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Viernes 07.11.2008, 07:03 hs l Montevideo, Uruguay
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Ovación/Deportes


Ruben Wolkowyski

"Gratis no juego, pero me encanta el basquetbol y vine para ganar"

A los 35 años y después de haber pasado por la NBA, las mejores Ligas de Europa y haber ganado una medalla olímpica de oro, el "Colorado" llegó para reforzar a Biguá y revalidar el título de Liga Uruguaya. Dueño de un físico impresionante, el argentino reside con su familia en España, pero siempre se hace un tiempo para volver a Chaco y, además de visitar los parientes, poder pescar, que es su segunda pasión. Un hombre lleno de pergaminos, títulos y logros personales cuenta su historia, que va desde un pequeño pueblo llamado Castelli hasta las capitales más glamorosas del mundo.

GUILLERMNA LUZURIAGA

-Nació en la provincia de Chaco, al nordeste de la Argentina, ¿cómo era la vida allí?

-Soy de Castelli, un pueblo muy chiquito que apenas tenía 20.000 habitantes. No existía el basquetbol y mi vida era ir al colegio, estar con mi familia y jugar con mis amigos.

-¿De qué forma se dio su primer contacto con el basquetbol?

-Un día, regresando de clases, un hombre me propuso jugar al basquetbol, pero para ello tenía que irme de mi pueblo. Fue en julio de 1988, tenía 14 años y estaba a punto de cumplir los 15. No podía tomar la decisión solo, así que se lo pregunté a mis padres y ninguno estuvo en desacuerdo. Fue muy difícil porque tuve que vivir solo en Villa Ángela, una ciudad que queda a 200 kms. de Castelli.

-¿Cómo le fue en Villa Ángela?

-El equipo, que se llamaba Unión Progresista, estaba jugando en la Liga Nacional. A las dos semanas de haber llegado me tomé un micro y volví porque no aguantaba. La gente del club vio que en esos días había aprendido todo muy rápido y me fueron a buscar. El retorno lo hice junto a uno de mis hermanos, quien fue a jugar al fútbol a Villa Ángela. En esa época Aldo Marchesini estaba a cargo de las prácticas, fue él quien me inició en esta carrera.

-¿Cuáles fueron sus primeros pasos en el profesionalismo?

-También en Unión Progresista. Lo primero que jugué fue el TNA (Segunda División). Estuve durante dos temporadas y me convocaron para la selección nacional juvenil, luego a la Sub 20 (en ambas ocasiones citado por Guillermo Vecchio), y a los cuatro años ya estaba mudado a la Liga Nacional.

-¿Cómo vivió el pasaje de un pueblo a una ciudad como Mar del Plata?

-Fue un cambio enorme y duro. De Villa Ángela pasé a vivir en una ciudad grande y a un equipo como Quilmes. Mi vida cambió por completo, porque el Interior de Argentina, y más en un lugar como el que vivía yo, el ambiente era muy cerrado y familiero, nos conocíamos todos; mientras que Mar del Plata es una ciudad grande, con un movimiento muy diferente. Me costó, pero para esa época era más consciente de que mi carrera sería así, cada obstáculo que tuve traté de pasarlo solo y sin pedir ayuda.

-¿Siempre tuvo ese físico privilegiado e intimidante?

-No. Al principio era muy flaquito, pesaba 93 kilos. Me metieron en el gimnasio, empecé a trabajar muy duro y al año había tomado 10 kilos de masa muscular. Seguí el ritmo y me cambió muchísimo, adquirí fortaleza y me dio más seguridad.

-¿Qué se siente haber formado parte del ciclo más exitoso del basquetbol argentino?

-Es un orgullo. Juntar doce jugadores como los que tuvo Argentina en los últimos 10 años es algo que pasa muy pocas veces, tal como sucedió con el Puerto Rico de Piculín (José Rafael) Ortiz .

-¿Cuál fue la clave para conseguir tantos títulos y logros?

-Teníamos muchas cosas en común: trabajar duro, en equipo, tirar todos para el mismo lado y el talento. Todos éramos amigos, nunca había problemas.

-Si debiera elegir una de las selecciones que integró, ¿con cuál se quedaría?

