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EDWARD PIÑÓN
En marzo de 2006, horrorizados por la forma en la que un obrero del transporte simpatizante de Cerro fue brutalmente asesinado por un grupo de hinchas de Peñarol delante de su esposa y su hijo, toda la sociedad uruguaya reaccionó con firmeza.
No hubo autoridad nacional o del deporte que no expresara su solidaridad hacia la familia de Héctor Da Cunha. Y cientos de voces de todos los sectores se unieron bajo un solo lema: "medidas extremas" para terminar con el mal endémico.
Con bombos y platillos aparecieron anuncios de mayores controles, utilización de tecnología y hasta disputas sobre cuáles deberían ser las leyes para encauzar lo que hace rato se fue de las manos.
Frases como "la Policía actuó y actuará con firmeza" hoy resultan ser muy irónicas. Jardines del Hipódromo marcó un hito en la historia de la lucha contra los vándalos, porque nunca se había visto que se les concediera tanta libertad para hacer lo que quisieran dentro de un campo de juego.
Lo increíble es que cuando a los muchachos del orden se les ocurrió que debían intervenir, se acabó la violencia en dos minutos.
Si este sistema de observar cómo se pegan, patean y patotean los hinchas más violentos dentro de un campo de juego forma parte de una tendencia o iniciativa policial o gubernamental, hay que avisarles a los buenos aficionados que ni se les ocurra pisar en lo que resta del Apertura otra cancha de fútbol, porque con los duelos que están por venir es seguro que las consecuencias serán mayores.
Si fue una decisión equivocada, las autoridades van a tener que controlar muchísimo a los individuos que toman esas determinaciones, porque todavía falta que jueguen Nacional-Cerro, Peñarol-Nacional y Cerro-Peñarol. Y no hay que ser muy inteligente para concluir que ahí sí se pueden armar batallas salvajes.
Por otra parte, si bien es cierto que la historia de los barra bravas nació bajo el amparo de los dirigentes de los clubes, no hay lugar a dudas que en los países que se puso fin al mal, fue porque la Policía respondió con rigurosidad y la Justicia fue implacable.
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