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El clásico no regaló mucho fútbol, pero sí "patadas", codazos y mucho juego sucio
BUENOS AIRES | DANIEL ROSA
Fútbol, lo que se dice fútbol, hubo poquito. Demasiado escaso si se repasa la integración de uno y otro equipo. Algo de Lionel Messi cuando encendió los motores, buenos pases de Juan Román Riquelme y destellos del "Kun" Agüero. De Uruguay, mejor ni hablar, porque prácticamente no hubo ni una gestación de juego atildado.
¿Qué se vio en el clásico? Horrores uruguayos en el fondo, problemas en la zaga argentina y muchísimo, pero en grandes cantidades, de golpes, codazos, puñetazos y diálogos amenazantes.
La celeste repartió a troche y moche y los dueños de casa no se quedaron para nada cortos. Porque si bien el "Ruso" Pérez y Sebastián Eguren le dejaron los tapones marcados a algún vecino rioplatense, Demichelis y Mascherano también hicieron lo suyo.
La vehemencia con la que se jugó el cotejo hizo recordar a los viejos clásicos de antaño y también ayudó muchísimo para disipar todas las suspicacias que se tejieron en las horas previas sobre una "supuesta gentileza" que debía existir por "ciertos favores" del pasado.
Es más, al ver la forma en la que se miraron Eguren y Mascherano, por ejemplo, o la manera en la que Burdisso quiso arremeter contra el "Pelado" Cáceres, no hay nadie que pueda decir que el choque entre uruguayos y argentinos dejó de ser un clásico.
Aunque es cierto que ellos crecieron muchísimo en el concierto mundial y que a Uruguay le cuesta una barbaridad recuperar el sitial que alguna vez supo tener, ayer en el Monumental de Núñez hubo una especie de "batalla" del Río de la Plata.
Los "cañones" impactaron muy fuerte y en alguna oportunidad en forma grosera. Si hasta Riquelme puso la piernita un poquito de más para sacudir a Suárez. Y hasta Tévez supo cumplir cabalmente con el apodo que se ganó en Argentina, porque en alguna jugada fue una especie de "Apache".
Lo increíble es que los dos combinados hayan terminado el partido sin recibir ninguna tarjeta roja. Ahí falló, y en forma grosera, el paraguayo Carlos Torres, porque tiró amarillas por todos lados, pero se guardó la del color más fuerte en un bolsillo.
Está claro que entre tanto "hachazo" no podía quedar lugar para el lujo y la moña. Quizás por ello, Argentina -sin ignorar que tuvo ráfagas de toque- no logró en el marcador lo que debió conseguir como consecuencia del espectacular comienzo a puro gol.
Cuando terminó el partido los muchachos de la albiceleste se quejaron y bastante de lo que había sucedido en el campo de juego. En algunos casos hasta sembraron la duda sobre una supuesta "mala intención" de sus pares uruguayos.
Cabría preguntarse si no vieron lo que ellos mismos aplicaron. Es que determinar que el "juego sucio" fue solo de los orientales es perder de vista, por ejemplo, la "planchita" que metió Mascherano a Eguren.
Además, hubo amarillas para los dos lados, lo que refleja que no hubo muchachos buenos de un lado solo.
Fue un clásico. No quedan dudas de ello. Se dieron como en bolsa e hizo revivir las viejas contiendas de estas camisetas que tienen en sus vitrinas copas del mundo y medallas olímpicas. Cabe acotar, que fue lo único que se vio.
El martes comienza la segunda rueda de las Eliminatorias. Bolivia recibirá a Uruguay; Paraguay a Perú; Brasil a Colombia; Venezuela a Ecuador y Chile a Argentina. El 27 de marzo de 2009, Uruguay será local ante Paraguay.
El "Pupi" Javier Zanetti es derribado en la mitad de la cancha por el "Cebolla" Cristian Rodríguez que luchó, pero no trascendió en ofensiva. El jugador del Inter fue uno de los que más se quejó por el juego fuerte de los celestes.
Uruguay quedó helado a los 5` del partido. Tras un centro de Juan Román Riquelme, la defensa celeste marcó en falso y en el segundo palo Lionel Messi convirtió con certero golpe de cabeza a la izquierda de Juan Castillo.
El afán de Luis Suárez que no dio ninguna pelota por perdida ambientó el empate con gol oportuno de Diego Lugano cerca del final de la primera parte. La conquista le brindó a los uruguayos una cuota de esperanza que los celestes echaron por tierra en el complemento. ¡Desilusionaron!
No se amedrentó en ningún momento, pero el jugador del Atlético de Madrid sintió el rigor de un cotejo disputado a la antigua, jugado al límite. Diego Godín (foto) se lleva por delante al balón y también al "Kun" Agüero.
Otra muestra de fricción en el encuentro. Jorge Fucile y Maximiliano Pereira tienen constreñido a Carlos Tévez que no puede progresar hacia la ofensiva. El jugador del Manchester United fue revolcado varias veces.
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