GUILLERMO ZAPIOLA
Es posible que a los setenta años, Frank Langella obtenga finalmente el estrellato cinematográfico que se insinuó en su torno hace cuatro décadas. En todo caso, "Frost/Nixon" implica su vuelta a la pantalla por la puerta grande.
El actor, la película, su director Ron Howard y su guionista Peter Morgan acaban de ser designados candidatos a los premios Globo de Oro y Satellite Awards, y Langella ya tenía un premio previo (el Tony) por esa misma interpretación en los escenarios de Broadway. Tras años de una labor teatral esmerada y exigente (y una irregular carrera en cine), Langella parece estar de moda. La crítica lo está elogiando, y hasta la veterana periodista Barbara Walters lo ha elegido como "uno de los hombres del año". Nunca es tarde cuando la dicha es buena.
ANTECEDENTES. Detrás de esa labor consagratoria hay una larga historia. Comenzó en 1977 cuando David Frost, un periodista televisivo cuya reputación no era excesivamente envidiable, pagó 600.000 dólares para que el ex-presidente Richard Nixon, que se había visto obligado a renunciar tras el escándalo Watergate, accediera a una serie de entrevistas de televisión. Nixon aceptó, creyendo que hacía un buen negocio: no solamente se embolsaría un buen dinero, sino que se le ofrecía la oportunidad de ofrecer su propio punto de vista en una serie de temas polémicos. Estaba seguro que podría manejar las entrevistas a su placer, y descubrió con sorpresa que Frost era un adversario mucho más temible de lo que pensaba. El enfrentamiento terminó en una suerte de humillación pública del ex-presidente, que debió reconocer ante cámaras algunas de sus culpas.
Los expertos en temas mediáticos sostienen que el duelo Frost/Nixon fue uno de los grandes acontecimientos televisivos de la década de los setenta. Terminó de destruir la imagen pública de Richard Nixon y le valió a Frost un reconocimiento mundial: hasta la realeza británica estuvo de acuerdo, y hoy es Sir David Frost.
El tema atrajo al escritor Peter Morgan (guionista en cine de La reina y El último rey de Escocia), quien escribió el asunto como obra teatral y la ofreció como vehículo para Langella y Michael Sheen (este último en el papel de Frost, y que ya había hecho de Tony Blair en La reina). El resultado fue un éxito sobre los escenarios y era inevitable que Hollywood se interesara en el tema.
Irónicamente (o no), los productores cinematográficos no querían a Langella. Les parecía poco "mediático", y preferían a alguien como Warren Beatty. Sin embargo, el director Howard los convenció, aunque se vio condicionado con una drástica reducción del presupuesto. Entre dos superproducciones taquilleras como El código Da Vinci y la actualmente en proceso Ángeles y demonios, Howard se vio constreñido a un film "chico", jugado a sus actores y a la inteligencia del diálogo, no a los grandes efectos. Según opinión de parte de la crítica norteamericana más prestigiosa, ha conseguido la mejor película de su carrera, y Langella es el principal responsable.
Langella parece haber encarado ese proceso de decisiones con cierta calma. En entrevistas periodísticas, el actor ha señalado que "sabe cómo es Hollywood, y que hay ciertas cosas no se pueden controlar", pero se alegra de que finalmente apostaran por él.
Langella razona que la revisión de la figura de Nixon debería servir para analizar lo mucho que ha degenerado la política estadounidense desde los años setenta hasta hoy. En su opinión, los crímenes perpetrados por Bush superan con los de Nixon, pero no cree algún día se vea a Bush respondiendo a una entrevista tan minuciosa como aquella. Considera que el descenso de los niveles de rigor y exigencia es abrumador. "Antes los hombres de Estado mantenían una distancia con el resto de la sociedad, no aparecían en la televisión en programas de humor como Saturday night life", comenta. "Ahora lo importante es que ellos sean uno de nosotros, y eso está mal. Y es indignante lo que les permitimos. Aceptamos un tipo de discurso que en la época de Nixon nos habría escandalizado. Nos mienten a la cara, luego se demuestra que nos mintieron y les permitimos seguir ahí".
