SAN SALVADOR | MIGUEL ÁLVAREZ MONTERO
En 1969 El Salvador sostuvo contra Honduras la llamada "Guerra del fútbol" y en 1980 el pequeño país centroamericano se enfrascó en una guerra civil que se prolongó hasta 1992, con 75 mil muertos y la devastación de su economía. Una década y media después, con el país pacificado y las finanzas en alza, el gobierno salvadoreño está ahora embarcado en una nueva batalla, aunque esta vez con un propósito que nada tiene que ver con su pasado bélico: la acción se desarrolla en el área turística, intentando atraer hacia su suelo a los visitantes extranjeros que eligen otros escenarios de la región centroamericana.
La paz trae progreso, se sabe. Un país en pie de guerra, en cambio, ofrece perfectas condiciones para la autodestrucción. Eso es lo que ocurrió en el Salvador en gran parte del siglo pasado, con una sucesión de hechos que la información internacional no necesitó magnificar, ya que aún mirados objetivamente fueron merecedores de títulos en letra mayúscula: a partir de 1930 hubo golpes de Estado, dictaduras militares, elecciones de dudosa cristalinidad, una guerra con la vecina Honduras, una guerrilla urbana y rural que dio oscura fama internacional al Frente Farabundo Martí y la convergencia de hechos dramáticos que desembocaron en una guerra civil de doce años de duración, cuya chispa la encendió el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, acaecido en el preciso momento en que oficiaba misa.
Todas esas noticias se fueron diseminando por el mundo y redondeando la imagen de que El Salvador era el país más conflictivo de América Central, aquel al que nadie quería ir.
Hoy, empero, con la pacificación firmada en 1992 en el territorio neutral de México (el 16 de enero en el castillo de Chapultepec), la realidad salvadoreña es otra: los guerrilleros del Frente Farabundo Martí no sólo depusieron las armas sino que se constituyeron en partido político aceptando las reglas democráticas; la economía comenzó a crecer y con su auge surgió una clase media que antes no existía (sólo había un pequeño puñado de familias muy ricas y una amplísima mayoría de indigentes). Y como lógica consecuencia de ese aquietamiento de las turbulencias, el actual gobierno empezó a pensar en una apuesta novedosa: el turismo.
A esos efectos creó en 2005 un ministerio del ramo que está llevando a cabo una agresiva política para atraer visitantes, entre cuyas acciones se incluyó la invitación a este periodista uruguayo y a otros 12 de distintos países del continente para recorrer el país y apreciar lo que la nación centroamericana tiene para ofrecer al visitante.
"LA GUERRA DEL FÚTBOL". No se puede hablar del actual El Salvador turístico sin repasar antes algunos hechos significativos de esa historia del último medio siglo. La "guerra del fútbol", por ejemplo, tuvo lugar en unos pocos días de 1969, antes que los organismos políticos continentales mediaran para acabar con ese absurdo conflicto vecinal. El nombre con el que se popularizó -"guerra del fútbol"- proviene de una de las facetas que encendió la mecha: la agresión sufrida por hinchas hondureños en el estadio de San Salvador, cuando se disputaba un partido por las eliminatorias mundialistas de México `70. En realidad el fútbol fue apenas el detonante, porque el verdadero fondo estuvo más allá de las enardecidas tribunas. Fue un "crescendo" por el trato discriminatorio que Honduras dispensaba a los salvadoreños radicados en aquel país: de las protestas particulares se pasaron a las oficiales y de los papeles de cancillería a la acción armada. El Salvador bombardeó por aire suelo hondureño, hubo una inmediata respuesta también aérea de Honduras y en pocas horas ardió la frontera. La OEA logró al final llamar a la cordura y hoy, aún con los resabios de aquel conflicto, el respeto vecinal es el que prima.
LA GUERRA CIVIL. Por su parte la guerra civil de 1980 a 1992 tuvo acciones y consecuencias mucho más graves. Hay que recordar que eran tiempos en que la guerrilla izquierdista se diseminaba como reguero de pólvora por América Latina, alentada por la Conferencia Tricontinental de La Habana que proclamó "el derecho de los pueblos a la insurrección armada" y, en el caso salvadoreño, también estimulada por su vecino Nicaragua, donde el "sandinismo" estaba ya instalado en el poder.
