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Una taza de café, un vaso de vino, panes, galletas y frutas esperaban a los muertos en la festividad de Todos Santos, una de las más celebradas en Bolivia.
Familias de diversa condición social pero sobre todo aquellas de origen indígena acostumbran a preparar con esmero una mesa con ricos manjares para acoger a sus difuntos que regresan a compartir con los vivos y 24 horas después vuelven al más allá.
"Tus seres queridos que murieron nunca te abandonan, siempre te acompañan y en Todos Santos vienen a visitarte", dijo Susana Llano, ama de casa de clase media, mientras adornaba el sábado con flores la mesa y prendía una vela frente a los retratos de su suegra y tres tíos fallecidos.
La tradición en la nación andina está en sintonía con las que celebran los mexicanos o pueblos de Centroamérica en donde también preparan platillos para honrar a sus deudos y se los ofrendan en altares preparados para la ocasión o los llevan a las tumbas.
En Bolivia, este culto a los difuntos está más arraigado entre los indígenas del campo donde la celebración se extiende por varios días con fiestas autóctonas. En el área rural de Todos Santos marca el inicio de la siembra agrícola que coincide con la llegada de las lluvias.
Familiares, amigos y vecinos son esperados a un almuerzo de "despacho (despedida) a las almas" el domingo al mediodía. Después las familias visitarán los cementerios para recordar a sus difuntos.
Como muchas festividades populares, la de Todos Santos tiene su origen en la colonia en rituales paganos que celebraban los indígenas para honrar a sus difuntos y que se han mezclado con tradiciones de la fe cristiana traída por los conquistadores.
En los últimos años, la celebración de origen anglosajón del Halloween también ha penetrado la festividad aunque entre los sectores acomodados, no así en las clases populares que la consideran una influencia extraña a sus costumbres.
Desde que llegó a la presidencia Evo Morales, el primer aymará que gobierna Bolivia, la tradición de Todos Santos penetró a las oficinas gubernamentales. La Cancillería, por ejemplo, armó el viernes una mesa para los difuntos en uno de sus salones donde suele celebrar ceremonias oficiales.
En otras oficinas mesas ricamente adornadas recordaban a los caídos durante recientes protestas sociales.
La policía redobló su control en los cementerios ante la gran afluencia de visitantes.
La fiesta cerrará una semana después con un extraño rito a las calaveras denominadas aquí como ``ñatitas´´. Aunque esa celebración no está muy extendida, personas que creen en esa costumbre suelen llevar a misa a sus calaveras y les preparan una fiesta en su honor convencidas de que las osamentas las protegerán y les traerán buena suerte.
AP
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