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Se estrena mañana la película de Gabriel Bossio
MATÍAS CASTRO
Uruguay verá mañana un hecho inusual para su producción cinematográfica. "Joya", de Gabriel Bossio, será la décima película nacional en llegar a los cines este año. Un récord, teniendo en cuenta las dificultades de este arte en el país.
Gabriel Bossio quiso simplificar el proyecto de Joya lo máximo posible. Director reconocido de videoclips de No Te Va Gustar y otras bandas, cotizado realizador de comerciales, se hizo conocer con el cortometraje Chinadown, que formaba parte de la película coral Ocho historias de amor, compuesta por cortos de recién egresados de la Escuela de Cine del Uruguay. Aquel corto tuvo cierta circulación con independencia del resto, e incluso fue comprado por HBO y exhibido por el canal Cinemax. "Fue una sorpresa que me llevé cuando un día abrí el mail y encontré que me ofrecían comprar Chinadown, porque lo habían visto en un festival", cuenta. Luego de esto se metió en un proyecto importante para realizar un largometraje llamado Dale de bomba.
Con el guión escrito, consiguió coproductores en España y en Argentina. Junto a ellos siguió buscando financiación para redondear el presupuesto que precisaba. Tras muchos intentos en diferentes fondos y concursos internacionales, no logró avanzar. Incluso en el Fondo Nacional del Audiovisual tampoco tuvo suerte. "Debo ser el tipo que perdió más veces el Fona", comenta, porque se presentó siete veces con ese y otros proyectos. Y ahí fue que decidió simplificar su trabajo y emprender un proyecto por su cuenta. Había escrito el guión de Joya, dejó el otro en un cajón, y puso manos a la obra para filmar la película que se estrena comercialmente mañana. Eso fue en 2005.
Joya trata sobre una pareja de jóvenes, interpretada por Jenny Goldstein y Moré, que se muda a una casa de balneario que les presta un familiar. El muchacho dice que intenta hacer una carrera como escritor, mientras que ella trata de sacar las cosas adelante. "No me arrepiento", dice Bossio sobre la forma en que emprendió la filmación. "Realizarla así fue un esfuerzo gigantesco, y mil veces pensé en tirar la toalla", reconoce ahora, que casi está del otro lado de la meta. Lo logró gracias a amigos y habituales colaboradores suyos de la publicidad, con los que formó un equipo sólido que apuntaba en la misma dirección y entendía su planteo. La financiación salió enteramente de su bolsillo y también del aporte voluntario del equipo que formó. Con todos ellos acordó que cada uno cobraría en función de los eventuales ingresos que pudiera generar la película.
El objetivo inicial era terminar la producción y presentarla en festivales y funciones puntuales. Fue filmada en video de alta definición, formato que se usa mucho, pero que tiene difícil circulación en las salas de cine comerciales. Para llegar a los grandes cines el requisito habitual es transferir lo filmado a celuloide, cosa que puede costar unos 40 mil dólares y se hace en Argentina, según cuenta Bossio.
Pero con la apertura en octubre de la sala Libertad, que tiene un proyector de video de alta definición japonés y un nuevo sistema de sonido, el panorama cambió para producciones como la suya o como El círculo. Allí tienen ahora el espacio justo para su propuesta. Y como fruto de la casualidad, debido a cuestiones circunstanciales de equipamiento de salas, encontró lugar también en los Moviecenter. De pronto Joya, que hasta hace dos meses miraba fundamentalmente a festivales como el Bafici o el de Piriápolis, donde había tenido buena repercusión, encontraba nuevas alternativas para llegar a más público.
"Como yo dirijo publicidad, siento en eso mucha presión porque trabajás con equipos técnicos enormes y tenés necesidad de agradar a mucha gente. Cuando me propuse hacer Joya no tenía necesidad de filmar, ya que vivo de hacerlo todos los días. Tenía necesidad de expresar algo de la manera más libre posible. Por eso llamé al equipo técnico con el que venía trabajando. Eran pocos pero buenos, con un equipo como el de un videoclip".
En el rodaje llegaban a trabajar unas 25 personas como mucho, incluyendo a los actores. Esa cantidad de gente es relativamente baja en comparación con otros rodajes, que implican el despliegue de grandes grupos. Un factor importante fue el de trabajar con las cámaras digitales, que requieren menos técnicos que las de cine.
Si bien estos aspectos del proyecto se dieron así principalmente por cuestiones de finanzas, tenían relación con las influencias que quería aplicar. El cine de Nick Cassavettes, los principios del Dogma y también la experiencia de Carlos Sorín estaban presentes. "En el DVD de Historias mínimas, de Sorín, hay una entrevista larga donde cuenta que trabajó con un equipo chico en el que le faltó el número trece, que era la cocinera. Entonces me dije que si este tipo, con su trayectoria, había optado por filmar de esa manera, ese era el camino que yo tenía para lograr lo mío".
