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Maestro. En México siguen los homenajes al novelista
GUILLERMO ZAPIOLA
Nació por azar en Panamá, y pasó sus primeros años en Quito, Montevideo y Rio de Janeiro. Sin embargo resulta difícil cuestionar la "mexicanidad" de Carlos Fuentes, que ayer cumplió ochenta años.
Su trashumancia infantil fue una consecuencia de la profesión de su padre, que era diplomático. De su "mexicanidad" da cuenta una historia (o una leyenda) que se le atribuye: a los diez años asistió a la exhibición de Así nace un pueblo (1939, director George Nicholls, con Richard Dix), una biografía de Samuel Houston que exaltaba la rebelión anglosajona que condujo a la independencia de Texas, y se lo oyó gritar "¡Viva México! ¡Mueran los gringos!". Ese habría sido el primero de muchos de sus actos de rebeldía.
A los 29 años publicó su primera novela, La región más transparente, y ello lo decidió a abandonar definitivamente sus estudios de derecho, optar por un postgrado en Europa que lo llevó a conocer en París a Octavio Paz y en Zurich a Thomas Mann, y a dedicarse luego de lleno a la literatura. Fuentes va a pasar a la historia, sobre todo, como el autor de una veintena de novelas, algunas de las cuales deben figurar en cualquier antología de la narrativa latinoamericana del siglo XX. Libros como La muerte de Artemio Cruz, Aura o Terra Nostra integran ese grupo selecto, aunque otros textos suyos no alcancen acaso ese nivel.
Hombre de izquierda pero capaz de pensar con su propia cabeza, Fuentes ha podido defender a la Revolución Cubana sin considerarse por ello obligado a apoyar cualquier cosa que haga la Revolución Cubana, y últimamente ha provocado algunos escozores al definir como "payasos" al presidente venezolano Hugo Chávez, y al ex candidato presidencial mexicano Andrés Manuel López Obrador. El hecho de haberse convertido en una suerte de patriarca de las letras mexicanas no ha impedido que le hayan aparecido algunos parricidas: el crítico y ensayista mexicano Armando González, autor de Que se mueran los intelectuales (2005), ha podido afirmar que luego de Terra Nostra Fuentes "sigue publicando libros de narrativa con una regularidad asombrosa, pero ya no inciden mayormente" y que "más allá de su trabajo literario, es noticia por sí mismo".
En una nota reciente en El País de Madrid, el español Juan Goytisolo ofrece un punto de vista diferente: "Carlos Fuentes, como Juan Rulfo, García Márquez, Vargas Llosa o Lezama Lima, es un punto de referencia indispensable de la novela contemporánea y un exponente de esa modernidad que circula a través de los tiempos y no recala en lugar alguno. No hay que erigirle estatuas grandilocuentes, sino leerle y releerle".
Los homenajes a Fuentes comenzaron en México hace ya varios días en la Expo de Guadalajara, y proseguirán con lecturas de sus obras en las escuelas y con el estreno, el próximo 20 de noviembre, de la ópera Santa Anna, una evocación del extraordinario personaje que fue 11 veces presidente y/o dictador de México, con libreto suyo y música del cubano José María Vitier.
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