REBAR | BUENOS DÍAS
La crisis financiera internacional está haciendo estragos hasta en la economía de países poderosos, a los que se creía al margen de todo riesgo. El hecho ha determinado que muchos personajes famosos -habituados a vivir en la superabundancia- hayan adoptado medidas prontas de seguridad para no terminar su existencia en la más cruel de las ruinas.
El caso de Madonna es realmente conmovedor. No es que vaya a sufrir estrecheces, no... porque ella nació para pasar ventilándose; pero, no duda de que en el futuro inmediato deberá someterse a ciertas privaciones, si no quiere caer en una vejez sólo respaldada por la caridad de sus amigos íntimos. (Claro que, si cada uno de ellos aportara únicamente un dólar mensual, se llegaría a un volumen de ayuda realmente fabuloso).
Madonna Louise Veronica Ciccone (¡qué apellido para un clan mafioso!) actuó a principios de mes en Buenos Aires: se alojó en La Mansión de Four Seasons (ex-Hyatt); le hicieron precio por ser quien es, y le fijaron para su habitación unos 8.000 dólares la noche... pero, eso sí; tenía derecho a dormir en la cama donde alguna vez descansó su talento Henry Kissinger, y en la que Michael Jackson rompió todos los relojes (entre otras variadas roturas).
La reina del pop ya anticipó que en próximas visitas a "su querida Argentina", introducirá algunos cambios en su hospedaje: exigirá un descuento por no usar el aire acondicionado (que no lo necesita, porque bastante aire le entra por todos lados) y, además, reducirá el número de botellas de agua mineral, que consumía hasta ahora en exceso injustificable. Madonna le contaba estos planes a CFK en la entrevista que ésta le concediera en la Casa Ruborizada (perdón, debía decir Rosada) y encontró rápida aprobación en la presidenta, esposa del ex presidente que sigue presidiendo un año después de que asumiera como presidenta la esposa a la que no le permite presidir. (¡Qué lío!... pero es la verdad). "Cris" le agregó a la Ciccone, que también ella se las ingeniará para vivir con menos y gastar mucho menos. Ha pensado en desprenderse de algunos vestidos (50 o 60) de los que lució en sus giras del último noviembre por Estados Unidos y África, durante la cual llegó a cambiarse cinco veces por día: los mandará a remate entre el pueblerío, porque se trata de ropita sencilla al alcance de cualquier descamisado.
Por último, la princesa Ana ha dado un nuevo ejemplo de austeridad inglesa: asistió al reciente enlace de Lady Rose Windsor, con el mismo atuendo que usó en la boda de Carlos y Diana en 1981. Fue sangrienta la pregunta que, en uno de sus pocos días frescos, le disparó el principito Harry: "Tía Ana... ¿de qué te disfrazaste?"...
Amigos: salgo de licencia... También ustedes, como fieles lectores, merecen un descanso. Vuelvo a fines de enero. Sobre el eco que me deja la mención de la princesa inglesa, les expreso mi deseo: ¡Happy New Year!...