LONDRES | THE ECONOMIST
Si bien los musulmanes son menos del 4% del total de la población de la Unión Europea, su concentración en zonas urbanas está alterando el panorama de algunas ciudades, donde la transformación del continente en Euroarabia no suena absurdo.
En algunos lugares, las malas relaciones entre musulmanes, miembros de otras comunidades y las autoridades crean oportunidades políticas para la extrema derecha. Por ejemplo, en la zona este de Londres, los planes para la construcción de una mega mezquita cerca del ámbito de los Juegos Olímpicos de 2012, suscitan airada polémica. En las zonas más difíciles del norte de París, hay peleas entre musulmanes y judíos. En ciudades italianas, donde los musulmanes son numerosos pero muy pocos pueden votar, los católicos y seculares se han unido para frenar la construcción de mezquitas. Hablar de una guerra de civilizaciones en las calles de Europa está fuera de lugar en un aspecto: minimiza la capacidad de la política en países democráticos, especialmente de la política local, de adaptarse a los nuevos fenómenos sociales. Se necesitan compromisos y la formación de coaliciones para que las ciudades puedan funcionar.
En Londres, muchos esperaban un cambio de actitudes municipales hacia el Islam cuando el conservador Boris Johnson asumió como alcalde en lugar del izquierdista Ken Livingstone. Pero, cuando terminó el ayuno de Ramadán, Johnson trabajó intensamente como sus antecesores con el Consejo Musulmán de Gran Bretaña, para realizar una celebración islamista en Trafalgar Square.
Está el caso de Rotterdam, donde Ahmed Aboutaleb, un musulmán oriundo de Marruecos, asumirá en poco tiempo como alcalde. A la luz de la realidad, Rotterdam tiene todos los ingredientes para una pesadilla euroarábe. Su población musulmana -al menos, 13% del total, aunque algunos la sitúan en nivel mayor- está concentrada en algunos distritos pobres. Hay una gran clase media blanca y es la ciudad de Pim Fortuyn, el político gay que criticaba con dureza a los musulmanes, quien fue asesinado en 2002. Un grupo creado por Fortuyn, se mantiene activo, aunque perdió el control de la alcaldía ante una coalición encabezada por los laboristas, en 2006. Sin embargo, la actitud de los habitantes de Rotterdam es de compromiso.
Aboutaleb señala que los ciudadanos musulmanes deben comprender a los holandeses de más edad, que temen salir de sus hogares porque los barrios han cambiado. Sostiene que los musulmanes tienen derecho a considerar a Holanda su hogar y practicar el Islam, aunque deben aceptar las bases de la democracia y de igualdad entre los sexos. En un futuro previsible, no se escuchará el llamado a la oración en los muelles de Rotterdam, porque sería demasiado provocador, como dice un Edil oriundo de Turquía.
En la zona este de Londres se permite estacionar en doble fila, cada viernes, cuando las calles se llenan de concurrentes a las mezquitas. En Molenbeek (Bélgica), situada a pocos kilómetros de Bruselas, donde están las instituciones de la UE, se prohíbe el tránsito de vehículos durante las festividades musulmanas.
SOLUCIÓN. Un caso de pragmatismo local ocurre en Lyon (Francia), donde 16.400 alumnos de escuelas retornaron de las vacaciones de mitad de año y encontraron un nuevo menú para el almuerzo. Junto con el esperado plato de carne -sauté de dinde- había una alternativa sin carne. Si bien no fue presentado de esa manera, el cambio fue una respuesta al hecho de que muchos musulmanes no comen carne, a menos que el animal haya sido faenado al estilo halal. En algunas escuelas, alrededor del 40% de los alumnos salteaba el almuerzo. El Consejo Municipal de Lyon es el primero en Francia que introduce en las escuelas lo que, a la defensiva, denomina un "menú secular". Sus almuerzos sin carne son un prolijo compromiso. Un gesto a los vegetarianos permitió evitar un problema que debía ser abordado, en un departamento donde viven 300.000 musulmanes (el 19% de la población).
LÍMITES. El profesor de la Universidad de Boston, Jonathan Laurence, sostiene que el pragmatismo local muchas veces funciona mejor que las posturas entre los gobiernos nacionales y las organizaciones musulmanas. Hay expectativas demasiado altas y los gobiernos nacionales quieren resolver todas sus preocupaciones en materia de seguridad y estabilidad política, mientras del lado musulmán existe rivalidad entre grupos étnicos y una inclinación a mostrar la fuerza. Pero, Laurence puntualiza que para que los acuerdos a nivel local funcionen, debe existir algun grado de consenso nacional sobre los límites de la libertad cultural.
Más allá del poder de asimilación de la democracia a nivel de ciudades, nada es infinito. De Amsterdam a Leicester, las urbes que prosperan con la diversidad podrían enfrentar problemas si la presión económica pone fin a la generosidad municipal que mantiene contentos a todos los grupos. Pero, hay suficientes ejemplos de relación entre musulmanes y no muslmanes, que conviven a través de las transacciones de la política en el ámbito local y desmienten a los fatalistas.
En la Europa urbana, no hay nada predestinado sobre el choque de civilizaciones.
La cifra
24 Es el porcentaje de los habitantes de Amsterdam de origen musulmán. En Marsella es el 20 por ciento y en Viena, el 8 por ciento.