-La que ganó el oro en el Premundial 2001 antes de Indianápolis. La tomó Ruben Magnano y tuvo pocos cambios para los Juegos Olímpicos. No sólo son importantes los jugadores, la incidencia del entrenador tiene muchísimo que ver.

-¿Le molestó que Sergio Hernández no lo citara y terminara con su ciclo en la selección?

-Lo que me molestó es que me usara y me mintiera haciéndome creer que me iba a llamar y armando un circo cuando sabía que no lo iba a hacer, porque lo dijo. Lo que pasa es que no tuvo los huevos para llamar a un jugador y después cortarlo. Ruben (Magnano) tomaba el rol de técnico y te citaba, si no estabas al nivel te ibas, pero es fácil llamar a 12 jugadores y morir con ellos y no darle posibilidad a otros.

-¿Cómo está la relación hoy en día?

-No hablo desde que lo llamé desde Italia para ver qué había pasado. Después no me atendió más el teléfono a pesar que sabía que era yo. Me di cuenta que a la persona que conocí en Olavarría la fama lo cambió.

-¿Cómo llegó la posibilidad de formar parte del mundo NBA?

-Era noviembre de 1999 y jugaba en Olavarría. Surgió la oportunidad de ir a disputar un torneo a Holanda para Navidad, pero no quería ir porque mi señora estaba embarazada de mi primer hijo y el torneo no nos beneficiaba en nada. Estaba trabadísimo, recuerdo que hasta vino Sergio Hernández a casa y tampoco acepté; pero mi esposa me convenció. Fue una Navidad espantosa porque pasé el 24 arriba del avión. Llegamos e hicimos un gran torneo, a la vuelta salimos campeones con Olavarría. Se decía que había gente ojeando jugadores, pero no sabía que los Sonics me estaban observando. Terminó el campeonato y me fui a Corrientes. Estando allá me llamaron para decirme que tenía una invitación para ir a un campus, pero no lo creí. No me parecía confiable quien me lo decía, pero otra vez mi señora empezó con que tenía que ir, averigüé y vi que era serio. Viajé y vieron que les iba a servir, me dejaron volver a Argentina, pero tenía que regresar para el campus de verano, y agregaron un detalle: "Con la familia", ahí vi que la cosa era en serio.

-¿Qué fue lo que más le llamó la atención en Estados Unidos?

-Todo. Desde que pisás el aeropuerto y hay una limousina gigantesca esperándote hasta el más pequeño detalle. Es una burbuja en el mundo que mientras estás no podés salir, se mueven a un nivel que es inimaginable. Te llevan a los mejores hoteles, siempre viajás en aviones charters, de la ropa ni que hablar, te dan todo. Decís lo que necesitás y automáticamente lo tenés, no existe el mañana.

-¿Tomó conciencia de la dimensión de haber sido el primer argentino en firmar un contrato NBA?

-Siempre se me dan las cosas muy rápido, no tengo tiempo de disfrutarlas. Salí campeón de la Liga Nacional, fui MVP de las finales y me fui a la NBA, cuando me presentaron el contrato para firmar empecé a jugar los partidos y te pasás viajando. No terminé de caer porque es algo increíble. Disfruté muchísimo, pero no me acostumbré; muchos se olvidan de donde vienen y luego les cuesta salir, pero traté de ser consciente que no iba a vivir siempre así.

-¿Cuáles fueron sus puntos altos y bajos en la NBA?

-No tuve muchas oportunidades. Cuando tuve minutos lo hice bien, pero el tema es que a la hora de jugar pesan los contratos, y siempre había uno que cobraba más, entonces tenía preferencia y gente que presionaba.

-Siempre hay un entrenador que deja una enseñanza mayor al resto, ¿qué hizo ese técnico que lo marcó más?

-Aldo Marchesini, quien me marcó por haber sido ser el primero y por exigirme tanto. También tuve técnicos muy buenos como: Néstor García, Magnano, Vecchio, Óscar Sánchez, Fernando Duró y Sergio Hernández. ¡Ni nombrar a los que tuve afuera! En la NBA se aprende muchísimo con los asistentes del entrenador; también tuve a Dusko Ivanovic, que junto a Ettore Messina son los mejores de Europa.

