Parió la abuela

JUAN MARTÍN POSADAS

El domingo pasado tuvo lugar el Congreso del Frente Amplio. Ese evento dejó traslucir el designio de los aparatos del Frente y de los militantes más activos de hacer un escarmiento público con Astori y, por extensión, con Vázquez.

Yo escribí hace unos meses en este mismo lugar que el Frente Amplio ya no era el mismo de la elección anterior: "El Frente se ha convertido en bifronte. Astori y Mujica no son meramente dos precandidatos: son las dos caras del Frente, son la representación personalizada de los dos destinos finales que traía embarullada la ola de votos de la elección pasada. (…) Las aspiraciones personales siempre juegan, por supuesto, pero no hay dos candidatos porque Astori y Mujica sean unos porfiados; se ha dado una dinámica espontánea que ha llevado a que el Frente no pudiera seguir más en la indefinición que fue su atractivo y garantía de triunfo. La realidad pudo más que todos los arbitrios de sensatez o conveniencia. Ahora lo que se va a elegir es un destino" (El País, 7-IX-08).

En el Congreso del domingo perdió el Frente que está gobernando y ganó el otro.

Perdió en la liga. El Congreso del Frente -como sucede en casi todos los órganos de conducción dominados por la izquierda (PIT, FEUU, etc.) fue arreglado. Se permitió votar por más de un candidato (hubo un 170% de votación), se hicieron los cálculos en el cuartito, se dieron las órdenes y se consiguió no sólo que ganara Mujica sino que Astori saliera atrás de Carámbula que ni había tomado la cosa en serio y casi no era candidato. El triunfo electoral del Frente Amplio en las elecciones nacionales pasadas abrió la puerta a un progreso político específico; concretamente significó la incorporación efectiva de la izquierda al elenco de partidos que representan a la sociedad uruguaya y tienen acceso a la rotación en el gobierno. Se ganó en veracidad política; Uruguay pasó a tener un gobierno de izquierda, como lo tiene Chile o Brasil y, no obstante los desaciertos en la gestión, no se acabó el mundo. Nuestro sistema político demostró que puede integrar las fuerzas que son significativas y no se destruye en el proceso. Todo eso fue un progreso. También parecía haber desactivado la expectativa mesiánica (que siempre es apolítica). Ahora bien: esa izquierda fue derrotada. Aplastada. No lo fue por los partidos tradicionales sino por el otro Frente Amplio, el que cocinó el Congreso. Esa, la del Congreso, es una izquierda fundacional: considera que todos los otros partidos y los gobiernos anteriores (incluido el del Frente gobernante) son antipopulares, oligárquicos y burgueses y que el proceso de liberación comenzará (se fundará) cuando ellos ganen el gobierno. Esa izquierda es la que arregló el Congreso y ganó el Congreso.

Se sabe que hoy los partidos políticos uruguayos están compuestos por un cerno -que los politólogos llaman piso- y un montón de electorado fluctuante, más numeroso que el cerno, que los partidos reciben (o pierden) en cada elección. Preguntémonos: ¿cuál de los dos Frentes Amplios -el que gobierna o el fundante- es más numeroso? ¿Cómo se manejará para las elecciones que vienen el Frente que ganó el Congreso? ¿Cómo las enfrentará el Frente que perdió? ¿Y cómo resolverá el electorado fluctuante, el que engrosó al Frente que gobierna, la sorpresa de ver que para la próxima elección hay dos Frentes? Como escribí en septiembre: "los votantes de ayer tendrán que ponerse a pensar cuál de los dos Frentes quieren". En la que viene se va a elegir un destino.

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