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Charlas telefónicas revelarían intento de golpe en Venezuela
CARACAS | EL PAÍS DE MADRID Y AP
Desde que sufrió un golpe de Estado en 2002 que duró 47 horas, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, viene denunciando a menudo complots golpistas y planes de magnicidio. En este caso, la prueba es una conversación telefónica difundida el miércoles. A consecuencia de la charla, cinco militares se encuentran detenidos por un supuesto plan para derrocar -y asesinar- al Presidente.
El sábado, los presuntos implicados fueron presentados en audiencia por la Fiscalía General Militar. No se ha informado con precisión sobre qué delitos les fueron imputados, pero los oficiales quedarán detenidos preventivamente.
La acusación contra estos mandos se basa en una serie de conversaciones telefónicas que habrían mantenido el vicealmirante Carlos Millán y los generales Wilfredo Barroso Herrera y Eduardo Báez Torrealba, en las que abiertamente ventilan planes de asalto al palacio presidencial de Miraflores y manejan la posibilidad de atentar contra el avión presidencial.
"Aquí el objetivo es uno solo: tomar el palacio de Miraflores, si el señor está allí", le comenta el general Wilfredo Barroso al vicealmirante Millán. Por su parte, al general Eduardo Báez Torrealba se le oye decir: "Una de las posibles acciones pudiera ser volarlo (el avión), capturarlo con aviones en el aire o con la tropa de infantería en el aeropuerto, cuando él (Chávez) esté llegando de viaje".
Los tres altos mandos, que alcanzaron importantes cargos en la Fuerza Armada hasta que fueron pasados a retiro, mencionan en sus conversaciones a los jefes militares activos que estarían comprometidos con la acción golpista. El mayor de la aviación Helímenas Labarca, miembro de la Casa Militar, organismo encargado de la seguridad de Chávez, garantizaría el conocimiento de los accesos a Miraflores. El teniente coronel de la Aviación, Ruperto Sánchez, comandante de la Policía Aérea de Maracay, sería quien liderara las operaciones de aviación.
Chávez expulsó la semana pasada al embajador de EE.UU., acusándolo de participar en el complot y también convocó al embajador venezolano en Washington.
Este anuncio -durante un acto de masas al grito de "Váyanse al carajo, yanquis de mierda"- fue realizado tanto para hacer énfasis en que el funcionario diplomático estaba auxiliando esa conspiración, como para mostrar apoyo al presidente boliviano, Evo Morales, quien había tomado una medida similar.
Esta acción fue definida por el portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., como producto de la "debilidad y la desesperación" del Presidente.
Venezuela señaló que el movimiento militar tenía apoyo de EE.UU. y sectores civiles, incluyendo directivos de medios de comunicación. El director del diario El Nacional, Miguel Otero, dijo que el supuesto golpe era otro episodio de" la paranoia presidencial". Y que la acusación "quiere tapar el escándalo" por el caso Antonini Wilson, además de desviar la atención de los problemas económicos y de inseguridad que azotan a Venezuela.
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