Fueron a España de luna de miel, donde los detuvieron y separaron

Barajas. Desde Uruguay ella denuncia maltrato y él busca volver al país

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DURAZNO | VÍCTOR RODRÍGUEZ

David y Silvina jamás pensaron que un viaje de luna de miel se transformaría en un calvario del que aún no lograron salir. Ella denuncia haber sido separada de su marido y maltratada en el aeropuerto de Barajas, España.

David Arias tiene 27 años y Silvina Tea, 22. Se conocieron hace ocho meses. El 21 de noviembre se casaron y el 25, cuatro días después, emprendieron un viaje a España para festejar la unión y ver a familiares de ella radicados en la provincia de Terragona, Barcelona.

Al llegar al aeropuerto de Barajas en Madrid se llevaron una sorpresa. Fueron detenidos, separados el uno del otro y tratados como delincuentes, relató Silvina. David fue acusado de un delito: una falta de tránsito que había cometido en su anterior viaje a España.

"En Migración les dimos los pasaportes y la libreta de matrimonio. Comentamos que íbamos de luna de miel, que mi hermano (radicado en España) nos regaló los pasajes y retornábamos el 6 de diciembre desde París", relató Silvina.

La recién casada contó que luego llegó un inspector flaco y alto: "Fue la persona más injusta, no es un ser humano. Me hizo varias preguntas: por qué me había casado, cuánto hacía que estaba con mi esposo, cuánto tiempo de novios y si él ya había estado en España".

Y siguió su relato: "En determinado momento la Policía trajo a David y el funcionario empezó a gritar: `¡Sáquenla!, ¡llévensela de acá!`, a lo que yo le digo: `¡Pará!, dejame darle un beso`, pero los policías me llevaron igual". Desde ese momento Silvina no vio más a David.

"Ahí empecé a preguntar qué pasaba, por qué se lo llevaban. Me dijeron que no me preocupara, que le estaban haciendo algunas preguntas", explicó Silvina en Durazno. "Te matan psicológicamente, no tienen consideración por nadie. Había mujeres embarazadas, madres con bebés", comentó.

Después de unos cuántos minutos en Migración apareció un abogado y una policía que le comunicaron que ella podía entrar a España, pero que su esposo iba a quedar preso por un mes. Silvina decidió volver a Uruguay.

"Me agarró un ataque de histeria, les pedí que me ayudaran, no tenía plata porque David tenía la maleta chica que llevás en el avión, no tenía para comprarme un agua. Me desmayé, empecé a vomitar y después no me acuerdo de nada", comentó.

Silvina siempre estuvo acompañada de policías y sin su pasaporte. Como no quiso quedarse en España fue derivada a un vuelo de la aerolínea TAM. Estaba junto a seis ciudadanos brasileños custodiada por cuatro uniformados que le dijeron que su esposo estaba en el mismo avión que la traería de retorno a Uruguay, previa escala en San Pablo, Brasil.

A 11.000 metros de altura, cuando el capitán de abordo dio la autorización, Silvina abandonó el asiento y comenzó a buscar desesperadamente a su esposo, asiento por asiento. "Cuando me di cuenta de que me habían mentido, que mi esposo no estaba en el avión y no sabía nada de él, empecé a golpear las puertas, quería que me bajaran, estaba como descontrolada, desilusionada, las azafatas intentaban calmarme, me dieron una pastilla y me dijeron que todo se iba a arreglar. Lloré 12 horas seguidas", contó.

Ella decidió regresar sin poder comunicarse con su esposo. Por eso no supo que a él sólo le notificaban de la infracción y lo dejaron ir.

Mientras todo ello ocurría, en Durazno sus padres intentaban sin éxito contactarlos por teléfono, hasta que los hallaron. La intervención de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Durazno de Interpol permitió ubicar a Silvina. Estaba detenida, hambrienta, sin pasaje de retorno en el aeropuerto de San Pablo.

Silvina soportó el asedio y la discriminación de un funcionario al que jura va a demandar. Estuvo detenida junto a 50 personas de varias nacionalidades, entre las que había "travestis, prostitutas y narcos".

De las 75 horas que pasaron desde su partida, el 25 de noviembre a las 6 de la mañana de Uruguay, hasta la llegada al aeropuerto de Carrasco el viernes pasado a las 18, Silvina estuvo 20 horas sin comer y con 40 céntimos de euro en su bolsillo.

En San Pablo permaneció incomunicada, fue derivada a una sala aislada donde durmió sobre el piso de mármol. Su esposo permanece en España, en la casa de su hermano. Tiene el pasaje para el 6 de diciembre, pero busca volver antes.

Más casos

Este año han habido varios casos de maltrato a uruguayos en el aeropuerto de Barajas, España. El 2 de julio pasado El País publicó uno. "Nunca había pasado por una experiencia así. El trato era como si fueras un delincuente. Veía personas desesperadas, llantos", resumió Jacqueline Acherbo (43) sobre sus siete días en el aeropuerto de Barajas, después de haber sido inadmitida para ingresar a España el 21 de junio. Jacqueline iba a pasar su cumpleaños en Valencia, donde vive una de sus hijas. Dormía en un cuarto "horrendo", donde había siete camas para 10 personas. En julio, José también fue maltratado y deportado: "Es como una cárcel. Te dicen a qué hora acostarte, levantarte, sino te golpean la puerta", contó a El País el 27 de julio.

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