RESPETO. Con respecto a su Nixon, Langella insiste en que no intentó redimirlo. "Simplemente he tratado de buscar su verdad", sostiene. "No quería ni caricaturizarlo ni juzgarlo. Es un hombre que se la está jugando frente a un periodista y cree en su propia verdad, aunque al final admita lo que todos querían escuchar. Pero ésa fue su decisión. Nadie le obligó a hacerlo".
Para Langella, los reconocimientos constituyen una suerte de desquite. Es un hombre con casi cuarenta años de carrera en cine, obtuvo su primer premio del National Board of Review en 1971 (actor secundario en Diario de una esposa desesperada de Frank Perry), pero hacía treinta años que no encarnaba un protagónico en la pantalla grande: la última vez que su nombre apareció primero en los créditos en una película fue en el Drácula de John Badham. Entre tanto, en teatro ha podido convertirse en un individuo de enorme prestigio, cuyo repertorio puede ir de Strindberg a Noel Coward y de Edward Albee a Robert Bolt, y que durante un tiempo hasta pudo ser la pareja de Whoopi Goldberg. No es cualquiera.
El director que nadie recuerda
Carrera extraña la del director Ron Howard. Nacido en 1954, hijo de un escritor y director y una actriz, fue actor infantil en cine y televisión antes de crecer y comenzar a trabajar detrás de la cámara.
La suya ha sido una carrera popular y comercialmente exitosa aunque ha podido quejarse, con razón, de ser "el director que nadie recuerda". Todo el mundo ha visto películas como Splash (1984), Cocoon (1985), Willow (1988), Llamarada (1991), Horizonte lejano (1993), Apolo 13 (1995), Una mente brillante (2001), El luchador (2005) o El código Da Vinci (2006), y hasta pudo ganar un misterioso Oscar por Una mente brillante, pero si se le pregunta a la gente quién dirigió esas películas es probablemente que casi nadie sepa la respuesta. La explicación puede ser, sencillamente, la ausencia de un estilo o una personalidad propia: el cine de Howard vale lo que vale un libreto, o más ampliamente los "valores de producción" puestos a su servicio.
Nadie puede hacer una buena película con El código Da Vinci, pero en cambio es posible hacerla si se dispone de un buen texto y un par de buenos actores: eso es lo que parece haber atraído a Howard en Frost/Nixon y le está valiendo elogios. Entre tanto, está preparando Angels y demonios, la "precuela" del Código.
Premiada labor en el teatro
La regularidad de Lan- gella en teatro no se compara con los vaivenes de su carrera cinematográfica. En cine ha hecho cualquier cosa, de lo bueno y de lo otro. En teatro ha mantenido un nivel mucho más parejo, y eso explica acaso que en sus estanterías tenga tres premios Tony, dos como actor secundario (por Seascape de Edward Albee y Fortune`s Fool) y uno como protagonista (por Frost/Nixon, 2007). Actualmente ha vuelto a Broadway (estrenó el pasado mes de septiembre) con el personaje de Santo Thomas More en una nueva versión del clásico de Robert Bolt A Man for All Seasons, que antes hicieran Paul Scofield y Charlton Heston.
Tres rostros de un actor
Drácula - 1979
Una relectura romántica (con obra de teatro intermedia) del clásico personaje vampírico de Bram Stoker. La película, dirigida por John Badham, no era gran cosa, pero Langella aportaba un toque elegante y melancólico a su No Muerto. En el papel de Van Helsing, Laurence Olivier estaba realmente mucho peor.
Buenas noches y... buena suerte - 2005
El drama político y periodístico de George Clooney es el tipo de historia "seria" que a Langella le interesa pero que no siempre tiene la oportunidad de interpretar. Su participación es secundaria pero crucial: el William Paley, el jerarca televisivo de cuyo apoyo depen- de largamente el protagonista Ed Murrow.
Superman regresa - 2006
Otra legendaria figura del periodismo norteamericano, solo que esta vez se trata de ficción: Langella fue Perry White, el editor del Daily Planet y jefe de Clark Kent y Lois Lane en esta aventura del Hombre de Acero. Incidentalmente, ha coincidido con su colega Lane Smith en los papeles de White y Richard Nixon.