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Francisco Gallinal
Hemos sido enfáticos al señalar que, si entendemos que se ciernen peligros sobre el país, particularmente en el ámbito económico, los denunciaremos sin alarmismos, pero sin dejar de cumplir con nuestro deber. No para blasonar de augures sino para contribuir, desde la anticipación, a mitigar las posibles consecuencias negativas que tales peligros puedan traer aparejadas. Al mismo tiempo, fieles a nuestro estilo de practicar la política desde el Partido Nacional, anunciamos la disposición de ayudar al país y al gobierno (aún a pesar de él) sin exigir nada a cambio. Incluso estar dispuestos a no pasar cuentas por los grandes errores cometidos, que impidieron aprovechar a fondo la época de bonanza, y a concentrarnos en generar y aplicar soluciones.
Para ello indicamos dos pre requisitos: que el Ejecutivo efectivamente buscara el apoyo de las restantes fuerzas políticas, y que además asumiera sus responsabilidades. Porque se configuró una malsana situación, que calificamos de locura: cuando la crisis mundial se profundiza y los pronósticos de recesión mundial suenan cada vez con mayor fuerza, la conducción económica no podía estar exhibiendo vacíos derivados de estereotipos ideológicos y pujas electorales en el Frente Amplio, que determinaron el cambio de ministro, la sustitución de todo el equipo económico y, además, demoras ni más ni menos que en la integración del Directorio del Banco Central, en donde la calificación técnica debe ser prioridad.
Con ese espíritu ofrecimos nuestros votos para las venias, para que tal integración pudiese completarse lo más rápido posible, de modo de enviar signos de tranquilidad a los agentes económicos. El Frente entró en razón y halló, aunque algo renga, una salida: se dejó de lado el pedido de venia cuestionado por algunos integrantes del mismo, y se decidió mantener en su cargo al Vicepresidente del BCU. Ello permitió votar las dos venias subsistentes (Presidente y restante Director), superando así un feo inconveniente que, en verdad, nunca debió haberse presentado. Ahora bien, esto no es suficiente.
En la Legislatura anterior y en esta presentamos un proyecto de ley, para ampliar el Directorio del BCU de tres a cinco miembros. A la luz de la experiencia de la crisis de 2001/2002 consideramos fundamental, por la salud económico-financiera del país, que en él esté representado el gobierno y los principales lemas de la oposición, no sólo para ejercer el contralor correspondiente, sino también para coparticipar en el diseño de las políticas monetarias.
Actualmente está ya en vigencia la nueva Carta Orgánica del BCU, que ha elevado la cantidad de Directores a cinco. Por eso, en la pasada sesión del Senado que aprobó las venias planteamos que habría que someter a consideración del Senado las otras dos venias, cualquiera sean sus nombres. No pretendemos que el Directorio del BCU pase a esta altura a tener representación de la oposición, porque estaríamos reavivando una polémica que se instaló al principio de esta Legislatura. El gobierno sabrá en quién ha de depositar su confianza. Lo que nos parece es que el Ejecutivo no puede demorarse en solicitar al Senado el otorgamiento de las otras dos venias que están faltando para completar el Directorio del Banco Central y habilitar de esa manera su más correcto funcionamiento.
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