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REBAR
A comienzos de este año, abrí una carpeta que titulé "Recesión mundial": la inauguré con un recorte del ejemplar de "Perfil" del 13 de enero de 2008. Es un reportaje de Jorge Fontevecchia (excelente, como todos los suyos) a una indiscutible autoridad en el tema: Mario Bleijer. Economista cordobés, retornaba a su patria argentina portando un currículum de excepción que, entre otros antecedentes valiosísimos, incluía su gestión como directivo del Banco Central de Inglaterra, y un cargo que ejerció hasta 2001 en el Fondo Monetario Internacional, con especial dedicación a Asia y China. Seguí sin perder una línea sus respuestas, y me quedó zumbando el nombre para exhumarlo en el caso de que, más o menos pronto, estallara la recesión de marras.
Estaba lejos de imaginar por entonces, en qué situación habría de recordar a Bleijer. En medio del bosque de números en que suele moverse don Mario, se atravesó un día (o una noche) Piroska Nagy, que se ofreció para enseñarle sus métodos naturales para entretener a los economistas. Tal instrucción conducía a una boda que, a poco de consumarse, ofreció el superávit de una niña que, ahora, vive con su madre en Londres, porque el matrimonio sufrió hace algún tiempo los efectos de la poda. El papá, por su parte, encontró una nueva docente, que corrigió y aumentó los sistemas "piroskianos".
Mientras yo releía y archivaba la entrevista de Fontevecchia a Bleijer, el ex ministro de Finanzas de Francia, M. Dominique Strauss-Kahn (59 años, casado) imponía, como Director Gerente del FMI, impostergables reformas en el organismo, que incluían una importante reducción del personal: intentó -y logró- que casi 600 funcionarios de los 2900 que pesaban -y mucho- en el presupuesto de la institución, se acogieran al plan de retiro voluntario que, según el jerarca, ofrecía ventajosas condiciones, equivalentes a un año y medio de salarios, aproximadamente. Pero, como abundan en el Fondo -como en el Frente- los metidos en lo que no les importa, alguien descubrió que una atrayente húngara que trabajara en el Departamento África, al retirarse de su tarea había recibido una indemnización sobredimensionada, pagada con todo placer por el Director Gerente: se trataba de Piroska Nagy, que en los valses de Strauss (Kahn) halló vibraciones que no existían en las aburridas zambas que antes bailara con su esposo cordobés.
Quiero exhortarlos a reparar en el espíritu generoso con que monsieur Dominique actuó en la ocasión: el suyo es el gran gesto de un superior agradecido, que supo calibrar el rendimiento de una estupenda funcionaria, y se sintió moralmente obligado a reconocerle los servicios prestados... (sin necesidad de aclarar qué clase de servicios).
En muchos fondos suele haber un gallinero, donde nunca falta una gallina que seduzca al gallo.
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