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Dólar. Uruguay se encarece respecto a sus competidores en la región
CONSULTORA SERAGRO
La crisis financiera global derivó en un fuerte ajuste a la baja de los precios internacionales de los productos de exportación que volvieron a los niveles de 2007 o incluso inferiores.
Granos, lácteos, carne, muestran una tendencia común, con mercados que, además, redujeron notoriamente su operativa.
En este plano, a la crisis el adjetivo "financiera" ya no le cabe más: es una crisis de la economía, pura y dura.
Y no es un ciclo más. Asistimos al fin de un ciclo de diez años de expansión mundial liderada por el consumo estadounidense, que tiraba pujante del resto de las economías, Europa y China entre ellas. Eso se acabó: los estadounidenses van a buscar a partir de ahora -y por varios años- reducir su endeudamiento y recomponer su agotada billetera. De tal manera que las economías desarrolladas entrarán en recesión el año próximo y no hay que descartar que la recesión sea, lamentablemente, global.
Ajustes y desajustes. La caída en el valor de los productos del campo implica una reducción en los ingresos por exportaciones del Uruguay.
Después de un ciclo de crecimiento económico histórico, en el cual cayó fuerte el desempleo, bajó la pobreza y la economía superó con luz los niveles de actividad del pico anterior (año 98), se viene una etapa con viento de proa.
¿Estamos preparados para esto? Desde el punto de vista financiero, la buena gestión de la deuda nos permite afrontar la crisis global sin tanta ansiedad, aunque sí con sana preocupación. Los niveles de reserva son altos y el sistema financiero es menos vulnerable que en la crisis anterior, lo cual también es positivo.
Sin embargo, es preocupante el deterioro del tipo de cambio real. Uruguay se ha encarecido gravemente respecto a todos sus socios comerciales, sin excepción, de tal manera que el tipo de cambio real está volviendo a los insostenibles niveles del año 2000.
Desde el gobierno se ha argumentado que las ganancias en productividad han sido importantes y permiten compensar esto. No dudamos que se ganó productividad, pero su real dimensión y su sostenibilidad (que esa ganancia en productividad sea permanente) es discutible, entre otras cosas porque la inversión no ha sido suficiente en este período de auge. Para las agroexportaciones, además, hoy no están presentes mecanismos de compensación competitiva que sí estaban antes: la devolución de impuestos se redujo y aumentaron los aportes patronales a la seguridad social (de 0 a 7,5% en la industria, equiparándolos con el sector servicios).
Estas medidas que tomó el actual gobierno tienen justificación si el tipo de cambio real se mantiene en equilibrio. No lo está, y el asunto es preocupante.
Con sensatez, tanto el gobierno como las gremiales empresariales han evitado enredarse en reclamos y anuncios de medidas, que en cualquier caso poco efecto tendrían. Con el estado actual de las cosas, subir -por ejemplo- un par de puntos porcentuales la devolución de impuestos tiene un efecto mínimo comparado con los impactos de la crisis global.
El asunto clave es el tipo de cambio real, la variable clave de la economía y que define nuestro vínculo económico con el mundo, para bien o para mal.
En este sentido, es muy claro que el dólar debería subir. Lo ha hecho en los últimos meses y eso es positivo, aunque en forma más moderada que competidores clave como Brasil.
¿Por qué no se deja subir más el dólar? Un salto brusco puede complicar al sistema financiero y -el temor mayor- generar un salto a la inflación, que está peligrosamente cerca del 10% anual. De ubicarse por encima de este nivel crítico, se dispara el gatillo que obliga a ajustes semestrales del sector público y, tras ellos, de las jubilaciones.
La conducción económica quiere evitar esto a toda costa y por eso controla el dólar para que no suba mucho (por eso el Central salió nuevamente a vender dólares). Al mismo tiempo busca controlar la inflación procesando algunos ajustes tarifarios.
En síntesis prioriza en el corto plazo la estabilidad de precios, dejando en un plano secundario la competitividad. Esto puede manejarse por algunas semanas. Pero cerrado el 2008 con una inflación que seguramente no superará el 10%, será tiempo de ajustar mejor el tipo de cambio real, dejando que el dólar suba claramente por encima de la inflación, diluyendo los costos en dólares. De lo contrario, la recesión global, será local.
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