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Gustavo Penadés
Hace 92 años, a instancias de un grupo de oficiales de la Armada, partía de Montevideo el "Instituto de Pesca 1". En tiempo récord se había aprestado un pequeño buque pesquero de 340 toneladas para acudir al rescate de la tripulación del explorador Sir Ernst Shackleton, que había logrado alcanzar la Isla Elefante luego del naufragio del "Endurance" en el mar de Weddel. Impedidos de acercarse a la Isla, por la presencia de hielos, deben regresar a Puerto Stanley donde se reparó la máquina del buque y, por orden superior, retornan a Montevideo siendo recibidos como héroes.
Pasados muchos decenios sin que se recordara aquella gesta, fue en ocasión de la Campaña Antártica 1995- 1996 cuando se colocó en la Isla Elefante una placa en homenaje a aquella heroica tripulación. Pero ya antes, la confluencia de distintas circunstancias habían llevado a nuestro país a comenzar a desarrollar su conciencia antártica. Si bien en todo ello influyó la coyuntura internacional, no es menos cierto que desde los ámbitos de las Fuerzas Armadas se fue impulsando la idea de que Uruguay no podía estar ausente de la Antártida, y así es que a lo largo de los años se fue acumulando valiosa experiencia, la que sería fundamental a la hora de las campañas antárticas nacionales.
La experiencia antártica es quizás una de los pocos ejemplos que podemos exhibir de políticas públicas que obedecen a un imperativo estratégico nacional. En ese entendido, con mayor o menor énfasis, desde hace décadas, los sucesivos gobiernos reconocen la importancia de la presencia uruguaya en la Antártida y apoyan el empeño puesto en dicho objetivo, fundamentalmente por parte de las Fuerzas Armadas. Pero hallamos otro elemento de gran significación, la experiencia uruguaya en la Antártida marca también un singular campo de colaboración interinstitucional que merece ser resaltada. Civiles y militares, aunados por un objetivo superior. A su vez, las Fuerzas Armadas, en muchas ocasiones haciendo verdaderas maravillas con los medios disponibles, posibilitan que nuestro país participe con dignidad en los ámbitos internacionales que en un futuro tendrán un papel de primordial importancia en el destino de dicho continente.
Debemos tener en claro que la Antártida ya está en la mira de muchos intereses que vislumbran la posibilidad de utilizar los recursos allí existentes. Al igual que la explotación de recursos en el Ártico hasta hace poco parecía imposible y hoy ya no lo es y determina que los estados limítrofes mantengan diferendos por las áreas a las que pretenden tener derecho; los avances tecnológicos, las necesidades crecientes de alimentos, petróleo y minerales abren para la Antártida posibilidades hasta ahora insospechadas.
Como se advierte, la consolidación de la presencia en la Antártida es un objetivo estratégico de enorme trascendencia. Dicho propósito requiere, además del bienvenido reconocimiento simbólico, los recursos económicos necesarios para cumplirlo a carta cabal.
El Teniente de Navío Roberto Elichiribhety, comandante del "Instituto de Pesca 1" expresaba la voluntad de los marinos uruguayos de "imponer a la dura impenetrabilidad de los hielos la tenacidad perseverante de nuestra sangre". Hoy dicho deseo no debe ser el de unos pocos, sino el de la Nación toda.
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