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De "Grease" y "Xanadú" al combate contra la enfermedad
EL MERCURIO | DANIELA MOHOR
El pasado 26 de septiembre, la cantante Olivia Newton-John cumplió 60 años. Y lo celebró a lo grande, Invitó a familiares y amigos que viajaron desde distintas partes del mundo en su resort de lujo, Gaia Retreat & Spa, en su Australia natal.
La ocasión no merecía menos honores. Para Olivia, alcanzar las seis décadas de vida fue un hito. Hubo un tiempo en que pensó que nunca llegaría a esa edad. "Fue un día muy especial. Siento mucha gratitud por estar todavía aquí y lo disfruto. Me encanta el poder despertarme cada día, y estoy agradecida de estar viva y de poder gozar de cada nuevo día hermoso", dice la cantante desde Australia.
Conocida internacionalmente por su voz dulce y por haber compartido, en 1978, la pantalla con John Travolta en la película Grease, en los últimos años Olivia Newton-John también se ha hecho un nombre como una de las principales impulsoras de la prevención del cáncer de mama, una enfermedad que la golpeó en 1992, cuando tenía sólo 44 años. Desde entonces se ha empeñado en usar esa experiencia de vida y su fama para ayudarles a otras mujeres afectadas a salir adelante, y su labor le ha valido varios premios. Ha dado conferencias destinadas a promover el autocuidado por las mujeres y participado en numerosas actividades para recaudar fondos para esta causa. En 2005, por ejemplo, grabó el disco Stronger than before, que se vendió exclusivamente en Estados Unidos y cuyos beneficios se destinaron a la investigación contra el cáncer de mama. Más recientemente se asoció con la cadena de gimnasios Curves, para lanzar Liv Aid, un kit que permite a las mujeres hacerse fácilmente un autoexamen mamario y que está disponible internacionalmente para incentivar la detección precoz de la enfermedad. Hace poco, la cantante australiana aceptó además darle su nombre a un centro creado por el hospital Austin Health en Melbourne, el Olivia Newton-John Cancer and Wellness Center actualmente en construcción. Olivia acaba de lanzar un nuevo disco de duetos con artistas como Keith Urban y Richard Marx, inspirado en la caminata por la Gran Muralla China, y cuyos fondos irán para financiar esa organización.
PUBLICIDAD. "La verdad es que me vi obligada a asumir este rol público cuando un diario sensacionalista amenazó con publicar un artículo que decía que me estaba muriendo", cuenta hoy la cantante. "Decidí entonces tomar el control de la situación en la que estaba para que los amigos y familiares que aún no sabían de mi enfermedad no recibieran falsa información. Mirando hacia atrás, creo que es una de las mejores cosas que me pudo haber pasado, porque ahora puedo ayudar a otras mujeres que están pasando por lo que yo ya viví. Y las emociones que uno siente son las mismas, independientemente de que uno sea famosa o no", dice.
A Olivia no le gusta que la llamen una sobreviviente. Prefiere la palabra "thriver", algo así como "persona que prospera" en español, porque si aprendió una lección de su experiencia con el cáncer es que la gente tiene una insospechada fortaleza interna. "Generalmente, cuando pasamos por un momento difícil nos damos cuenta de nuestro potencial y fuerza como seres humanos en este planeta", explica. "Hoy estoy bien y mucho más fuerte que antes".
El golpe del diagnóstico, sin embargo, fue duro. Ocurrió en 1992. La cantante sintió un bulto en su pecho derecho y aunque no fuera la primera vez que le pasaba, en esta oportunidad se preocupó más de lo habitual. Tenía un mal presentimiento.
"Cuando me diagnosticaron, estaba viviendo un momento muy difícil. Mi padre murió de cáncer el mismo fin de semana en que me dieron los resultados de la biopsia. Que te diagnostiquen cáncer de mama da mucho susto. A mí me daba miedo sobre todo en la noche, cuando todo estaba tranquilo. Creo que el miedo es la primera emoción, pero tuve la suerte de tener a mi familia y a amigos cercanos que me apoyaron. El miedo es terrible, pero una vez que dejas que desaparezca, puedes sanarte", cuenta.
Olivia recuerda con precisión el momento en que el temor desapareció del todo para ella. "Cuando terminé con todos los tratamientos, mi mamá me llevó a almorzar a un pequeño restaurante en el campo australiano. Fui al baño y una mujer se me acercó y me dijo: Escuché que usted tiene cáncer y quiero que sepa que yo también lo tuve hace 20 años y hoy estoy bien. Ese momento cambió mi vida y pensé: Si esta mujer que tuvo cáncer hace 20 años, cuando la ciencia y los tratamientos no eran tan buenos como ahora, está bien, entonces yo también lo estaré. Eso fue definitorio y me dio las ganas de transmitirles esa misma confianza a otras mujeres".
DECISIONES. Olivia cuenta que en esa época se apoyó mucho en su marido, sus familiares y sus amigos, entre quienes se encontraba el médico de la India y gurú Deepak Chopra ("Me ayudó mucho a encontrar mi centro para poder soportar los tratamientos y combatir la enfermedad"). También se refugió en la música. "La música siempre fue mi terapia y cuando me diagnosticaron escribí el álbum Gaia: One Womans Journey (Gaia: el viaje de una mujer). Ese proceso realmente me ayudó a nivel creativo a sacar sentimientos y emociones de mi cuerpo, lo que me permitió mejorarme más rápido".
Poco después creó el Gaia Retreat & Spa. Y desde entonces no ha dejado de enfatizar la importancia de incluir el bienestar en la cura del cáncer. "Cuando me pidieron que le pusiera mi nombre al centro en Australia acepté con la condición de que además de todos los tratamientos y la infraestructura médica necesaria cuando uno tiene cáncer, se incluyera un centro de bienestar dentro del hospital. Quería que hubiera un lugar para que la gente, después de su tratamiento o su sesión de quimioterapia, pudiera ir a sentarse, a hacerse un masaje, a tomarse una taza de té, a meditar. Quería que tuviera un ambiente de sanación para la persona entera, cuerpo, mente y espíritu", afirma.
Cuando recibió el diagnóstico, Olivia aún estaba casada con su primer marido, Matt Lattanzi - de quien se separó en 1995- y su hija Chloe tenía siete años. La pareja decidió no contarle a la niña lo que estaba pasando y se empeñaron en distraerla lo más posible, invitándole amigos y organizándole muchas actividades en los días en que Olivia se recuperaba de los seis meses de quimioterapia a los que tuvo que someterse después de la cirugía en la que le sacaron el tumor.
"Tomé la decisión porque la niña tenía una amiga, Colette, que había muerto poco antes de cáncer. No quería que se asustara, porque lo único con lo que Chloe asociaba el cáncer era con la pérdida de su mejor amiga. Para ella, el cáncer era sinónimo de muerte".
Sin embargo, la hija se enteró de todos modos: otros niños comentaron en el recreo del colegio que su madre estaba enferma. Ese día, ella corrió de vuelta a la casa, muy enojada porque Olivia no le había contado, y le dijo a su madre: "Mamá, ¿por qué no me dijiste? Te podría haber cuidado".
Olivia comenta hoy: "Es un momento que nunca olvidaré. Los niños saben cuando algo anda mal. Yo ahora aliento a las personas a que sean lo más honestas posibles con su familia. He aprendido que el cáncer, más allá de la enfermedad misma, genera mucho estrés".
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