Antes de la campaña

María Julia Pou

Nuestro país ha sido históricamente, en el escenario americano un modelo de sociedad igualitaria, con gran movilidad social y con activa participación en la vida política que habla de un altísimo grado de civismo y compromiso con la nación. En un año previo a las definiciones electorales queremos compartir algunas reflexiones.

Por delante tenemos las elecciones internas de los partidos, lo que en realidad podríamos llamar "primarias" pues se trata en esa ocasión de definir quienes serán los candidatos de cada partido. Es decir, se hace la selección en distintas etapas y cada una va mostrando facetas diferentes del partido y de los candidatos. Luis Basseggio -autor brasileño- ha expresado que hay dos maneras de hacer política: una democrática, horizontal y participativa y la otra, semidemocrática, vertical y de obediencia debida. Es un buen parámetro para empezar a considerar la forma en que se desempeña cada colectividad y cuánto de consideración se tiene por el elector.

También existe la posibilidad de juzgar a las personas y a los partidos pensando en las cualidades que pretendemos que adornen al futuro gobierno. Al comienzo de toda campaña electoral surgen voces, grupos que anuncian una nueva manera de hacer política, quizá sabiendo que existe otra, más vulgar, más común, de hacer las cosas de una forma que la sociedad rechaza. No creemos estar errados si pensamos que la gente quiere oír candidatos que interpreten sus problemas, que perciban sus temores, que les ofrezcan soluciones, que les muestren lo más claramente que se pueda, el camino a seguir.

Decididamente lo que no se quiere -no interesa- son los descalificativos burdos, las promesas imposibles, o el sembrar tantas dudas como parte de un discurso que en lugar de ser un momento de prospectiva, de reflexión, termine provocando el rechazo. Ya no por esa propuesta sino por todo lo que tenga relación con el tema político como tarea de todos. Es decir que en esta materia, quienes interpretan a algún grupo de ciudadanos, deberían ser custodias del interés general por un tema que es de la comunidad.

Finalmente -y a la luz de las recientes nominaciones del electo presidente de los Estados Unidos, quien recurrió a gente de los más diversos rumbos- es bueno y necesario, tener presente que tras las distintas etapas electorales del año próximo, el nuevo Presidente tenga la posibilidad de poder contar con los mejores mujeres y hombres estén donde estén. Por lo tanto me permito agregar a la clasificación inicial acerca de las maneras -las formas- de hacer política una nueva modalidad: prospectiva y honesta.

La claridad de las propuestas, defendidas en debates de buen nivel, que obliguen al candidato a ser directo y realista en sus ideas a la vez que cuidadoso del relacionamiento con sus contendores, nos parece que es la mejor forma de respetar a los votantes y mandarles el mensaje que esperan: que por encima de las diferencias que puedan exhibir siempre se encontrará un común denominador para trabajar en las coincidencias. Porque parecería que a veces hay temor a estar de acuerdo en algunos temas -durante la campaña- pero después se termina encontrando la manera de poder realizar las cosas necesarias. Es decir, se trata de ser honesto desde el principio y hablar claro.

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