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Acaba de cumplir 41 años y sigue viviendo en Londres. Defendió al Chelsea y al Tottenham Hotspur. Después de dos experiencias como técnico alterno, está a punto de comenzar su carrera como entrenador principal. Hace dos años intentó la vuelta al país y fue presidente de ONFI (Fútbol Infantil). Puso a disposición de las autoridades el proyecto inglés contra la violencia, pero nadie lo utilizó.
Silvia Pérez
- ¿Está enterado de que hubo un nuevo episodio de violencia en el fútbol uruguayo?
- Sí, me enteré por la familia.
- Hoy todos hablan de tomar como ejemplo lo que se hizo en Inglaterra.
- En Inglaterra se vivió un momento muy delicado y la única solución fue unirse. Tuvieron que ponerse a trabajar el gobierno, la Policía y las autoridades del fútbol. Y lo que hicieron fue implementar leyes, reglas, que también sirven para cualquier otro deporte, pero que en principio fueron para combatir a los "hooligans" en el fútbol. Evidentemente estamos hablando de reglas que hay que cumplir, y donde nadie es amigo de nadie y no importa quién comete el delito. Son leyes que se aplicaron con la máxima dureza. Lo que se implementó en Inglaterra fue una propuesta muy importante, que fue la que yo llevé a Uruguay hace un par de años y que ofrecí abiertamente para el que la quisiera. Incluso, en aquel momento la Embajada Británica estuvo 10 puntos y llevó a Chris Whalley, el director de la Seguridad en Estadios de la Asociación de Fútbol inglesa, uno de los más grandes especialistas contra el "hooliganismo" que dio una charla, pero después nadie se interesó.
- De modo que Uruguay tuvo todas las posibilidades de imitar el modelo inglés y no lo hizo.
- El problema en Uruguay es que nadie es responsable. Todo el mundo sabe que los responsables son varios, no hay uno solo, entonces lo que tratan de hacer los que están en eso es zafar. Empezando por la ministra, siguiendo por el jefe de Policía y pasando por la AUF y por los presidentes de los clubes. Que no se salve ninguno porque todos tienen parte de responsabilidad. Y mientras no la acepten y se sienten todos juntos a resolverlo, no se va a solucionar.
- En Inglaterra no se cambiaron las cosas de un día para el otro, ¿verdad?
- Sin dudas. Se hizo un gran estudio, una gran investigación y se aplicó la tecnología con la llegada de las cámaras que se instalaron en los estadios. Es un trabajo mucho más grande de lo que se piensa. Pero si uno lo analiza a escala, se da cuenta que en Uruguay tendría que ser mucho más sencillo. Porque en Inglaterra eran miles y mucho más violentos que los nuestros. Los "hooligans" cuando rompían, rompían. Y cuando viajaban no sólo rompían los estadios, destruían las ciudades. En el momento que ven que el que ayer había estado con ellos rompiendo todo en el centro de una ciudad, debía presentarse en la comisaría todos los fines de semana y no tenía forma de zafar y que si volvía a cometer un delito iba preso por unos cuantos años, se les acaba la viveza. Si se pudo en Inglaterra, ¿cómo no se va a poder en Uruguay? ¿Cuántos violentos tenemos? ¿Han hecho algún número de cuántos son en total? Seguramente, no. ¿Serán 500, 800, 1.000? ¿Habrá mil que se pelean en Uruguay? Yo no creo. Entonces es sencillo: no queremos solucionarlo. O ponemos excusas y eso es lo que más me molesta. Que no tenemos comisarías, o cuidado que este es el pesado-pesado y no puede ir adentro, o este está relacionado con tal o cual poderoso. Así es imposible.
- Ahora se paró el fútbol.
- Sí, pero no es la primera vez que se hace. Se hizo por cosas mucho más graves, como una muerte. ¿Pero hasta cuándo va a durar ese paro? Hasta que los grandes quieran jugar de nuevo o hasta que a alguien no le convenga que el fútbol esté parado. Trato de ser bastante educado, pero la verdad es que estoy podrido de las cosas que pasan en Uruguay. Seguimos hablando de lo mismo cuando debería ser la cosa más fácil de solucionar. Sobre todo teniendo en cuenta que ahí todos nos conocemos.
- Volviendo a Inglaterra, ¿cómo son los partidos de fútbol hoy en día?
- Un espectáculo. Hay cada vez más niños porque las familias se dieron cuenta que podían volver al fútbol. No fue una cosa que se dio de un día para el otro, porque al principio tenían miedo y la gente tomaba sus precauciones, pero hoy los estadios están llenos de niños. Es una fiesta con todas las tiendas deportivas abiertas donde podés comprar todo el merchandising del equipo. Si sos de la afición visitante tenés que quedarte esperando para salir. Y de repente a nadie le gusta quedarse media hora esperando, pero está montado de esa forma y todo el mundo lo respeta. Y están las cámaras y las identificaciones y hubo también una prédica para que la gente normal delate a los que causan problemas. Eso que en Uruguay llamamos "buchonear". Pero si yo voy a un estadio con mi hijo y vos estás tirando una botella yo no te quiero a mi lado. En Uruguay se considera que el malo es el que "buchonea", pero ese es el normal, el que no es normal es el otro. Y cuando hay una sociedad que colabora, las cosas se facilitan.
- Acá se dice que es difícil imitar el modelo inglés por falta de recursos económicos.
- Que yo sepa las cámaras en el estadio hace ya un buen tiempo que están. Es cierto que algunas no funcionaban, pero ¿y las que funcionan? ¿No sirven para identificar a los violentos? Y si no están las de los medios de comunicación. Me imagino que el otro día en Jardines filmaron todo y estarán las fotos en todos los diarios. ¿Cuántos se pelearon? ¿100, 200? Entonces no quieren identificarlos. Lo que hay que hacer es agarrar a uno bien grande para ponerlo de ejemplo. Uno famoso, intocable y si lo tocás, el resto empieza a temblar.
Todo comenzó en 1989 con una investigación ordenada por el gobierno inglés. Un año después entraron en vigencia leyes muy estrictas que penaban con cárcel a los violentos. Crearon cuerpos especiales de policía para combatirlos y lograron que la sociedad toda se involucrara en el tema. Los clubes asumieron responsabilidades: instalaron circuitos cerrados en sus canchas y adiestraron personal especializado. Para hacerlo contaron con créditos del Estado. Las normas de seguridad rigieron para todos los escenarios por igual. Se otorgaron carnés a los barras bravas para identificarlos y se numeraron todas las butacas.
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