Un gatillo apretado por dedos paramilitares segó la vida de Monseñor Romero en pleno oficio religioso y eso desbordó el vaso: una multitud indignada se reunió en el velatorio y la crispada protesta trajo una durísima represión militar, con heridos y muertos. En pocos días más la guerra civil estaba instalada. Habría que aclarar que Monseñor Romero era visto como hombre de ultra izquierda por los militares, por el solo hecho de que en reiteradas homilías había exhortado a los soldados a no disparar contra sus hermanos en aquellos turbulentos días del comienzo de las acciones sediciosas. "Era un sacerdote, un humanista, pero no era el peligro rojo que los militares pensaban", dijo un salvadoreño a este periodista, recordando que también exhortaba a los guerrilleros a no matar.
Encendidas las pasiones, las armas insurgentes llegaron "made in Rusia", cuando todavía faltaban diez años para que el comunismo soviético se desvaneciera. Por su parte el gobierno militar de Napoleón Duarte contaba con el apoyo de armamento "made in USA", y así las fuerzas de un lado y otro se hicieron parejas. El país se partió en dos, la economía se paralizó, hubo ciudades "tomadas" por los comandos guerrilleros, combates a diario en zonas rurales montañosas y en ciudades como Santa Ana y Suchitoto, donde las perforaciones de las metrallas lucen aún hoy en los frentes de muchísimas viviendas.
La guerra civil pareció no tener fin hasta que la caída del comunismo en Rusia -que dejó sin apoyo económico a la guerrilla- y la prolongación en el tiempo de la matanza entre hermanos (75 mil muertos en 12 años) condujeron a la sensatez de las partes: firmaron en 1992 en México un tratado de pacificación con deposición de las armas por parte del Frente Farabundo Martí, la aceptación de los guerrilleros en constituirse en partido político y el asentimiento del gobierno a disminuir el número de efectivos militares. A partir de entonces la lección fue aprendida: hubo desde 1992 hasta el presente cuatro elecciones presidenciales sin que la violencia se haya vuelto a asomar. Es más: si bien en las cuatro elecciones triunfó el partido de derecha ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), el FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), con varios de los ex comandantes guerrilleros en primera línea, logró algunas alcaldías, entre ellas la de la capital.
EL FUTURO POLÍTICO. Las encuestas para los comicios presidenciales de marzo próximo vienen por ahora otorgando ventajas de hasta un 14% de diferencia a favor de la izquierda, cuya estrategia, esta vez, fue postular la candidatura presidencial no de un ex comandante guerrillero, sino de un periodista con fama de intelectual -Mauricio Funes- que no levanta resquemores por su pasado. Es un izquierdista moderado, carismático e inteligente, que en la "mass media" despierta mayores simpatías que su rival, el oficialista Rodrigo Ávila. Y no es que éste disguste ni que sea la víctima del "natural desgaste del poder", ocurre simplemente que después de cuatro períodos de ARENA muchos salvadoreños quieren darle una oportunidad a la oposición. ¿Puede un eventual triunfo del Frente Farabundo Martí cambiar muchas cosas en este país de economía en alza y con una apuesta al turismo como nueva "industria" proveedora de ingresos? Es una incógnita, por supuesto, aunque salvadoreños consultados por este periodista aseguraron que en lo que específicamente hace al turismo, hay consenso en que el mismo no es política de gobierno, sino de Estado. Y que aún con otros gobernantes se mantendrá la línea emprendida.
Por lo demás, El Salvador -que tiene un TLC con Estados Unidos- se sustenta hoy económicamente con exportaciones de café, azúcar, textiles, camarones, alguna rama de la industria química y -caso casi único en el mundo- por las remesas que envían los salvadoreños que viven en Estados Unidos, las que ayudan a enjuagar el déficit de la balanza comercial. En efecto, se calcula que hay 3 millones de ciudadanos de El Salvador viviendo legal o ilegalmente en USA y que el dinero que esa importante masa envía a sus familias es una suma de tal magnitud que significa casi el 20% del PBI del país, superando a las exportaciones de café, aunque parezca sorprendente.
Claro que la actual recesión mundial hace temer por la disminución de esas remesas, pero ahí es donde el incremento del turismo puede jugar un importante papel para que la balanza vuelva a equilibrarse.
