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Alvaro Casal
Dentro de pocos días, se conmemorará medio siglo de una elección histórica: la de 1958, cuando la ciudadanía le entregó el gobierno al Partido Nacional, luego de que éste transcurriera 93 años en la oposición. Algo que significó un giro fundamental en la historia del país. No es ocioso recordar aquella instancia en momentos que estamos prácticamente a un año de otro probable triunfo del Partido Nacional, frente a un gobierno que no cumplió con las expectativas que sus votantes abrigaban legítimamente, atento a las promesas preelectorales.
Como dijo hace pocos días el diputado Pablo Abdala, "el Partido Nacional, en ese momento histórico, superaba los tiempos de la división, los tiempos de la fractura, de esas discrepancias intestinas que durante los veinte o veinticinco años inmediatamente anteriores lo habían mantenido alejado del poder."
No se puede saltear la realidad de que el triunfo electoral del 30 de noviembre de 1958 fue también el resultado del reclamo de cambio del pueblo uruguayo que veía en el gobierno de entonces una gestión desgastada, que no satisfacía las necesidades del país.
El nacionalismo aceptó el desafío y se colocó a la altura de las circunstancias.
Todo esto conduce asimismo a remontarse a los orígenes de la mencionada reunificación partidaria que posibilitó el advenimiento del gobierno que se instaló el 1º de marzo de 1959.
Volvamos a la exposición del diputado Abdala, cuando afirmó: "… a la hora de evocar esa histórica jornada, creo que es de absoluta justicia tener unas palabras de reconocimiento a Washington Beltrán, a Enrique Beltrán y a Eduardo Rodríguez Larreta, que años antes y anticipando aquella victoria de 1958, a partir de la fundación del Movimiento de Reconstrucción Blanca, dieron el paso de volver al lema histórico, en un gesto de desprendimiento y generosidad que, inclusive, llevó a los dos primeros a renunciar a las bancas legislativas que habían obtenido años antes por mandato popular. Esto posibilitó que en aquella instancia de 1958 el Partido compareciera a la elección a partir de dos grandes vertientes. Una de ellas fue la Unión Blanca Democrática, conformada por el Movimiento de Reconstrucción Blanca, por el Movimiento Popular Nacionalista - liderado por don Daniel Fernández Crespo, quien además, en esa instancia se convirtiera en el primer gobernante municipal elegido por el Partido Nacional para conducir los destinos de Montevideo- y por el Nacionalismo Independiente, que se reincorporaba al histórico Partido Nacional cuyo Directorio, en esos últimos años, había sido presidido por Felipe Gil y Adolfo Tejera, entre otras figuras. La otra gran vertiente era la liderada por Luis Alberto de Herrera quien fue el gran artífice de aquella victoria electoral."
El doctor Washington Beltrán en el libro "Pamperada blanca" expresó: "en 1958 los nacionalistas ponen fin a una perpetuación casi centenaria en el poder, ganando las elecciones". Cuando las elecciones de 2009 están prácticamente a la vuelta de la esquina, se tiene la sensación de que estamos próximos a otra "pamperada blanca". Una que no tendría una acción de barrido respecto de una perpetuación prolongada, sino frente a una gestión de apenas un cuatrienio pero que resulta tremendamente lamentable.
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