La asunción de Obama movilizará un "ejército"

20 de enero. Unos 20 mil hombres vigilarán la ceremonia de traspaso presidencial

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DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE

Cerca de 20 mil hombres de los servicios secretos, el FBI y las Fuerzas Armadas estarán encargados de vigilar la ceremonia de asunción presidencial de Barack Obama el 20 de enero. Se estima que pueden llegar a Washington 4 millones de personas.

Está todo listo para la Ceremonia de Inauguración, como llaman oficialmente a la toma de posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos, el martes 20 de enero al mediodía.

Hay euforia de los fanáticos de Obama, esperanza de otra gran mayoría por el anunciado "cambio", con bombos y platillos, de las políticas interna e internacional, en medio de un clima de angustia por la recesión económica.

También están los que rechazan de lleno y que no pueden imaginar -son los menos pero más radicales- a un hombre de raza negra ingresando por la puerta grande de la Casa Blanca, a la vez que en peligroso silencio y ocultos, se sabe que existen decenas de desequilibrados franco tiradores, que toman el fusil y disparan al "montón" en una escuela, universidad, puerta de un supermercado o un parque público.

Hay un dato que produce escalofríos. Existen más de 200 millones de armas de fuego con permiso legal, en manos de particulares, otorgadas sin grandes indagaciones sobre la trayectoria y veracidad de los documentos apenas exhibidos por los propietarios a la hora de la compra, del fusil, revólver o pistola. "Vendemos todo tipo de armas, no entre si busca misiles o cañones", avisaba como llamador un destacado cartel en un comercio de armas de Los Ángeles, con cierto humor negro, pero sin duda un toque de alarma para el vecino calmo y pacifista o el extraño.

"La Constitución permite el uso de armas a los ciudadanos estadounidenses", sostienen los defensores del uso en manos particulares basados en la Segunda Enmienda Constitucional aprobada en 1897. Hay ciertas limitaciones en Washington, Nueva York y Chicago. Pero la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por la sigla en inglés), su más ferviente defensora, tiene una gran cantidad de adherentes y peso, y entrega fuertes cantidades de dinero a la hora de las campañas electorales.

Y la alarma por el arribo de Obama a la Presidencia no sólo surge de fuerzas ocultas dentro del país. Los servicios de inteligencia y los medios han captado numerosas amenazas de atentados de grupos terroristas cercanos a Al Qaeda.

En mayo de 2007, Barack Obama comenzó a recibir, como candidato a la Presidencia, una fuerte protección. A esa altura los servicios secretos habían captado más de 500 amenazas de muerte, hoy investigadas y el mayor porcentaje descartadas.

También el vicepresidente electo, Joe Biden, la esposa de Obama, Michelle, y sus dos hijas, Malia y Sasha, son vigiladas por los servicios especiales día y noche.

La vida para la familia del presidente electo y el entorno ha cambiado radicalmente. No pueden salir a la calle y pasar de la puerta de la casa hacia el exterior, sin haber avisado antes de su destino (controlado palmo a palmo por los servicios). Ocurre con las dos niñas cuando van a la escuela, todavía en Chicago y con Obama en los mínimos detalles. Pocos días después de la elección del 4 de noviembre, el futuro mandatario, acompañado por un séquito de adiestrados secuaces y en auto, llegó hasta la peluquería que lo atiende desde largo tiempo. Estaba sentado en el sillón habitual bajo la batuta del "fígaro" de siempre, cuando a través de la vidriera lo descubrieron. A los cinco minutos había más de 300 personas agolpadas en la cuadra. Desde ese día y una vez por semana el amigo peluquero concurre con su valija de mano y los utensilios al domicilio de Obama.

Su casa se ha transformado en un "santuario" con vigilancia constante las 24 horas, interna, callejera y desde las azoteas vecinas. Las calles del entorno clausuradas y con fuerte custodia que exige identificación.

El presidente electo, aparte de trasladarse a su cuartel general de la transición en un hotel de Chicago, donde pasa la mayor parte del día junto a sus colaboradores y recibe distintas y numerosas visitas, se hace una escapada de un par de horas al gimnasio (siempre con su fuerte escolta) y juega unos "picados" de basquetbol con sus amigos y parte de la comitiva.

El jefe de cocina de un restaurante italiano, "Spiaggia", al cual son "habitué" los Obama, confesó que desde hace años el matrimonio llegaba solo y se sentaba en la misma mesa. "Las dos últimas veces vinieron ellos y más de 30 agentes de seguridad, lógicamente que olvidados de la tranquilidad, los comentarios en voz alta y el tumulto en el exterior. Eso fue inevitable", enfatizó el "chef".

El cigarrillo casi lo ha abandonado, aunque después de las comidas, todavía mantiene la costumbre ante la mirada reprobatoria de toda la familia. Hace unos días se registró un episodio con su celular, utensilio que maneja el presidente electo hasta ahora como un constante hábito. Es un medio que le ha resultado de gran utilidad a lo largo de sus tareas de congresista y durante la larga campaña electoral. Los servicios secretos le alertaron que como presidente en funciones debía dejar de utilizar el celular y no atender más el teléfono directamente. Obama, en principio, resistió el aviso. Y se le hizo una prueba concluyente. Hace unos días se trasladó a otro Estado. Al regreso le exhibieron un documento donde se detallaban los lugares que había visitado. Se había detectado cada uno de sus movimientos a través del celular.

La Ceremonia de Inauguración, o jura del cargo de la presidencia, está programada hasta los mínimos detalles. Se ocupa de la tarea un comité designado por el presidente electo y los distintos servicios del Estado, desde la policía estatal a las Fuerzas Armadas.

