expresión de mal gusto si no hubiera sido por la actuación que tiene su gobierno en determinadas áreas. Durante los últimos meses, montó una campaña concertada para expulsar a los roma -léase, a los gitanos- del país. Se ha obligado a los niños a recibir vacunas y se les han tomado las impresiones digitales. El 10% de la población gitana fue obligada a irse en el último año.
En agosto el semanario de economía Figyelo, realizó en Hungría una encuesta que mostró que 50% dijo que votaría a Obama si estuviera habilitado a hacerlo. Sin embargo, cuando la encuesta preguntó si votarían en Hungría por un candidato sin antepasados húngaros, 45% dio respuesta afirmativa. Cuando la pregunta fue si votarían por un roma, sólo 39% dijo que lo haría. En Francia, la minoría racial y étnica más numerosa está compuesta por árabes y musulmanes del norte de África. En una encuesta realizada este mes por el Journal du Dimanche, solo el 25% consideró que una persona con esa procedencia podría llegar a ser presidente del país.
"La gente tiene temor", dice Rachel Inegbedian, oriunda de Argelia, que tiene a su familia en Francia y estudia en Gran Bretaña. "La gente en Gran Bretaña dice que no podría elegir un gobernante negro. ¡La situación es peor en Francia!". Un hecho es que las autoridades más prominentes que provienen de notorias minorías raciales y étnicas son designadas y no surgidas del voto popular. Para ser claros: también hay relativamente pocos negros en los niveles superiores del gobierno estadounidense. Obama era el único senador negro en ese país.
En Uruguay, la organización Mundo Afro celebró y felicitó al pueblo de EE.UU. por la victoria electoral de Barack Obama. "Lo celebramos en el marco histórico que ocurre, en el seno de un país que vivió la más atroz de las discriminaciones", dijo a El País -via email- Isabel Oronoz, responsable del Departamento de Comunicación. "Para quienes luchamos por la equidad racial, el triunfo de Obama es el triunfo de todos", agregó. Pero la realidad en Uruguay, y en casi toda América Latina, está lejos de reflejar una equidad racial. Un resultado electoral como el del 4 de noviembre, por ahora, es un imposible.
El 9,1% de la población uruguaya es afrodescendiente. De ellos, según Mundo Afro, casi las tres cuartas partes (el 73,6%) está en los estratos sociales bajo y medio bajo. A nivel gubernamental, solo hay un legislador: el frenteamplista Edgardo Ortuño.
En Brasil, el 49,5% de la población es negra o mulata. Pese a los esfuerzos gubernamentales contra la desigualdad racial, el 64% de los pobres son negros. El salario que perciben es promedialmente la mitad del de un blanco. La tasa de desempleo en ese segmento de la población es más del 50%. Pese a que es el mayor país "negro" fuera de África, muy pocos triunfaron en política: solo hubo tres ministros de esa raza a lo largo de su historia.
En Perú, solo entre un 3% y un 4% se considera negro (el mestizaje es norma en el país). Más de la mitad se considera pobre y más del 80% se siente poco y nada representado en las instituciones.
En Colombia, muchos se preguntaron en 2001 si el país estaba listo para... tener una Reina de Belleza negra. Este mismo año, un grupo de afrodescendientes tuvo que acudir a la Justicia para que le permitieran entrar a ciertas discotecas. Son dos hechos que hablan de la realidad de 12 millones de personas de un país con una población de 44 millones.
En Cuba, aunque el 19% de los parlamentarios es negro, circula un chiste cada vez que un afrodescendiente se destaca en su trabajo o viste bien: "Parece blanco". EL PAÍS DE MADRID
El triunfo de Barack Obama llegó a través de un mensaje unificador. Sin embargo, en otros lugares en el mundo un desenlace similar no se vislumbra. Un indio aymara, Evo Morales, es el presidente de Bolivia. Una representante de la etnia "dalit", los "intocables" de India, Kumari Mayawati, se postula al cargo de primer ministro. Pero uno construyó su poder, y la otra realiza su campaña, en base a resentimientos étnicos y divisiones de castas. Justamente, el camino contrario que eligió el presidente electo de EE.UU. newsweek
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