EDUARDO DELGADO
Trabajadores de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande reclaman soluciones a problemas de salud que sufren por la contaminación física y química a la que están expuestos. Las autoridades prometen cambios.
La Comisión Técnica Mixta de Salto Grande (CTM) tiene 500 empleados, repartidos en partes iguales entre uruguayos y argentinos. Vibraciones, ruidos fuertes, descargas electromagnéticas y hasta "nieblas de aceite" son fenómenos que decenas de funcionarios afrontan desde hace años.
En 2005, los ministerios de Trabajo de ambos países iniciaron un proceso conjunto y realizaron recomendaciones a la CTM sobre mejoras en las condiciones laborales y de salud de los trabajadores, los que insisten que se cumplan rápidamente, en especial el traslado de los talleres y del personal de mantenimiento fuera de la central, evitando así los ruidos, vibraciones y contaminantes químicos.
Hipoacusias severas, contaminación con ácido hipúrico, asbesto y otros metales y problemas neurológicos irreversibles son algunas de las afecciones sufridas por funcionarios de la represa, comentó el dirigente de la Asociación de Trabajadores Uruguayos de Salto Grande, Luis Pérez Tobler.
Las autoridades de la CTM contrataron a una especialista de la Facultad de Medicina para estudiar la situación y supervisar un plan de corto plazo para el tratamiento de posibles agentes químicos que pueden afectar a los trabajadores, informó el delegado uruguayo en la CTM, Enrique Topolansky. Pero los funcionarios quieren primero que se cumpla con lo recomendado por los ministerios.
TRASLADOS. Días atrás, la directiva de la CTM acordó iniciar el traslado de los empleados de un edificio construido en 1975 y que entre sus materiales tiene asbesto, también conocido como amianto y que en determinadas circunstancias es considerado cancerígeno.
A esto se sumará el traslado de los talleres fuera de la central. Pero la concreción de las dos medidas dependerá del tiempo que insuma la construcción de los edificios destinados para eso, adelantó Topolansky.
Pérez Tobler, en tanto, dijo que el encendido de los aparatos de aire acondicionado produce vibraciones en el edificio con asbesto y que en el polvo hay desprendimiento de partículas de ese material. Topolansky afirmó que los estudios descartaron que el asbesto haya ocasionado problemas de salud a los funcionarios.
En 2005, exámenes a tres empleados registraron ácido hipúrico, proveniente de los solventes e hidrocarburos. El presunto foco de la contaminación fue eliminado. "Ese fue el puntapié de la presencia de este metabolismo", indicó Pérez Tobler. Luego, otros funcionarios registraron valores altos de ácido hipúrico, uno de ellos con daños neurológicos irreversibles leves. Del lado argentino también hubo empleados con daños neurológicos irreversibles en miembros inferiores y uno padeció una hepatitis toxicólogica por este ácido.
Pérez Tobler recordó que en una zona sobre la que pasan lineas de alta tensión, el número de casos de cáncer fue sensiblemente mayor que lo normal. Agregó que una investigación concluyó que los campos electromagnéticos no incidían en esa situación, pero aconsejó otra investigación para conocer el porqué de lo que ocurre y no se hizo.
Respirar el aceite
La "niebla de aceite" es cuando se olfatea el vapor de aceite en el aire, en verano incluso se ven partículas tornasoladas en suspensión. Mediciones de octubre registraron hasta 43 mg por m3, cuando la máxima es de 5 mg, expresó Pérez. "No se puede seguir más con una situación que perjudica la salud de los compañeros".