Un mundo en peligro

A veces la gente cree que los científicos pueden solucionarlo todo. Pero la gente se equivoca, porque en ciertas ocasiones los científicos sólo se limitan a emitir un llamado de alerta que debe ser obedecido por los demás, antes de que se produzca un cataclismo. Algo de eso ocurre con el cambio climático, un fenómeno que está afectando al planeta sobre el cual vivimos y que puede poner en peligro la supervivencia de la propia especie humana que provoca esa calamidad. Porque es el hombre, a través de la industrialización y la ascendente emisión de gases contaminantes, el que ha desencadenado un calentamiento global que ya está empezando a descalabrar el ecosistema y, junto con él, los equilibrios del clima o la existencia misma de las familias animales y del marco vegetal. Es cuestión de darse por enterado a tiempo y tomar conciencia del riesgo que corremos.

El viernes 12, la Unión Europea reunida en Bruselas aprobó un alentador paquete de medidas para hacer frente al cambio climático, efecto que se produjo luego de todo un año de intercambio de puntos de vista y difíciles negociaciones. Lo que propone el documento es reducir en un 20% la emisión de gases de efecto invernadero para el año 2020, tomando como referencia el ejercicio 1990, así como llevar al 20% la porción de energías renovables utilizadas actualmente y reducir en otro 20% el consumo energético general, tanto en las industrias como en los hogares. Cabe imaginar el extremo de alarma a que habrán llegado los gobiernos para adoptar medidas que, sin lugar a dudas complican todo el funcionamiento de las grandes empresas e involucran un enorme sistema de control, de modo de asegurar que todos los países del área -que hoy son 27- cumplan con el compromiso. Una de las disposiciones más severas consiste en que "las industrias deberán empezar a pagar por los derechos de emisión de gases, que hasta ahora obtenían gratuitamente".

Los tiempos que se viven no son sencillos para las potencias económicas, enfrentadas a la mayor crisis financiera que ha conocido el mundo desde el colapso de 1929, de manera que los líderes europeos también resolvieron en la cumbre de Bruselas un plan de reactivación económica al que se le acreditaron 260.000 millones de dólares. Pero según parece, el tema medular fue el climático, por el cual los europeos se comprometen a recortar en un 21% lo que sus chimeneas emiten a la atmósfera con respecto a lo que liberaban en 2005. El tratado, que es vinculante, parece tener todo previsto, porque ha pensado incluso en evitar que los sectores productivos más contaminantes se lleven sus fábricas fuera de la Unión, para lo cual se procederá a perdonarles un 100% de los derechos de emisión de gases como bonificación para que no vayan a envenenar otras regiones. La decisión, que luego de modificaciones y retoques obtuvo el voto de la unanimidad de los asistentes, dejó satisfecho al presidente de Francia, que hasta fin de año se desempeña también como presidente de la UE. "Es algo histórico -dijo Sarkozy- porque hasta el momento ningún continente se ha dado las reglas que hemos adoptado en forma unánime".

No fue fácil lograr ese consenso, frente a la oposición de Alemania e Italia, preocupadas por el futuro de ciertos sectores de producción sometidos a los nuevos rigores: esos dos países se obstinaron en obtener "el mayor número posible de exenciones" procurando eludir la flamante exigencia de pagar sus emisiones de dióxido de carbono a partir de 2013. Pero la flexibilidad de los participantes permitió que se aliviaran algunas cláusulas y que finalmente los rebeldes se doblegaran. La reunión de Bruselas, empero, no fue la única cumbre referida al clima que tuvo lugar en estos días. En la ciudad de Poznan, que ahora está ubicada en Polonia pero fue anteriormente el viejo bastión prusiano de Posen, se dieron cita los delegados de 190 países para asistir a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Entre otras notabilidades, estuvo allí el ex-vicepresidente norteamericano Al Gore, que es un protagonista en el tema del calentamiento global y ha realizado un espléndido documental sobre el asunto.

Las inundaciones de estos días en Roma, los tornados en Mallorca, los ciclones en el Atlántico Sur y hasta la sequía en Uruguay, demuestran que llegó la hora de mantener abiertos los ojos y actuar en consecuencia.

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