-Si tuviera que elegir la mejor Liga en la que jugó, ¿con cuál se quedaría?

-La española por lejos. Estuve solo seis meses y me alcanzó para notar que es la más seria de Europa.

-¿En qué país se sintió más cómodo viviendo y cuál fue el que menos le gustó?

-Siempre me moví con mi familia, nunca me resultó pesado cambiar tanto, pero lleva un tiempo de adaptación. En España nos hemos sentido muy bien, junto a mi señora y mis hijos Tomás de 8 años y Florencia, que nació en Boston, de 5), es nuestro lugar de residencia. Grecia es muy lindo y Rusia cuesta por el frío, pero te acostumbrás porque te gusta o por lo que te pagan.

-Hoy en día juega al básquet por: ¿dinero, placer o gloria?

-Gratis no juego, eso seguro. Sacando el dinero, lo hago porque quiero ganar algo, me encanta el basquetbol y vine a Uruguay porque quiero ganar, no jugar por jugar.

Pelos y señales

Nombre: Ruben Óscar Wolkowyski.

Fecha de nac: 30 de septiembre de 1973.

Nacionalidad: argentino.

Altura: 2.07.

Posición: centro.

Trayectoria: Quilmes de Mar del Plata (1993-97 y 2001), Boca Juniors (1997-99), Estudiantes de Olavarría (1999-2000), Seattle Supersonics (2000-01), CSKA Moscú (2001-02), Boston Celtics (2002-03), Olympiakos Pireus (2003-04), Khimki BC (2004-07), Prokom Treftl Sopot (2007-08).

Títulos internacionales: Campeón sudamericano juvenil en 1990, medalla de bronce en Mundial juvenil de 1991, Campeón panamericano Sub 22 en 1993, medalla oro en los Juegos Panamericanos 1995, medalla de oro en Campeonato FIBA Américas Premundial 2001, medalla de plata en el Campeonato FIBA Américas Preolímpico 2003, medalla de plata en Mundial 2002, medalla de oro en Juegos Olímpicos Atenas 2004.

Selección. Debutó con la mayor el 28 de mayo de 1993 ante Ecuador en el Sudamericano en Guaratingueta (Brasil). Es el argentino con más presencias en mundiales (34 juegos).

NBA. Fue el primer argentino que fichó en la Liga norteamericana, lo hizo en Seattle Supersonics el 7 de septiembre de 2000. También jugó en Dallas Mavericks y en Boston Celtics.

Dorado. En Atenas 2004 obtuvo la medalla de oro: "Fue el logro más importante de mi carrera y lo que se merecía esa gran generación después de haber perdido la final en Indianápolis".

Actualidad. Llegó al club Biguá para ser campeón de la Liga Uruguaya e internacional: "Me gustaría ser campeón local, y si es posible también ganar la Liga de las Américas".

"Siento que soy un gran afortunado de la vida"

"Estoy terminando mi carrera, no sé hasta cuándo me van a dar las piernas", explicó el "Colorado" mientras desgustaba su almuerzo en la cantina de Biguá. "Depende mucho del físico y de la cabeza. Soy consciente de que tengo 35 años, y toco madera, pero nunca tuve una lesión grande y es algo que ayuda".

Todavía no tiene claro qué hará el día que deje de jugar: "Lo estoy hablando con mi señora y no lo sabemos. La economía no está para jugarse por cualquier cosa, hay que estudiarlo muy bien, y ahora no tengo tiempo de pensar en un negocio". Lo que sí explica con seguridad es que: "El día que te retires no vas a contar los partidos que ganaste, sino que vas a contar los títulos que tenés", expresó.

Wolkowyski ha sido un trotamundos, pero no piensa en regresar a su país: "Con las cosas que están haciendo los políticos no da para pensar en volver. Las noticias nunca son buenas, siempre hay cosas malas contra el dinero de la gente, las jubilaciones, nunca hay justicia. No creo que haya cambios en poco tiempo".

"Estoy totalmente agradecido con el basquetbol por todo lo que me dio: por mi familia, el pasar económico y la posibilidad de conocer el mundo. Más allá de que no me fue fácil, siento que soy un gran afortunado de la vida", puntualizó.

El País Digital

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