Florianópolis | Casi una semana después del inicio de las inundaciones en el estado brasileño de Santa Catarina, la vida comienza a retomar su curso, con un descenso del nivel de las aguas, mientras sigue vigente el toque de queda para evitar los saqueos. En tanto, la Defensa Civil alertó la posibilidad de nuevos derrumbes ante la previsión de más lluvias.
Según el último balance de la Defensa Civil, 99 personas murieron, la mayoría víctimas de los movimientos de tierra, 19 personas están desaparecidas y 79.000 sin casa. Más de 1,5 millones se vieron afectadas por las inundaciones.
En la madrugada de ayer, volvió a llover con fuerza en Blumenau, uno de los principales polos turísticos del estado y la ciudad más afectada por la tragedia, 22 personas murieron. Las autoridades bloquearon carreteras por miedo a derrumbes.
En tanto, en la ciudad portuaria de Itajaí, donde la mitad de sus 200.000 habitantes fueron evacuados a refugios municipales, la Policía decretó el toque de queda para evitar los saqueos que se multiplicaban. Los comercios estiman sus pérdidas en cerca de 500 millones de dólares. Fueron movilizados 400 policías.
Por su parte, el Ministerio de Salud y la Defensa Civil montarán hoy un hospital de campaña cerca de Itajaí, que podrá recibir hasta 400 personas por día. Las autoridades manifestaron temor por las epidemias. Fueron enviadas diez toneladas de medicamentos y vacunas desde Brasilia.
Los suministros de electricidad y gas siguen con dificultades, varias regiones no tienen agua potable. La tragedia fue definida por las autoridades como "la peor de la historia". O globo/GDA