Obama, su familia, asesores y demás allegados, partirán el 17 de enero en ferrocarril, fletado especialmente, desde Filadelfia. Se detendrán en Wilmington, Delaware, para recoger al vice electo Joe Biden y su familia, para luego seguir a Baltimore, donde se realizará un acto público, y comparecer a Washington DC por la mañana del 20 de enero.

La ceremonia central, el Juramento Presidencial, se realizará en las escalinatas del Congreso delante de 500 invitados especiales. Habrá luego un almuerzo. Y en las primeras horas de la tarde la comitiva, con el presidente y familia en una limusina Cadillac blindada, seguida por un cortejo de seguridad de camionetas 4 por 4 y centenares de hombres de seguridad caminando al costado de los vehículos, se dirigirá en lo que se denomina "la Gran Parada", en medio de bandas y orquestas y un público que podrá acceder a la avenida Pennsylvania desde las 7 de la mañana a las 19 horas.

Las estimaciones sobre concurrencia son impredecibles. Todo comenzó con un cálculo oficial de que llegarían para los actos 1.400.000 personas. Hoy hablan con bastante autoridad por los reservas y llamados, de una cifra cercana a los 4 millones. Una cantidad histórica, récord, jamás vista hasta ahora en el día de la inauguración de un período presidencial.

No se sabe aún si Obama y su familia descenderán del auto para saludar al público en las calles. Los servicios no lo recomiendan, pero nadie cree que no lo hagan. Seguirán luego hasta pasar frente a dos palcos gigantescos que ya se levantaron a las puertas de la Casa Blanca, destinados para los "super invitados".

Se estima que entre gente del Servicio Secreto, policía local de Washington DC, personal de FBI, guardacostas en gomones y lanchas especiales custodiando desde el río Potomac, tropas del Ejército en las esquinas y estaciones de Metro (salvo dos estaciones, las demás permanecerán cerradas) y la Fuerza Aérea sobrevolando toda la zona en helicópteros y aviones ultrarrápidos, se superarán los casi 20 mil efectivos, tanto uniformados como de particular.

El público, desde la hora de acceso a las avenidas principales, será controlado por aparatos especiales, entre ellos 2.200 magnetómetros, capaces de revisar a 1.500.000 personas sin aglomeraciones.

En todas las azoteas de los edificios cercanos se ubicarán francotiradores con catalejos para no perder detalle de la ceremonia y el entorno. Se ha prohibido en todos esos edificios, museos, oficinas públicas y privadas, que se abran las ventanas durante los horarios de los actos y se harán severos controles previos.

Aparentemente, el tema seguridad ha sido y es revisado al detalle. Hay tranquilidad. Pero sin duda es una ceremonia diferente, con un protagonista diferente y un público fanatizado y diferente por su cantidad que desbordará las estimaciones más optimistas. Y nadie deja de mencionar que Estados Unidos vio asesinados a cuatro de sus presidentes: Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley y John F. Kennedy.

Las risas y travesuras de los niños volverán a Casa Blanca

Washington | Tuvieron que pasar 32 años para que el llanto y las travesuras de los niños volvieran a la casa ubicada en el 1600 de la Avenida Pennsylvania, en Washington. El próximo 20 de enero, Natasha y Malia Ann -dos niñas de 7 y 10 años, hijas del próximo presidente de Estados Unidos, Barack Obama- romperán con risas y juegos el silencio y la compostura del mundo adulto que reinaron en la Casa Blanca con los gobiernos de Ronald Reagan, George Bush padre, Bill Clinton y George W. Bush.

El último presidente que llevó niños a la residencia oficial fue Jimmy Carter, que llegó al poder en 1977, cuando su pequeña Amy tenía 9 años.

La hija de Clinton (Chelsea) y las del actual mandatario (Janna y Barbara) llamaron la atención de los medios por su edad -y por sus escándalos en el caso de las gemelas-, pero llegaron a la mansión ya adolescentes (tenían 13 años).

Ahora es distinto: Malia y Sasha hicieron que se desempolven de los viejos archivos las fotos de Amy Carter sentada en el sillón presidencial, o de John Kennedy Jr. jugando en el despacho Oval, mientras su padre comandaba el destino de la potencia más grande del mundo.

Se cree que los inquilinos más pequeños que tuvo la Casa Blanca fueron los hermanos Kennedy (además de John Jr. estaba Caroline, que tenía tres años cuando su padre ganó la presidencia en 1960). Pero los archivos de la mansión, publicados en su página web, señalan que alguien llegó al mundo dentro de la casa. Esther, nacida el 9 de septiembre de 1893, hija de Grover Cleveland (1893-1897) y su esposa Frances. Un caso que pasó a la historia es el de Thomas, el menor de los hijos de Abraham Lincoln (1861-1865), conocido por asustar a cualquiera que llegara a la residencia, haciendo sonar, al mismo tiempo, todos los timbres de la vivienda.

Noah McCollough, autor del libro "Primero los niños", citó otro caso en una entrevista reciente a la CNN: "Con las travesuras también llega la presión (...) Los hijos de John Quincy Adams (1825-1829) se volvieron alcohólicos por no poder llenar las expectativas de su padre". Dos de ellos, George Washington y John Adams II, murieron a los 28 y a los 31 años.

Ya en el siglo XX, se presenta el caso de Jenna, una de las gemelas de Bush, que falsificó un documento para poder comprar alcohol. el tiempo/GDA

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