MELO
El joven tocó a la puerta de la casa. "Permiso doña Nena, ¿me deja pasar al baño?", dijo. Gladis Casas (84), no desconfió del joven que conocía desde que era niño cuando le hacía los mandados. Pero se equivocó.
A.D.A., de 21 años y con antecedentes por abigeato, iba con la idea de matarla para robarle dinero, entre otras cosas porque su concubina tiene un embarazo a término.
Un rato antes había colocado en un bolso varias herramientas, incluso el martillo con el que golpeó en la cabeza a la viuda del ex intendente de Cerro Largo hasta matarla.
Es el sobrino de la empleada de Casas y hacía varios años se había mudado de Melo a Montevideo. Hacía 24 horas que había regresado y pensaba que Casas guardaba una importante suma de dinero en su hogar, pero también se equivocó.
Era el domingo al mediodía y ese día su tía no iba a trabajar a la casa. Luego que lo dejó pasar al baño en un descuido, mientras Gladis Casas "se hacía las manos", se escabulló hacia uno de los dormitorios. La mujer notó algo raro, demoraba demasiado, y lo descubrió revisando sus pertenencias.
GOLPES. El joven no dudó. Sacó el martillo y la golpeó varias veces. La mujer cayó aún con la lima de uñas en la mano. El homicida revolvió desesperadamente toda la casa, pero no halló ni un peso. Volvió al baño, se lavó las manos y salió por la puerta principal. El martillo ensangrentado lo tiró en un contenedor de basura, según confesó a la Policía, aunque aún no fue hallado por los investigadores. Las pericias de Policía Técnica hallaron algunas huellas del joven y eso lo puso como sospechoso. Cuando fue detenido se encontraron manchas de sangre en su cinturón y aunque su hermana había lavado el buzo que llevaba el día del crimen, igual se encontraron manchas de sangre de la víctima. La prenda fue encontrada en la casa de la hermana en el barrio Collazo de Melo.
La hermana del homicida fue llevada al juzgado, pero ayer recuperó la libertad.
Unas 300 personas esperaban para verle la cara al asesino. La Policía cortó el tránsito y tomó recaudos ante un posible desborde.
A pesar de que el homicida fue ingresado al juzgado por una puerta lateral, toda la gente lo abucheó al grito de "¡asesino!".
Ante la jueza Anabela Pérez repitió con frialdad todo lo que había confesado a la Policía.
Unas tres horas más tarde la magistrada y la fiscal Patricia Lanzani lo enviaron a prisión por un delito de homicidio muy especialmente agravado. Su concubina espera un niño para los próximos días.