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HUGO GARCIA ROBLES
Es muy usual referirse a la música como un lenguaje universal. La afirmación se apoya en suponer que los sonidos escapan a las dificultades que plantea una lengua desconocida. Quien no hable alemán no podrá comprender aquello que se expresa en la lengua de Goethe.
Pero, atención, que el oyente del mundo occidental padece la misma dificultad si escucha música china, japonesa o de la India. Los meros instrumentos le resultarán ajenos, ya que el koto japonés y la vina india (a pesar de Ravi Shankar) le sonarán tan exóticas y distantes como una cita de Kant en su lengua original.
La música, como toda expresión cultural refleja precisamente al hombre y su entorno. Una melodía gestada en Europa está necesariamente asociada a patrones formales y constitutivos que los miembros del continente y sus herederos, reconocen como cercanos.
Más allá de las diferencias que pueden existir entre una melodía proveniente de Francia con otra que nació en España, los vínculos que las acercan son más numerosos y más fuertes que las diferencias.
Es esta vecindad profunda, lo que hizo posible en su momento, el entusiasmo que cultivó Francia en el siglo XIX y XX por España y lo español. Un entusiasmo que originó obras como "Carmen" de Bizet, "Rapsodia española" de Ravel, "Iberia" de Debussy y "España" de Chabrier, para citar algunos ejemplos obvios y famosos.
Otras circunstancias permiten distinguir a los compositores que, a pesar de su universalidad, expresan de manera profunda su pertenencia a un lugar y una circunstancia histórica concreta. Juan Sebastián Bach, por ejemplo, es el heredero de la música asociada a Lutero.
A pesar de su espléndida Misa en si menor, de un catolicismo estricto, el peso del coral protestante y el arte organístico paralelo, reflejan ese origen. No sólo no abandonó nunca el suelo alemán, sino que su obra es esencialmente hija de la religiosidad protestante luterana.
Su compatriota y contemporáneo Haendel, significa todo lo contrario. Afincado en Londres, viajero por Italia, fue cosechando en su obra esas experiencias que lo enriquecieron y diversificaron.
Cultivó la ópera italiana, compuso oratorios, sirvió a la Corona Británica, hasta en los paseos reales por el Támesis. Era un músico internacional, con un amplio espectro expresivo, que nunca abandonó.
A pesar que fue un gran ejecutante de órgano, sus conciertos para este instrumento, no guardan ninguna relación con los preludios de coral, variaciones y la Pasacaglia de Bach. Se trata del mismo instrumento, pero con destinos y usos muy diferentes.
Haendel coronó su vida como músico británico. Juan Sebastián Bach, el Cantor de Santo Tomás en Leipzig, vivió atado al suelo natal.
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