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Gonzalo Aguirre RamÍrez
Ya fue dicho y censurado en el editorial del sábado pasado, pero hay que insistir: es inconcebible que el Directorio del Banco Central esté desintegrado desde el lunes pasado, en que pasó a ser unipersonal. Lo sería en cualquier caso, dada la naturaleza y trascendencia de sus funciones. Pero mucho más lo es en medio de la crisis económica mundial, que puede obligar, en cualquier momento, a tomar medidas urgentes en materia de política monetaria y cambiaria.
El principal y original responsable de esa acefalía de dos de los tres cargos del Directorio del B.C.U. es el hoy senador Astori, quien quiso instalar a su subsecretario en el Ministerio de Economía, el señor Mario Bergara, en la presidencia del Central. Ello suponía, naturalmente, el relevo inmotivado e innecesario de su titular, el economista Walter Cancela, quien se había desempeñado correctamente en dicho cargo, según opinión objetiva y generalizada.
Y configuraba un manoseo gratuito de este ciudadano, quien lo evitó a medias, adelantándose a renunciar invocando el art. 201 de la Constitución, que obliga a los directores de los Entes Autónomos "para poder ser candidatos a legisladores, a cesar en sus cargos por lo menos doce meses antes de la fecha de la elección".
La decisión de Astori, que erróneamente fue avalada por el Dr. Vázquez, significó introducir la política -mejor dicho, la politiquería-, en un organismo eminentemente técnico, como es y debe serlo el Banco Central. Trátase del mismo ciudadano que, cuando yo presidía el Senado y se sancionó la Carta Orgánica del B.C.U., desde su banca bregó una y otra vez por despolitizarlo al máximo.
Sin embargo, en el proyecto de ley modificativo de dicha Carta Orgánica, que ya sancionó el Senado, firmado e impulsado por Astori, no sólo se aumentó a 5 el número de miembros del Directorio del B.C.U. -innecesariamente- sino que se mantuvo la coincidencia cronológica de su mandato con la del gobierno que lo designa.
Poco o nada queda, pues, del Astori que tres lustros atrás pontificaba desde su banca senaturial sobre los criterios políticamente asépticos con que debía manejarse la integración y funcionamiento de nuestro Banco Central, a imagen y semejanza de los de otros países.
Tan poco queda, que desencadenó este gravísimo problema por su empeño en mejorar el curriculum funcional de su subsecretario.
Claro que no se hubiera llegado al extremo absurdo en que se halla el B.C.U., si la política menor no hubiera vuelto a entrar en escena, de la mano del MPP y del senador Mujica, acompañado por su colega comunista, quienes se niegan a votar la venia del economista, Umberto Della Mea, propuesto por el Poder Ejecutivo para integrar el nuevo Directorio, junto a Bergara y el Dr. Jorge Gamarra (h).
Nadie niega la competencia técnica y profesional del señor Della Mea. Lo que niegan Mujica "and company" es su condición de frentista -negación que otros han controvertido-, con olvido de que la venia del Senado debe ser "otorgada sobre propuesta motivada en las condiciones personales, funcionales y técnicas" del ciudadano a ser designado director de un Ente Autónomo (art. 187 de la Carta).
¿Carece de tales condiciones el Sr. Della Mea? Todo lo contrario. Vuela bajito, entonces, Mujica. Al igual que Astori. Mientras riñen por ser el presidenciable frentista, paralizaron al B.C.U. Algo inconcebible, a lo que debe poner fin el Partido Nacional, votando las venias solicitadas por el Ejecutivo.
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