De todo esto surgió uno de los elementos que le han dado más personalidad y credibilidad a la película. Bossio escribió un guión de noventa páginas, que estaba estructurado en tres actos tal como las convenciones marcan. A partir de ahí, y una vez que tuvo los actores protagonistas elegidos, comenzó un proceso de ensayos de un mes, donde les dejó crear a cada uno sobre el guión. Les dio mucha libertad para trabajar, improvisar y agregar lo que les pareciera conveniente. Lo que surgió con este método en los ensayos, se ejecutaba en el rodaje. "Cuando filmábamos había determinados mojones que teníamos que tocar, porque si no el trabajo se iba para cualquier lado. Y al permitirnos probar opciones con los actores, generamos mucho material". Así fue que el director, a la hora de editar, se enfrentó a 42 horas de material filmado.
De este modo, cuando terminaron el rodaje, a fines de 2005, se encerró a hacer el montaje. Este fue otro espacio de libertad al que le dedicó muchas horas diarias, probando mil y una opciones para las escenas hasta llegar a la versión de 97 minutos que se estrena el viernes. Era como estar en las antípodas del trabajo publicitario, donde se filma en cuestión de horas o pocos días y se edita a contrarreloj para cumplir con los plazos y satisfacer al cliente que pagó por el producto. Era el trabajo de un autor.
Jenny Goldstein, la coprotagonista de Joya, está viviendo su año más intenso en cuanto a películas se refiere. Se hizo conocer hace más de una década actuando en la obra Juegos de damas crueles de Mariana Percovich, tras lo cual que se mudó a Buenos Aires donde ha trabajado principalmente en publicidad, en series de televisión como El sodero de mi vida, El tiempo no para y Amo de casa, y protagonizó muchos comerciales. En el 2002 participó en dos películas: Corazón de fuego, de Diego Arsuaga, y Vladimir en Buenos Aires de Diego Gachassin.
Este año vio, finalmente, el estreno de Joya, aunque la filmó a fines de 2005; pero además hizo un pequeño papel en Mal día para pescar, adaptación del cuento Jacob y el otro de Onetti, y el 17 de este mes comienza a filmar Flacas vacas junto a Verónica Perrota y dirigida por Santiago Svirsky.
Con Gabriel Bossio ya habían trabajado años atrás en el cortometraje Chinadown, donde reconoce que él ya aplicaba una forma similar de trabajo casi libre con los actores. "En Joya ensayábamos y grabábamos todo y en el set él nos tiraba las coordenadas que habíamos acordado en el ensayo al mismo tiempo que chequeábamos en el video lo que habíamos hecho... El tiene una cosa genial que si en la improvisación salía algo mejor a lo escrito él no se apegaba al guión, la idea era crear la escena y que funcionara lo mejor para los tres y para todos los que estaban en el set".
Justamente esa forma de trabajo fue lo que convirtió el rodaje de la escena del cumpleaños de su personaje en uno de los momentos "más divertidos" de su vida. "Una de las virtudes de Gabriel es su capacidad de rodearse de gente que entiende su método de trabajo, y su capacidad para comunicar todo".
El estreno de Joya, película uruguaya que llega al cine después de un largo proceso de gestación, no sólo es local en cuanto a las locaciones y origen de su director. Además, está plagada de apariciones de rock y pop nacional que van más allá de una canción.
Max Capote, cantautor, productor e inquieto mezclador de géneros, hizo en ella su primera participación como actor de películas de toda su vida. "Lo que yo hago en Joya fue algo bastante parecido a ser entrevistado. Los actores son los que actúan. A mí se me hace una pregunta y yo hablo, pero no estoy interpretando un personaje", explica Max.
Según el músico, actualmente en la recta final del lanzamiento de su esperado segundo disco Chicle, el director Gabriel Bossio lo contactó para que incluyera el bonus track de su Grandes éxitos, su primer y único trabajo. "Me pidieron primero la canción y después se fue generando una relación con Gabriel. En un momento me preguntó si me quería ir hasta Piriápolis al rodaje y me mandé. Ahí me pidieron que contara dos historias que me hayan pasado en la vida. Así, sin más". Max hizo dos intentos, o sea que una de las historias que contó ha quedado para las rarezas a esperar en alguna edición en DVD. "La historia perdida de Max Capote", dice el músico a las risas. Luego anticipa: hay una unidad de espíritu y también material entre la película, mi historia y el disco que estoy por sacar. Hay una canción en la banda de sonido que se llama Tema 11. Los que vayan a verla van a entender todo esto cuando terminen de verla".
Además, la banda sonora contiene música de Cursi, Loopez y Bufón, del que suena su ya clásico California Tour.
El ciclo de exhibición de Joya no se acabará con las funciones comerciales en Montevideo, ya que integrará el ciclo "Efecto Cine", que se lanza esta tarde en el Molino de Pérez a las 18 horas. Organizado por la productora Coral Films (responsable de Cachila) este ciclo arrancará el 12 de diciembre y propone recorrer todo el país haciendo funciones itinerantes de cine. Se harán ochenta proyecciones siempre con una pantalla de 10 metros por cinco de altura, traída desde Alemania, con un proyector de video digital de alta definición y un sistema de sonido especial. "Tenemos una unidad móvil equipada para llevar el cine desde el Teatro de Verano hasta Bella Unión", adelanta una integrante de Coral Films. El ciclo mostrará diez films nacionales: Joya, La cáscara, El baño del Papa, Matar a todos, Acné, Polvo nuestro que estás en los cielos, Cachila, Hit, Destino final y El círculo. El Interior, que tan poco cine recibe, se dará una panzada.
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