EL TURISMO. Luego de redondear a "grosso modo" la historia reciente salvadoreña, vamos a explayarnos sobre El Salvador turístico, que es lo que el ministerio del ramo pretendió al invitar a trece periodistas a recorrer durante una semana el país. Ruben Rochi, secretario de esa cartera (que, al margen de la nota, insistió en que le expresáramos su cálido saludo a su colega uruguayo Héctor Lezcano), sostuvo ante el grupo extranjero que la apuesta está dando resultados. En 2007, por ejemplo, el turismo creció 15% respecto al año anterior y en este año se espera que el porcentaje siga en aumento, aún admitiendo que la crisis internacional puede hacer descender el flujo de visitantes en los próximos meses. En números reales, los turistas que anualmente llegan a El Salvador se acercan al millón y medio de personas. Claro, el país tiene la ventaja del clima estival durante todo el año, por lo que la temporada es larga.
¿Qué es lo que el país ofrece a sus visitantes? Un acollaramiento de playas sobre el Pacífico, ruinas arqueológicas de la época maya, el misterio de sus volcanes, algunos pequeños pueblos coloniales muy bien conservados y esa capital que es un permanente contraste entre el primer mundo y la indigencia. La apuesta oficial -bajo el slogan algo exagerado de "El Salvador es impresionante"- es hacer conocer esa marca en el mundo y posicionar al país en el mapa mundial del turismo. Por ahora, los visitantes llegan fundamentalmente de los países vecinos, pero pueden verse también de América del Norte y acaso con esta recorrida de periodistas sudamericanos se espera el objetivo de acarrear hacia allí turistas del Sur continental. La estrategia a corto plazo es apuntar también a la llegada de europeos.
Algunos planes inmediatos son aumentar la planta hotelera y darle un salto de calidad a la oferta de servicios, de manera que aquellos lugares llamativos desde el punto de vista turístico (como los volcanes o las ruinas mayas) ofrezcan al visitante una mejor infraestructura en su entorno.
las ruinas mayas. De los asentamientos arqueológicos mayas, el más llamativo se llama El Tazumal, con la clásica pirámide mística de aquella cultura, escalinatas de piedra (donde seguramente rodaban cabezas de los sacrificios humanos) y el ancho espacio verde donde los indígenas realizaban el "juego de pelota", un deporte peligroso para quién perdía, porque según el humor del soberano maya también podía perder su vida. Cabe advertir que cuando los españoles llegaron a El Salvador no encontraron mayas, sino los restos arqueológicos de su civilización. Quienes poblaban el lugar eran los "pipiles", descendientes de aquellos, cuyo nombre de la traducción indígena significa "hombres bajos de voz chillona". Es fácil imaginar su apariencia.
Se pueden visitar también otros asentamientos de la época maya, dentro de lo que turísticamente llaman "la ruta arqueológica" y que, de acuerdo a las escasas dimensiones del país (todo no es más que la suma de Canelones, Maldonado y Rocha) se puede visitar desde San Salvador y volver en el día. Joya de Cerén es el descubrimiento más reciente, que tiene como particularidad ser el único lugar de toda la región maya (incluyendo México y Guatemala) donde se puede imaginar la vida rutinaria de aquella civilización, ya que el sitio fue sorpresivamente cubierto por un volcán (el "Laguna Caldera") que 1.400 años atrás erupcionó de noche sorprendiendo a sus habitantes en plenas tareas de preparación de la cena. Algo similar a lo que ocurrió con Pompeya en Italia. Las excavaciones realizadas bajo más de 3 metros de cenizas volcánicas permitieron -dadas las características- aprender mucho sobre la cotidianeidad de los mayas.
También hay otros lugares como San Andrés o el sitio Casablanca, que se pueden complementar con una visita al Museo Nacional de Arqueología (en la capital) donde se custodian las piezas de alfarería encontradas en los asentamientos mayas, cuyas réplicas ofrecen decenas de pequeños comercios o ambulantes por todo el país, a precios que van de los 8 dólares a los 40.
