LELYSTAD, HOLANDA THE NEW YORK TIMES
En este diminuto país a baja altura, donde buena parte de la tierra ha sido ganada al mar, sus residentes suelen decir que si bien Dios pudo haber creado el mundo, fueron los holandeses quienes crearon Holanda.
En los años 60, Lelystad, la capital de la provincia de Flevoland, en los Países Bajos, era un poblado en su mayoría compuesto de chozas que albergaban a trabajadores de la construcción, los cuales erigieron diques y crearon tierra para la agricultura, industria y hogares. Desde esos días, Lelystad creció a grandes pasos y saltos; hoy tiene 73.000 residentes.
Los holandeses necesitan más tierra para viviendas y una población en crecimiento. Además, precisan enfrentar una nueva amenaza para sus tierras, casi dos tercios de las cuales yacen por debajo del nivel del mar: el espectro de la crecida de los niveles del mar asociado con el calentamiento mundial.
Así que en fecha reciente, una comisión gubernamental propuso una expansión del litoral de Países Bajos para cubrir el desafío de un aumento en los niveles del océano; otra comisión propuso la construcción de islas frente a la costa holandesa, como barreras de coral en el Mar del Norte.
Una de dichas comisiones, inspirada por Dubai, que construyó varias islas frente a su costa para formar gigantescas palmeras como parte de un imponente plan de desarrollo urbano, planteó caprichosa que las islas holandesas tuvieran formas de tulipanes. Un humorista, sugirió que, mejor, fueran hojas de cannabis.
La idea, según Hans de Boer, miembro de una de esas comisiones, no sería tan sólo ganar tierra y proteger la costa, sino también exhibir las habilidades de los holandeses en ingeniería. Al mismo tiempo, una isla podría ser un generador de energía, con forma similar a la de un anillo para crear la denominada "energía azul", usando el contraste del agua dulce y salada para generar electricidad, o el descenso y ascenso de las mareas.
Por supuesto, están los escépticos, que también son quienes mayor experiencia tienen en la construcción de islas. "Formas divertidas como tulipanes son una buena manera de empezar un debate, pero no deberían considerarse propuestas realistas``, declaró a Reuters el gerente de marketing de Van Oord, el mayor contratista de dragado y constructor de las palmeras de Dubai, Bert Groothuizen. Se anticipa que este tipo de obra cueste miles de millones de dólares y su construcción requiera décadas. No obstante, comisiones del gobierno insisten en que sus propuestas para islas o un acrecentado litoral son muy serias.
La estación de bombeo en Lelystad es una de las mayores que tachonan el paisaje reclamado, y suministra un ejemplo de cómo los holandeses aprendieron a vivir por debajo del nivel del mar. "Hubo escasez de alimento en la I Guerra Mundial, y Holanda deseaba su independencia alimentaria", dijo Evert van der Horst, el ingeniero en jefe de una estación cercana a Lelystad que drena la tierra reclamada. Así que, los holandeses construyen un dique que separa un cuerpo de agua, conocido en ese tiempo como el Zuiderzee, del océano. Llamaron al cuerpo de agua formado por el dique el Ijsselmeer, en honor a un río en la cercanía, comentó Van der Horst, y dragó sus extremos orientales para cultivar y seguir viviendo. Él fue uno de miles pobladores provenientes del interior holandés que se establecieron ahí.
A lo largo de todo el invierno, las cuatro bombas de diesel de la estación, que están siendo convertidas a electricidad, que resulta más eficiente, trabajan de manera intermitente. Pero, "en el verano, cada árbol chupa hasta 300 litros de agua al día", destacó Van der Horst, lo cual volvía innecesario el bombeo.
Una de las peores crisis de Lelystad dejó sentir su impacto apenas en 1994. "Teníamos abundante lluvia antes de Navidad, así que echamos a andar las bombas", dijo. Tras meses de bombeo continuo, agregó, "terminamos en abril``.
Las empresas holandesas han ganado renombre en años recientes al ayudarles a otros países a que reclamen tierras al mar. Así ocurrió en las islas de Dubai y en la isla artificial del nuevo aeropuerto de Hong Kong. Así que, el gobierno holandés les está pidiendo a sus ingenieros que vuelvan a casa y ayuden en el combate al mar.