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El episodio ocurrió el miércoles de tarde y lo sufrió un integrante de esta casa que tiene testigos para acreditarlo. Pero no es eso lo que importa, sino que cosas como estas les suceden a muchos habitantes del país, y potencialmente a todos, en cualquier circunstancia.
A las cuatro de la tarde de la hora racional -una más de la que impone el superior gobierno para demostrar que tie- ne una política energética aunque no ahorra nada- caminando en bajada por la calle Zabala hacia la Rambla, la víctima de una desgracia con suerte iba sobre la vereda y su amigo a su izquierda, contra la pared. En ese momento, el agredido oyó un repiquetear de championes y sintió que le hacían una llave sobre su brazo derecho para inmovilizarlo, al tiempo que ve en el bolsillo derecho del pantalón, una mano que algo sacó y se dio a la fuga con una velocidad de atleta olímpico. Apenas pudo reaccionar, el rapiñado comprobó que el ratero sólo le había robado dos billetes de veinte pesos que llevaba en ese bolsillo. Unos cientos de pesos que llevaba en el otro estaban allí, y lo mismo, lo que más duele a veces que se robe, que son los documentos y tarjetas de crédito, por las complicaciones y pérdida de tiempo que ello ocasiona.
Luego pudo ver que a una cuadra, el delincuente lo observaba detenidamente, por lo cual, en un rapto de inconsciencia, el periodista le hizo con una mano un gesto con dedo en alto, y con la izquierda le agitó los billetes que conservó por el error de bolsillo del rapiñero.
Pero eso es parte de la anécdota que no hace al fondo y al problema real.
Lo que importa del incidente es la suerte de poder contarlo, y la tristeza del fracaso de salida del plan de emergencia de la ministra del Interior. Porque el episodio ocurrió en una parte de la Ciudad Vieja de alta concurrencia de público a esas horas, cercana además a hoteles que alojan turistas que pasean por los lugares históricos de la ciudad. Y eso no puede transformarse en una zona de alta peligrosidad, donde no hay un policía en diez cuadras a la redonda.
Simplemente, una más…
Gracias ministra, su diligencia merece el reconocimiento de todos.
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