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Álvaro Pereira. Debutó ayer con la selección absoluta y demostró que puede serle útil a Óscar Tabárez
Orden táctico, claridad para desprenderse del balón e inteligencia y disposición para mandarse al ataque. Con esas virtudes se presentó Álvaro Pereira con la camiseta de Uruguay, el día de su debut con la selección absoluta.
Los ojos de los uruguayos estaban puestos sobre él. El volante del Cluj de Rumania fue citado por primera vez por el maestro Óscar Washington Tabárez y, en una clara señal de confianza, decidió alinearlo como titular ante Francia. Y "Palito" no defraudó.
Quizá no tuvo la dinámica que lo hizo destacar en Argentinos Juniors, porque pareció bastante más contenido. Cuando se lo veía a través de la televisión defendiendo los colores del bicho colorado de la Paternal el ex Miramar Misiones sorprendía por la facilidad con la que se desdoblaba de defensa a ataque e incluso la asiduidad con la que llegaba no sólo a posición de gol, sino a convertir. No obstante, se entiende. Era su primer partido con la selección, en el Stade de France y ante Francia, actual vicecampeón del mundo.
Pereira fue ubicado por la izquierda, pero más tirado al medio que a la raya. Allí su misión fue tapar la proyección del lateral Fanni y ser el nexo en la salida entre Martín Cáceres y el "Cebolla" Rodríguez. Cuando pasó la pelota lo hizo bien, sin comprometer a su compañero, aunque no influyó tanto en el armado como en la contención. Igualmente, quitó una pelota a los 25 minutos en el medio, se mandó al ataque por el callejón central y remató al arco. El balón se fue afuera, lejos, pero con esa jugada dejó claro que no se amedrentó ante la responsabilidad. Luego, a los 32`, volvió a robar una pelota y se la entregó a Forlán, quien sacó un débil disparo a las manos del arquero.
Su mayor aporte fue haber sacado casi de la línea un tiro libre rival que tenía destino de red.
Tabárez confirmó ayer que puede contar con otro útil elemento.
Ningún avance rival lo tomó mal parado. Cubrió las espaldas de Gargano y si algún rival llegaba hasta el fondo, se paraba para tapar el centro atrás.
Comprendió cuándo debía mandarse al ataque y cuándo quedarse para hacer el balance. También que no era él el responsable de generar fútbol.
Cuando recuperó la pelota salió al ataque, verticalizando el juego y buscando a quién pasar el balón. Cuando no encontró, pateó. Le faltó algo de velocidad.
Ningún nombre lo amedrentó. Fue al roce con Vieira, Henry, Anelka y Ribery. A este último le dio un puntapié que le valió la amarilla y lesionó al francés.
Recuperó seis balones, realizó un tiro al arco, recibió una falta, cometió tres y salvó una pelota que tenía destino de gol.
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