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MIGUEL CARBAJAL
El trayecto es largo pero con pocos protagonistas. De la pintura rupestre en donde se dibujaba a los bisontes en las rocas para atraerlos con el pensamiento, se pasa a los Papas y los príncipes y finalmente, gracias a los holandeses, a los burgueses. Ahí la historia de la plástica se entrevera y se vuelve revoltosa. En Montparnasse y Montmartre se produce el encuentro. La liberalidad de París, el florecimiento de los nuevos barrios, el invento de las confiterías, el nucleamiento de centroeuropeos en las orillas del Sena y el apadrinamiento de mujeres que pasan desnudas y hermosas, de la tela de los pintores a sus camas sin sábanas, conforman la bohemia. Las modelos intercambian pintores y lechos y viceversa, y algunas terminan como grandes cortesanas. Excepto Berthe Morisot que pasa de ser la mujer con sombrero negro de Manet a pintora impresionista importante ella misma.
El teatro y los musicales acercan las celebridades de la mundanidad. Picasso es uno de los primeros en valorar la fama. El pintor que no dispone nunca de tiempo a Brigitte Bardot le dedica jornadas enteras delante del caballete. Es consciente de tener entre sus manos una oferta de oro. Pero es el impresionismo el punto de contacto con los grandes coleccionistas. Gertrude Stein escritora de valía que muestra impúdicamente a su novia, se ríe de los prejuicios. Y gasta una pasión avasallante por la pintura moderna que comparte con sus hermanos. En los apartamentos de los Stein cuelgan los mejores cuadros del XIX y los de futuro más promisorio de los XX. Sus amigos, millonarios, industriales (algunos de la cosmética como la Rubinstein) le hacen la competencia a los anexos del Louvre, demasiado formal para apostar a lo nuevo. Un actor especializado en papeles de villano, figura como el primer coleccionista importante de Hollywood. Varios de sus colegas, como Greta Garbo y Marlene Dietrich, siguen su ejemplo.
Dennis Hooper, nacido en Dodge City en 1936, compañero de ruta de James Dean en dos de sus tres películas, se transforma en un referente cultural cuando se asocia al experimento estético de Easy Rider, en 1964. Los impresionistas ya no están a su alcance pero sí las estrellas de los movimientos posteriores. Robinson hizo una subasta de sus bienes antes de jubilarse y consiguió una fortuna. Hooper sigue aferrado a sus riquezas aunque cada tanto se desprende de alguna de ellas. Pero el dínamo grande del coleccionismo de alta sociedad aparece con Andy Warhol. Utiliza fotografías a las que le introduce variantes de color y rayas con las que logra series de una enorme inventiva y un impacto visual que no se desgasta con el paso del tiempo. Liza Minnelli, Mick y Bianca Jagger, Truman Capote, Man Ray, Jackie Kennedy, Marilyn Monroe, Liz Taylor como favorita, son sus clientes. Algunos son menos conocidos pero están cerca de su corazón como Joe Dallesandro. Son clientes, amigos y promotores con los que Andy Warhol confraterniza en Studio 54. Los dueños del glamour serán todos futuros magnates.
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