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Marianne Faithfull. La "novia del rock" regresa con versiones e invitados
SEBASTIÁN AUYANET
En Internet ya pueden encontrarse las canciones de Easy come, easy go, nuevo trabajo de un ícono histórico de la cultura pop que, además seguir en el cine, recupera su castigada voz en un disco gentil y con actitud.
La referencia la define y para chequearlo basta con hacer un poco de historia. Pese a haber tenido una carrera con algunos grandes momentos dentro de la música -sus primeros discos en el año 1965, uno llamado Come my way y otro con su nombre-, a esta cantante se la conoce primero como ícono rockero por su vinculación con músicos del género, amorosa o profesional.
Su relación con Mick Jagger en los lisérgicos años `60, que inspiró canciones como Sympathy for the Devil o You can´t always get what you want (escrita por Mick sobre ella); su participación en el film The wall, colaboraciones con David Bowie y más que nada sus imágenes en La chica de la motocicleta, que protagonizó con Alain Delon y que definió toda una estética "motoquera" desde entonces.
Las drogas, vicio que complicó a la británica durante casi toda su vida, le impidió sistemáticamente conseguir el prestigio que merecía. Pero el talento no se pierde y Faithfull batalla contra su desgaste y las enfermedades (se recuperó de un cáncer de mama en 2006). Y lo que mostró en esas colaboraciones con consagrados y en otros trabajos como Kissing time (2002), se aprecia más en este disco doble de versiones acompañadas.
Los nombres llaman la atención: Rufus Wainwright, Antony Hegarty (de Antony and The Johnsons) en una versión de Ooh ooh baby, original de Smokey Robinson; Sean Lennon, Jarvis Cocker y Cat Power, la nueva diosa del "indie". Destaca en particular Keith Richards, otro compañero juerguista de Marianne que apoya sin arrebatos "estón" la canción Sing me back home. Pero el punto de atención de este disco doble está al principio en The crane wife, una canción de una banda relativamente nueva como The Decemberists en la que es secundada por Nick Cave. Un homenaje capaz de subir la autoestima de cualquier músico que esté en sus inicios, y una prueba de la sintonía con los nuevos artistas que tiene esta vieja guerrera.
Lo mejor de Easy come, easy go, del que se dice que fue grabado en muy pocas tomas (los ingenieros de sonido en Londres solían llamar a Marianne en los `60 "Faithfull Una Sola Toma"), es que ninguno de esos invitados pretende brillar más que ella. Todos apoyan o se combinan para favorecer a una voz a la que todavía le queda bastante cuerda. Con ese sostén, ella firma uno de los mejores lanzamientos del 2008.
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