LOS VOLCANES. La geografía salvadoreña no se concibe sin la vista casi ininterrumpida de los picos montañosos cercenados en su cumbre por una boca amenazante y a veces humeante: se trata de una veintena de volcanes que forman una impresionante cadena a lo largo y ancho del pequeño país. El más cercano a la capital es El Boquerón, al que en sus últimos tramos se sube a pie, por un sinuoso camino con mucha vegetación, hasta alcanzar esa visión impactante de mirar hacia abajo por su cráter y saber que el mismo conecta con las entrañas de la Tierra. Está desde hace muchísimos años inactivo, pero con los volcanes nunca se sabe…
Lo que los salvadoreños denominan el Parque Nacional Los Volcanes está conformado por otros picos tan atractivos como amenazantes. El Cerro Verde, el Izalco y el Santa Ana (o Ilamatepec en la denominación indígena), que tiene más de 2.300 metros de altura, hasta cuya boca se puede llegar en una caminata de cuatro horas que valdrá la pena hacer. La caminata se hace, obviamente, acompañado de un guía del lugar que en el trayecto irá dando muestras de sus conocimientos de las aves y la variedad arbórea con que el caminante tropezará. Al llegar a la boca y descender unos pasos por la misma, no podrá dejar de fluir la adrenalina al saberse que si despertara de repente, todo -incluyendo a uno- lo achicharrará la lava. No obstante, el guía asegura que por ahora duerme, aunque -como ya expresáramos- con los volcanes nunca se sabe...
También están el San Miguel, este sí activo, que produce cada tanto nubes eruptivas de polvo y ceniza. Y el San Vicente con su doble pico, el Guazapa, el Chingo y el Usulután. Al Izalco lo llaman "el faro del Pacífico", ya que durante casi 200 años erupcionó sin cesar, siendo su chisporroteo avistado desde el océano por los barcos. Increíblemente, en la víspera de la inauguración de un hotel con primerísima vista sobre su cráter, la montaña se apagó para siempre, como queriendo la naturaleza darle la espalda al comercio turístico.
En ruta hacia los volcanes (que puede hacerse en el día desde la capital, aunque hay también atractivos hoteles de montaña para pernoctar) tendrá el turista la posibilidad de apreciar vistas desde la altura hacia algunos lagos -como el Coatepeque o el Ilopango- que fueran otrora las bocas de sendos volcanes. Sus aguas tienen temperaturas permanentes de 26 grados, lo que las hace muy atractivas para el buceo.
LAS PLAYAS. El Salvador tiene costas sólo hacia el Pacífico. Y la apuesta turística del país es saber aprovechar bien el atractivo de sus playas, sumamente apreciadas por los surfistas por sus olas largas.
Un extenso acollaramiento de hoteles de primer nivel se formó en la llamada "Costa del Sol", casi todos ellos con idénticas características: lobbies abiertos sin puertas ni ventanas porque la temperatura es cálida todo el año, piscinas enormes con sus islas y bares, y la playa a continuación, como dando una opción al pasajero. El sistema suele ser "all inclusive" y los precios por pareja van desde los 70 a los 140 dólares.
De todos los vistos por el grupo de periodistas visitantes el "Decamerón" resultó el más atractivo: es un enorme complejo con 7 piscinas, 14 restaurantes, una decena de bares, discoteca, teatro, diversas canchas deportivas, sala de convenciones y hasta una enorme piscina de agua salada sobre la playa, llenada por la ola que llega mansa. También tiene sistema "all inclusive" y un precio que justifica que sus 500 habitaciones estén siempre llenas: 79 dólares la pareja.
Cerca de las playas podrá encontrarse algún pueblo de pureza colonial, como Suchitoto, con sus fachadas blancas, sus techos de teja y su plaza rodeada de pórticos encolumnados donde se alinean infinidad de pequeñas tiendas de artesanías locales.
En fin, quizás no sea el destino más recomendable para el que hace su primer viaje, pero aquel que ya conoce algo más del ancho mundo, tendrá en El Salvador atractivos que seguramente sabrá apreciar.
Viajando por Copa Airlines
Hay, seguramente, diversas formas de llegar a El Salvador por vía aérea, pero este periodista lo hizo por Copa Airlines y lo recomienda. Hay seis vuelos semanales directos entre Montevideo y Panamá (7 horas de viaje) y conexión con menos de una hora de espera hacia San Salvador (menos de 2 horas de vuelo). Tanto en el viaje de ida como el de vuelta los vuelos salieron puntuales, lo que hoy no deja de ser un mérito. Y lo mismo ocurrió (según sus testimonios) con los demás periodistas que viajaron desde Argentina, Brasil, Chile, Perú, Colombia, Panamá, Puerto Rico y República Dominicana.