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Lunes 17.11.2008, 06:33 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos

Después de la mutación, La Trampa volvió al ruedo

Regreso. Un festejado concierto de clásicos y varios estrenos

SEBASTIÁN AUYANET

La noche del regreso tuvo, además de los punteos folklórico-rockeros de Garo Arakelián y el registro operístico y potente de Alejandro Spuntone, la confirmación de un nuevo sonido llevado del disco al vivo. El público aprobó y no paró de pedir bises.

La primera canción que La Trampa tocó en la noche, fue Simple, la que abre su nuevo trabajo. Y eso pareció una plantada de bandera, reafirmada en Para el día después, la segunda canción de la noche.

El show, como se podía prever, fue una extensión de la bajada de línea musical de La Trampa en su sexto disco de canciones nuevas. La intención de integrar esos temas al repertorio esperado por un Teatro de Verano ávido de Mar de fondo, Laberinto y Calaveras no necesitó de la insistencia.

Pese a que el leit motiv del concierto era el regreso del grupo en vivo a Montevideo, la ocasión también iba a servir para verificar la recepción de las nuevas canciones. Y a juzgar por esos momentos, el público presente ayer en el anfiteatro del Parque Rodó ya está recibiendo esos temas que llegaron hace un mes y medio. La gente entró sobre la hora y agotó las entradas recién sobre la hora de comienzo del recital, a juzgar por lo que afirmaron allegados a Bizarro, sello que edita el disco, y a la información que un móvil de televisión transmitía desde el Teatro, avisando que aún quedaban localidades.

Resultó imposible no pensar en el antecedente de aquellas tres funciones históricas en la misma locación, primero porque la afluencia de público no se repitió, y segundo por el factor efervescencia. La primera cuestión tiene varias explicaciones (fue en marzo, fecha previa a un largo parate de actividades en vivo y con la despedida de un disco consolidado), y la segunda es una cuestión que para nada debe leerse como negativa.

La intención de la banda, en sus letras y en su búsqueda de alternativas a la vivencia "poguera", está orientada a que la gente escuche más. Algo bastante parecido a lo que sucedió anoche, cuando el "detone" no fue tal. Quizá en sintonía con un público que ya pasó años de saltos, empujones y cánticos futboleros, La Trampa dio una vuelta de tuerca a su música.

Aquella ambición de mutar que la banda evidenciaba hace dos años, hoy se materializa en canciones como la casi bailable Cristal o La casa azul, una de las más acompañadas. Aun así los momentos con más bandera y agite llegaron -lógicamente- con clásicos como El poeta siempre dice la verdad, Lunita de marzo o Laberinto.

Como candidata a sumarse a esa categoría está una de las canciones más notorias del nuevo disco, llamada Shangrilá. Una balada pop afectada en la voz del también compositor Garo Arakelián. Previo a la llegada de ese tema, el hombre de la guitarra hizo una breve introducción hablando del sitio idílico que inspiró el nombre de la canción. En ese momento, un fanático gritó "¡está drogado che!", prueba de que la música de La Trampa llega por distintos caminos y según el receptor.

La presencia en vivo del grupo, apoyada en sus dos fundadores -Arakelián el que ordena todo sobre el escenario y despacha riffs, Spuntone el metalero tímido que despierta en el escenario y sacude su melena cuando no le toca cantar- se complementó con el resto de los miembros. Delante de una puesta en escena con luces robóticas y paneles de luz, Diego Varela cumplió en el bautismo como bajista oficial y Laura Romero, de Vendetta apoyó con acierto como segunda guitarra, complementando a los punteos de Arakelián.

La banda que se fue ovacionada al backstage del Teatro dejó la misma sensación que deja su nuevo disco. Hoy, La Trampa es más completa, y no sólo adentro del estudio.

Assimo aprontó la noche

La banda del ex Traidores Juan Casanova, invitada por La Trampa a abrir con sus canciones la fecha, fue tratada con cierta indiferencia con el público mientras llegaron los primeros temas. De a poco, con la presencia de invitados como Luciano Supervielle, la voz de Casanova se fue ganando aplausos con su voz. Válida ya no sólo para nostálgicos, el tono melancólico de su voz comenzó a imponerse y se retiró con varios aplausos. Aún están a la búsqueda de sello para editar su trabajo.

El País Digital

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