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HUGO GARCÍA ROBLES
Un proyecto conjunto del Departamento de Cultura de la IMM, Ministerio de Turismo y Deporte y Cambadu, está desarrollando en bares y cafés de Montevideo encuentros en los cuales suena el tango. Cuenta con el patrocinio de Montevideo Refrescos y Katoen Natie.
Al mismo tiempo que la música, personalidades de la política, la plástica, el deporte y otras áreas, aportan vivencias y anécdotas referidas a la música nacida en el Río de la Plata.
El intento merece aplauso "a priori" porque pone bajo el mismo alero los ámbitos del café y el bar, íntimamente asociados al tango, con intérpretes como La Mufa, Álvaro Hagopian, Valeria Lima, Malena Muyala, entre otros.
No se ha examinado con el cuidado debido la resonancia musical que los cafés montevideanos poseyeron, como los memorables "Tupí Nambá", "Ateneo" y "Polo Bamba", para citar solamente tres.
En ellos no sólo la vida intelectual se dio cita, justificando la etiqueta que creara Zum Felde, "intelectual de café", aludiendo a la nutrida legión de poetas, políticos y escritores, que hicieron de las mesas de los cafés verdaderos ateneos de confrontación y pugna.
En el desaparecido "Sorocabana" de la calle 25 de Mayo y Treinta y Tres, escribió Mario Benedetti su novela "La tregua" y no en vano los viejos bares incluyeron entre los servicios que prestaban a la clientela estaba el papel, la tinta y la pluma de acero.
Esta interesante práctica estaba vigente en la ciudad de Barcelona hasta no hace mucho tiempo, testimonio de la raigambre literaria de los cafés, como centros de cultura no institucionalizada.
La música fue también un componente decisivo en la vida de los cafés montevideanos. En el "Tupí" nuevo, situado en 18 de Julio, entre J. Herrera y Río Branco, hoy ocupado por la Galería Central, su palco albergó figuras capitales de la música popular.
El Sexteto de Elvino Vardaro actuó allí hacia 1937, con la participación del veinteañero Aníbal Troilo, mientras que en otras ocasiones se pudo escuchar a Mercedes Simone, admirable voz femenina del tango.
Existen documentos fotográficos de todo ello, además de la orquesta uruguaya de Roberto Cuenca, quien ocupó el palco del "Tupí" en abril de 1942, durante varias semanas.
Los parroquianos del "Tupí" que trasnochaban hasta las horas de la madrugada, podían escuchar a Vardarito que cerrada la actuación de su sexteto, interpretaba en su violín Paganini o Bach. Terminó sus días como "concertino" de la Sinfónica de Córdoba, en Argentina.
La viola de la Ossodre, Benito Casal, dirigía una orquesta de valses vieneses, respaldando el aire "art nouveau" del lugar.
Es por lo tanto una feliz idea retomar esa práctica que devuelve a la música popular uno de sus domicilios más entrañables.
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