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Martes 07.10.2008, 02:32 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos

Anuncian la edición de un vasto epistolario de Norman Mailer

Aluvión. Se trata de 52.000 cartas, de las que se publicarán unas ocho mil

EL PAÍS, MADRID | IKER SEISDEDOS

Hacia finales de 1962 uno podía llamar al coloso de las letras estadounidenses Norman Mailer (1923-2007) radical, rebelde, rojo, revolucionario, marginal, foragido, bolchevique, anarquista e incluso conservador de izquierda, Todo eso, pero no liberal.

Así se lo hizo saber al editor de Playboy cuando la revista osó presentar como el enfrentamiento entre un conservador y un liberal, el debate que el intelectual, gran ególatra, y boxeador de los puños y las palabras, mantuvo con William F. Buckley fundador de National Review. Y eso sí que no.

Porque si algo se desprende de la lectura de la correspondencia política mantenida entre 1945 y 2006 por Norman Mailer con escritores, hombres y mujeres de estado, dramaturgos, lectores, premios Nobel y, en general, cualquiera que se pusiese a tiro, es que la beligerancia lo acompañó hasta el final. Se trata de un cuerpo único de 130 cartas que versan sobre política, lo que, en el caso de Mailer equivale a decir "cincuenta años de tiempo estadounidense", según escribió para la introducción de su esencial recopilación de trabajos más o menos periodísticos América -Anagrama-.

Hay epístolas a familiares (padres, tíos y algunas de sus seis mujeres); a mentores (Jean Malaquais, fuerza determinante de su izquierdismo), a amigos o conocidos (Jackie Kennedy, Carlos Fuentes, Allen Ginsberg o Arthur Miller) y, por supuesto, a sus abundantes enemigos, como el inveterado rival Gore Vidal o el senador McCarthy, a quien vía telegrama, también firmado en un arranque alcohólico por los escritores James Jones o William Styron, dijo en plena caza de brujas: "Querido Joe. Nos caes bien, pero, por favor, no seas tan servil".

polémico. La cruzada del comité de Actividades Antiamericanas era la clase de asunto que ponía en marcha la maquinaria de Mailer, suma de ácido análisis, apasionamiento, un ego imbatible y un toque de fanfarronería. Casi ningún acontecimiento de esos 60 años escapó a su tratamiento. Ni la bomba atómica sobre Hiroshima, de la que le escribe a Beatrice, su primera mujer, con preocupación, terror y dudas dos días después de ser soltada; ni la rendición de Japón, de la que fue testigo al final de la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento que marcaría al joven Mailer hasta inspirarle Los desnudos y los muertos, la obra que le valió la fama literaria.

Vio a mujeres guapas y a negros de mediana edad llorar y después pasó 72 horas pegado al televisor tras el asesinato de Kennedy, según le hace saber al actor Mickey Knox en una carta del 17 de diciembre de 1963. En 1971, explicaba en una misiva a Carlos Fuentes que la primera época de Nixon fue, como buen tiempo de transición, peor que un túnel para un fabricante de eslóganes como él. Recomendó en 1994 a Bill Clinton la lectura de su perfil sobre Madonna para convencerse de que el mundo necesitaba una entrevista entre el entonces presidente estadounidense y el gran escritor. Y si nunca consideró a George W. Bush un buen tipo, sí creía ver, según observó en una carta de 2003, "la suerte del diablo" tras él.

En todas esas apreciaciones subyace esa incapacidad para quedarse callado, ese gusto por la agitación y el juicio rápido. Lo que convierte este material en una inmejorable oportunidad para repasar su vida íntima, incluso aunque se eviten asuntos escabrosos como aquella fiesta de 1960 que acabó con el ebrio apuñalamiento de su mujer, Adele, así como en el complemento perfecto a su abundante obra, que siempre, ficción o no, estuvo atravesada por la preocupación por América ("no había duda que toda mi obra versaba sobre ella", escribió). La misma preocupación que le llevó a tomar cartas (éstas, reales) en la política al presentarse en 1969 a alcalde de Nueva York con el columnista Jimmy Breslin (no había secretas intenciones literarias, aseguraba en 1974) o a participar un año antes activamente en el funeral de Bobby Kennedy, a quien había conocido en la realización de su influyente obra Miami y el sitio de Chicago.

CRECIMIENTO. "En el discurso de una persona son fundamentales las pausas y las dudas. Que estas cartas salgan a la luz supone precisamente eso: conocer las pausas y las dudas del discurso político de Norman. En este material se ve su verdadero crecimiento como intelectual", opina Lawrence Schiller, cineasta, fotógrafo y escritor, además de director del legado del autor y la inspiración de uno de los personajes de la novela de Mailer La canción del verdugo. Bajo los auspicios de Schiller, Mike Lennon y un equipo de siete personas han empleado tres años en reunir y clasificar las 52.000 cartas que Mailer escribió y, lo que es más importante, conservó. "Primero, gracias a su madre, quien, convencida del genio de su hijo y de que algún día el mundo desearía leerlas, fue recopilando cada misiva que mandaba. Después, su primera mujer, que hacía copias a carboncillo. Y desde el éxito de Los desnudos y los muertos sus sucesivas secretarias, a las que dictaba las cartas", explica Schiller. Tan ingente material se ha dividido, después de una criba que dejó el total en 8.000 misivas, en la correspondencia política, la literaria, las cartas dirigidas a famosos y lo tocante a temas sociales. Algún día, probablemente de 2011, el conjunto tomará la forma de un libro. La razón de que las primeras en ver la luz sean precisamente las políticas no es otra que la proximidad de las elecciones estadounidenses en las que, Schiller no lo duda, Mailer habría `optado por Obama". Y si se piensa, tiene cierta lógica la elección de este momento y lugar. Podría ser la prueba definitiva de que Mailer nunca pudo evitar influir en la política de su país. Ni siquiera después de muerto.

El País Digital

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