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ALEJANDRO NOGUEIRA
Cualquiera diría que Danilo Astori cerró tanto la puerta que se apretará los dedos. Cualquiera diría que José Mujica se hartó -ni siquiera tuvo la satisfacción moral de que hocicara admitiendo que aceptaría ir de vice- y que se va a encaramar en su popularidad para encabezar la fórmula, aunque esto suponga llevar con los ojos abiertos al Frente Amplio a la derrota. Una derrota que si no es electoral será política porque -el propio Mujica lo ha dicho- él no es la persona adecuada para conducir el país en crisis que tendremos en 2010. ¿Y lo es Astori?
Hay consideraciones sobre el futuro electoral del Frente que exceden largamente la puja interna, entre ambos precandidatos y entre Mujica y Vázquez, que también existe. Sobre la interna frentista sabemos que la "unidad" aparece aunque sea al borde del precipicio. El único dato relevante, a mi juicio, es que Astori y Mujica representan modelos de país muy diferentes y también respuestas muy diferentes a la hora de gobernar con viento en contra. Ese sí es un dato a tener en cuenta in pétore a quienes tenemos que votar por liderazgos y programas y no por banderas y consignas.
Queda en pie la interrogante sobre si este entuerto entre los tres líderes de la izquierda tiene posibilidad de arreglo. El MPP ha establecido las bases de un posible acuerdo que, traducidas al castellano dicen: 1) gobernar con los equipos del Frente Amplio (nada de Della Mea, de Zaindesztat, o de asesores sin credenciales frenteamplistas probadas y sospechado de liberales); 2) gabinete (y seguramente otros cargos) en una representación proporcional a los votos de cada sector de la coalición, es decir, unos cinco ministros del MPP. 3) que funcione la Agrupación de Gobierno como clearing para disensos y conexión entre la administración, el Parlamento y la organización política.
Ninguna de estas condiciones luce no negociable para Astori, lo que nos lleva a la pregunta del comienzo. Si Mujica, por capacidad personal, por equipo, por ideas voluntaristas y románticas acerca de la economía, no es un buen candidato para el país de 2010, la cuestión -desapasionadamente-, es si Astori lo es.
Su solvencia técnica ha sido ampliamente elogiada, hasta por los organismos internacionales y Estados Unidos, lo que le ha hecho un flaco favor a la interna del FA.
Sin embargo es este Astori el que abrió la bolsa en el año electoral y no deja cerrarla pese a lo que se viene. Y este Astori no va a tener el respaldo firme del propio Frente Amplio ni va a tener sobre la coalición el ascendiente (hoy declinante) de Vázquez. Su estilo personal, su falta de cintura, su vocación cenacular, su convicción de hechos consumados sin vaselina y negociación, su ninguneo a otros dirigentes izquierdistas y a la bancada, su power point, la imposibilidad de imaginarse a un niño feliz palmoteando en sus brazos, no lo hacen un buen candidato para tiempos malos. Quien gobierne en 2010 no sólo va a necesitar de los propios; necesitará de la oposición y eso supone un talante y capacidad de diálogo que Astori no posee. Hoy es un candidato encerrado en sí mismo y será un presidente encerrado en sí mismo.
El Frente en esta convulsionada interna tiene cada vez menos chance de ganar. Vázquez no vuelve, Martínez es, en términos electorales, un desconocido, y no surge una "sorpresa" suprapartidaria que consta de consensos, respeto y autoridad.
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