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JAVIER GARCÍA
Fui testigo del bochorno y de la casi tragedia. No fue tal, simplemente por cuestiones del destino, en el césped de Jardines del Hipódromo no quedó un muerto de casualidad el pasado domingo.
La impotencia fue el sentimiento generalizado. De 8.000 espectadores, un par de centenas de energúmenos concitaron la mayor atención de este año. ¿Porqué aceptar que unos pocos delincuentes son los que mandan? En la tribuna, apenas terminado el partido, todos fuimos testigos de lo que se venía. Los hinchas veían lo que se avecinaba pero ningún Policía actuaba. A la cancha saltaron doscientos, podrían haberlo hecho mil sin problema, ¿se imagina lo que hubiera sucedido?
La Policía es un cuerpo profesional que está formado para prevenir la violencia en concentraciones masivas. ¿Por qué entonces no actuó?
Pudo haber una reivindicación económica ya que desde muchos días antes se venía discutiendo entre la AUF y el Ministerio del Interior una propuesta de este último para que la seguridad en las canchas sea financiada por los clubes. La discusión de fondo es si un espectáculo deportivo por estar organizado por instituciones privadas es un espectáculo público o no. El ministerio de Interior parece entender que no, cuando la respuesta obvia es que lo es, tanto como lo puede ser una maratón que organice un Shopping o una marca de refrescos. ¿Un Policía a la vista de la gente dejaría de actuar ante el malón por reivindicaciones económicas? Difícil.
Luego se intentó explicar aduciendo que si intervenían hubiera sido peor. Esto no resiste el más mínimo razonamiento. Cuando eran apenas quince o veinte que habían entrado se podía haber controlado, no había más que pegar un par de empujones y mostrar alguna cachiporra para que los "valientes" hubieran corrido más que una liebre, pero no se hizo, y al rato eran doscientos. Más tarde actuó la Policía, y controló los desmanes. No sólo no fue peor, sino que terminó la reyerta. ¿Así que lo que era contraindicado con un par de decenas no lo es con doscientos?
La Policía es un cuerpo sujeto a disciplina, que responde a sus mandos, unos sus oficiales y otro político: la ministra.
De esta última no sienten respaldo. Cada vez que un uniformado actúa está temiendo que el que termina en el juzgado es él y no los delincuentes. El Frente Amplio tiene un problema ideológico con la seguridad, no es un valor para ellos, es más, adjudican ese discurso a la "derecha". Para ellos la Policía es un cuerpo represivo vinculado al pasado y no los legítimos depositarios de la fuerza pública que "nos" defiende, o lo debería hacer
Si quien debe actuar en una situación de riesgo, como el domingo en la cancha, con gente descontrolada y armada seguramente alguna, no tiene la espalda cubierta por su superior o si piensa que su jefe máximo presumirá su culpabilidad si reprime, entonces se queda quieto. Eso es lo que pasó.
El operativo fue muy malo, pero la causa no es técnica es política. Uruguay vive una crisis de seguridad, pero además una de autoridad. Los uruguayos se sienten indefensos, y por ello hay que atender con seriedad el mensaje de la Justicia con los dictámenes últimos de legítima defensa. La casi tragedia tuvo como sede una cancha de fútbol, pero su explicación no es deportiva. No se arregla con seguridad privada como quiere la ministra. Patovicas controlando estadios es una locura.
La ministra está enojada, pero mucho más lo están los uruguayos con ella. Debe ejercer la autoridad, pero se dedica a otras cosas.
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