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LEONARDO GUZMÁN
Si en su aula de Cultura Cívica de 4º de Liceo le hubiera yo dicho a Adela Reta que en el Uruguay un Presidente podía crear a su sucesor por partenogénesis, me habría arruinado la libreta de calificaciones.
Si en Facultad alguien osa decir en un examen que el primer mandatario puede inmiscuirse en la vida partidaria y armar fórmulas, se gana un bochazo que le arderá toda la vida.
El Uruguay tiene en eso una tradición muy honrosa, fundada en las Instrucciones del Año XIII y la Oración de Abril de cuyo costado nacieron. Allí Artigas señaló una ruta de "designios grandes". Fue más allá del apotegma "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana." Afirmó la imperatividad general de la Constitución diecisiete años antes que la tuviéramos: "Ciudadanos: los pueblos deben ser libres. Ese carácter debe ser su único objeto, y formar el motivo de su celo. Por desgracia, va a contar tres años nuestra revolución, y aún falta una salvaguardia general al derecho popular. Estamos aún bajo la fe de los hombres y no aparecen las seguridades del contrato. Toda clase de precaución debe prodigarse cuando se trata de fijar nuestro destino. Es muy veleidosa la probidad de los hombres, sólo el freno de la Constitución puede afirmarla".
"Cenizas y ruinas, sangre y desolación, he ahí el cuadro de la Banda Oriental, y el precio costoso de su regeneración". Era verdad hasta aquel abril de 1813. Lo siguió siendo como lucha por la independencia hasta 1830 y como lucha por la Constitución desde allí en adelante. Hagamos la cuenta: en el Uruguay, nunca hubo ciudadano que llegase a los 40 años de vida sin transitar turbulencias institucionales mayores.
Siempre los desbordes presidenciales, la influencia directriz, la sed de continuismo y la tentación de designar delfines fueron enfrentados por la altivez de hombres capaces de luchar por la legalidad con sacrificio de todas sus comodidades y hasta su vida.
Todo eso -que más que historia y biografía es nuestra mismidad- nos lo conmovió la carta que Astori le dirigió a su "querido compañero Jorge" (Brovetto) en la que para decir que quiere ser candidato a la Presidencia usa el siguiente circunloquio: "Estoy de acuerdo con la fórmula propuesta por el compañero Presidente de la República para disputar y ganar las próximas elecciones, y para gobernar durante otros cinco años. Y esa es mi opción."
Esas líneas constituyen un documento contra el Presidente Tabaré Vázquez y el senador Danilo Astori. Por confesión de parte, prueban que el segundo acepta contento que el primero viole abierto el numeral 5 de la Constitución: "El Presidente de la República y los miembros de la Corte Electoral no podrán formar parte de comisiones o clubes políticos, ni actuar en los organismos directivos de los partidos, ni intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral."
Los últimos años han visto nacer lo que ha dado en llamarse -con palabra no registrada por la Real Academia- "judicialización de la política". Y eso es recelado, cuestionado y motejado.
Preocupémonos menos por eso. Es mucho más grave la transgresión patentizada. Ante ella, debemos unirnos por sobre lo que votamos y hemos de votar, militando juntos por la juridicidad, definida como "Tendencia o criterio favorable al predominio de las soluciones de estricto derecho en los asuntos políticos y sociales".
Es que si tal no hacemos, ¡pobre destino para hijos y nietos!
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