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Una película dedicada al ex-jefe tupamaro Henry Engler se centra en su actual condición de científico de reputación internacional y en su pasado como preso de la dictadura militar. A juzgar por las notas de prensa sobre ese documental y las declaraciones de su director, se habla poco o nada de las andanzas de Engler en el movimiento tupamaro, grupo guerrillero que robó, secuestró y asesinó en nombre de una utópica revolución de cuño castrista. Los responsables de esa obra reconocen que, del pasado guerrillero de Engler, lo que quisieron mostrar fue su saga como preso durante trece años, once de los cuales transcurrieron en duras condiciones de aislamiento.
En cambio, no les interesó exponer la impresionante trayectoria combatiente de este hombre que, en los años sesenta, integró el grupo de acción directa más sanguinario de la guerrilla uruguaya.
En efecto, la propia literatura tupamara siempre lo señaló como uno de los protagonistas e instigadores de los hechos de sangre más reprobables de ese movimiento, entre los cuales figuran nada menos que la cruenta toma de Pando así como la cruel decisión de asesinar al peón rural Pascasio Báez Mena y a los cuatro soldados que hacían guardia ante el domicilio de un alto oficial del Ejército.
En los peores crímenes de los tupamaros, de un modo u otro siempre se cita la intervención de Henry Engler, pero nunca para conciliar, atemperar la violencia o salvar una vida, sino todo lo contrario.
Ese rostro terrible del verdugo permanece velado en la película, en donde se lo retrata más bien como un heroico luchador por la justicia, mártir de la represión desatada en Uruguay en los años setenta, y finalmente, como un meritorio investigador de las neurociencias. Sin justificar en modo alguno los maltratos que se le infirieron y sin pretender mellar un ápice su prestigio científico, hay que decir que la vida de Engler dista mucho de ser ejemplar.
Y un documental que exhibe las facetas positivas de una persona al tiempo que escamotea las negativas, es como una verdad a medias, o sea, una forma de engañar a quienes no vivieron aquellos tiempos turbulentos.
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