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Jueves 13.11.2008, 09:40 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional


La bitácora

Los nudos que Obama deberá intentar desatar

CLAUDIO FANTINI

Al nudo que guardaba el Templo de Zeus nadie había podido desatarlo, y cuando llegó Alejandro a la capital de Frigia procuró hacerlo recurriendo a un golpe de su espada. Bush fracasó actuando como aquel rey macedonio. Por eso, además de por su posición respecto a la guerra, Barak Obama deberá recurrir al ingenio antes que a la espada para desatar los nudos gordianos que estrangulan la tranquilidad del mundo.

Ni bien ocupe el despacho Oval desactivará el unilateralismo y la irresponsable belicosidad del gobierno extremista que lo precede; pero sabe que más allá de los océanos hay un mundo hostil. Abú Omar al-Bagdadhí hará lo imposible para que Obama no pueda sacar rápidamente los marines empantanados en Irak. Recibirá ayuda desde Yemen, donde los jeques tribales de Maariv, Shabwa, Al Jawf y Saada tejen vínculos con los piratas somalíes que controlan el Golfo de Adén. Y quien vincula a todos con los salafistas del norte de África, con los talibanes afganos y con los pastunes separatistas del Pakistán es el mismo que hoy planea recibir a Obama con otro megaatentado: Osama Bin Muhamad Bin Awdha Bin Laden.

La primera encrucijada: cómo salir de Irak sin dejar un agujero negro que llenarían los sunitas más radicales o los chiitas pro iraníes. Para Obama, la retirada es una urgencia por partida doble. Necesita recortar el gasto militar para sostener los múltiples subsidios e inyecciones monetarias que requieren la sociedad y la economía norteamericanas; y necesita que buena parte de los 150 mil efectivos estacionados en Irak sean destinados a reforzar los apenas treinta mil que están en Afganistán, donde precisamente la debilidad de la OTAN alentó un resurgimiento talibán.

Allí se está repitiendo una historia trágica. Tras la salida de los soviéticos y la caída de Najibulá, el último títere del Kremlin, compartieron el poder los mujaidines de las etnias uzbeka, tadjika y hazara. Pero pronto sus jefes, Gulbudin Hekmatiar, Burjanudín Rabbani y Ahemd Shah Masud, pelearon entre ellos generando el caos que abrió las puertas al talibán, iniciándose el período más estrafalario y brutal de represión religiosa en el mundo musulmán. La tensión entre uzbecos, pastunes, hazaras y tadjikos hoy debilita al gobierno de Hamid Karzai, que además es inepto y corrupto, lo que sumado a la descoordinación entre los miembros de la OTAN permitió el resurgir talibán.

El otro nudo gordiano está en Pakistán, donde Amir Baitulá Mehsud, amo y señor del Waziristán; y el maulana Fazlulá, jefe en la Provincia Fronteriza del Noroeste y en Baluchistán, planean con los talibanes afganos borrar la Línea Durand (frontera trazada por los ingleses), abolir el urdu (lengua de Pakistán) y crear un estado teocrático llamado Pastunstán.

Además de encrucijadas como el conflicto palestino-israelí y el desafío de evitar que Irán tenga armas nucleares sin bombardear los centros atómicos de Busher, Izfahán, Arak y Natanz, hay un punto del planeta que Obama, hasta por su origen, no podrá desatender: África.

En el Congo, desde la guerra de Katanga, pasando por la de Mobutu y Laurent Kabila hasta la actualidad, siempre hubo atomización territorial y violencia. La explotación de minerales por parte de jefes locales y empresas inescrupulosas, hizo de la provincia de Kivu una hoguera hoy dominada por el general Nkunda, brutal exterminador en la segunda guerra civil congoleña.

Obama deberá dar a ese rincón del mundo la atención que Washington dejó de darle desde la batalla de Mogadiscio. Todos esos conflictos demandarán la suficiente energía como para que Latinoamérica continúe rezagada en la agenda exterior norteamericana.

El País Digital

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