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Carlos Alberto Montaner
La idea que prevalece de la guerra civil española es la que transmitió Hemingway en "Por quién doblan las campanas". Hay una densa bibliografía llena de información valiosa sobre aquel espantoso matadero, pero esa novela, luego llevada al cine nada menos que por Ingrid Bergman y Gary Cooper, es la que creó las imágenes permanentes de aquel conflicto.
Esto pudo suceder, además, por el prestigio personal de Hemingway, un autor que convirtió su vida -París, los toros, la pesca, las cacerías africanas, el Nobel de literatura- en una especie de biografía arquetípica envidiada por todos los periodistas y escritores del mundo.
La observación viene a cuento de "La pasión según Carmela", una extraordinaria novela "cubana" escrita por Marcos Aguinis, el primero de los narradores argentinos de hoy. (Es verdad que Ernesto Sábato todavía no ha muerto, pero su obra, aunque valiosa, es muy breve, y a los 97 años ya lleva más de una década comprensiblemente callado).
Aguinis, como hizo Hemingway en su libro español, ha contado una historia de amor dentro de la violenta Cuba revolucionaria que se enfrentó a la dictadura de Batista, y luego a la de Castro, y lo ha narrado de una manera tan seductora que probablemente esa ficción (salpicada de nombres y hombres reales, como Huber Matos, que es un personaje importante en la obra, o Cabrera Infante y Heberto Padilla que pasan fugazmente por ella), probablemente quede en la memoria internacional como el relato más fiel de aquellos hechos dolorosos ocurridos hace ya medio siglo.
Aguinis (cuyo nombre más de una vez ha circulado en Europa como un posible candidato al Nobel) también posee (o se ha forjado), como le sucedía a Hemingway, pero por razones muy distintas, una biografía casi asombrosa.
El hoy gran escritor argentino, antes fue neurocirujano, psiquiatra y hasta concertista de piano.
Ha vivido varias vidas profesionales intensas y apasionadas en lo que descubría su vocación más duradera, la literatura, y en todas alcanzó un notable nivel de excelencia. Si casi siempre es falso el cliché del autor "renacentista" que domina las ciencias y las artes, esta vez el adjetivo es cierto.
No obstante, hay algo en la conducta de Aguinis que me admira tanto como su talento literario: su compromiso con la libertad.
Con la libertad de sus compatriotas argentinos, siempre en peligro por las tendencias autoritarias del peronismo, generalmente mezcladas con la irreprimible pulsión a despojar al pueblo de sus ahorros.
Con la libertad de Israel -Aguinis es judío-, permanentemente comprometida por la agresividad del antisemitismo, un bárbaro prejuicio rabiosamente enquistado en Argentina desde hace varia décadas.
Con la libertad de los cubanos, cuya causa defiende junto a Plinio Apuleyo Mendoza, Mario Vargas Llosa y otros intelectuales de peso en el Comité Internacional por la Libertad de Cuba que Vaclav Havel creó en Praga hace ya varios años.
Y, en suma, con la libertad de cualquier pueblo oprimido, sin calcular el daño que ello le puede acarrear a su imagen de escritor.
Esa honradez intelectual es muy costosa en Argentina. Aguinis, sin importarle el precio, se opone al populismo en el país de Perón, donde hay más populistas por centímetro cuadrado que en cualquier otro lugar del planeta.
Se niega a ser antiamericano en la más antiamericana de todas las naciones de Sudamérica.
Es sionista (partidario del derecho que poseen los israelitas a tener un Estado independiente) donde pulula el antisemitismo, y no teme condenar la dictadura cubana de los Castro, aunque no ignora que el viejo Comandante tiene en Argentina muchos simpatizantes y no pocos agentes de influencia, especialmente en los medios de comunicación y en los ambientes literarios.
En 1970, a poco de radicarme en España, oí hablar de Marcos Aguinis. Le acaban de conceder el Premio Planeta por su novela "La cruz invertida". Era la primera vez que se lo otorgaban a un latinoamericano y la reacción fue impresionante.
Mucho tiempo después aparecieron "La gesta del marrano", "Profanación del amor" y otra docena de libros valiosos de ficción y ensayo.
Es posible que "La pasión según Carmela" sea considerada en el futuro entre sus obras más valiosas. Los cubanos no creo que jamás la olviden.
Los latinoamericanos, tras leerla, verán a Cuba de otra manera mucho más apegada a la realidad.
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